Los burócratas son parásitos

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Quien quiera vivir en sociedad debe ganarse su sustento con su propio trabajo, o será tratado como un parásito que vive del trabajo de los demás.
~Mijaíl Bakunin

Usted ya lo sospechaba. Pero quizá no sabía lo peor: parasitan a los más pobres.

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Un trabajador gana $ 260 mensuales en promedio, pero un burócrata gana $ 999.

Gente que gana $260, mantiene a gente que gana $999. Y estos últimos disponen del monopolio de violencia.

Cada trabajador ecuatoriano produce $553 al mes, pero sólo recibe menos de la mitad; el resto se lo apropia el estado.

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Partimos de que según datos del INEC —es decir, del propio gobierno— el ingreso mensual promedio del trabajador ecuatoriano es menor al mínimo vital:

ingreso promedio Ecuador

El salario mínimo al momento es de $375 (en realidad, es de $600, si se incluyen todos los beneficios) pero como vemos el promedio de trabajadores gana $326,20, es decir 15% menos que eso. Comprensible, si tan sólo el 40% de trabajadores recibe el mínimo vital, o más. La mayoría de trabajadores gana menos.

Ahora, dentro de esa minoría de trabajadores que ganan más del mínimo, se encuentran los servidores públicos. ¿Cuánto pesa el salario de la burocracia en el cálculo de ese promedio? ¿Cuál es el promedio del salario del trabajador privado en Ecuador?

Estas preguntas son importantes, pues afirmamos que existen dos tipos de personas en la sociedad: los que pagan impuestos, y los que viven de los impuestos.


"Los burócratas también pagan impuestos", replicarán. "Les descuentan del rol".

Sí, pero es una ilusión que los pagan, por dos razones.

Primero, veamos un ejemplo ignorando deducciones impositivas. Una empresa que vaya a pagar sueldo u honorarios a un colaborador, sabe que deberá descontar un porcentaje para impuestos. Es decir, presupuesta $2000, de los cuales $200 irán al estado, y el trabajador recibe el resto. El trabajador recibe menos de lo que el emprendedor presupuestó.

En cambio, el estado promete a un burócrata esos $2000, pero sólo presupuesta $1.800, pues los $200 permanecen en el "bolsillo" del estado.

Vemos así que la nómina le cuesta menos al estado, pues "se paga a sí mismo los impuestos".

En segundo lugar, ¿de dónde vienen los ingresos de un trabajador privado? En último término, de las ventas que haga la empresa a clientes. Estas ventas son voluntarias, por supuesto; normalmente siempre hay competidores disputándose al consumidor. Parte del dinero de las ventas se va también en impuestos: IVA, renta etc. Y parte —sólo una parte, pues hay que deducir el salario de la burocracia— de los impuestos regresan en forma de servicios públicos: policía, salud, carreteras etc.

¿Y de dónde viene el ingreso del burócrata? De los impuestos, que como su nombre indica se cobran bajo amenazas de violencia. No hay alternativa; si no quieres pagarlos, debes irte del país. No pagarlos es un crimen. Parte del ingreso del burócrata es "retenido" como impuestos, en la ficción que vimos antes.

Así, tenemos que la gran mayoría de trabajadores son pagadores netos de impuestos, mientras que una minoría de trabajadores —los burócratas— son receptores netos de impuestos. La mayoría paga; la minoría vive de eso.

Este es un buen momento para recordar que el monopolio de la violencia lo tienen quienes viven de los impuestos, no quienes los pagan.

El Estado es el arma de represión de una clase sobre otra.
~Lenin

Bueno. Veamos ahora cuántos viven de los impuestos, y cuántos los pagan.

El año 2016 se gastó casi nueve mil millones en sueldos de servidores públicos. Se dice que el 85% son maestros y médicos. Luego analizaremos este último aserto.

salarios sector público

¿Entre cuántos burócratas se gastó ese dinero? Así lograremos sacar el ingreso promedio del burócrata del país.

El 9% de los empleos del país son burócratas. La PEA está en 8'147.564 personas (ibíd.), así que hay alrededor de 733.280 burócratas en el país. 7'414.284 trabajadores están en el sector privado.

(Por ahora ignoraremos las críticas de que el INEC tiene todo incentivo para "desaparecer" personas de la PEA basados en la definición de haber hecho al menos una gestión semanal de búsqueda de empleo, logrando así disminuir el conteo de desempleados, invisibilizando a millones de personas que no tienen empleo, ¡ni esperanzas de conseguirlo!)

Dividiendo el salario pagado para el número de burócratas en el país nos da $999 al mes ($ 8.789'700.000 ÷ 733.280 ÷ 12).

No está mal, ¿eh?, es significativamente más que los $326 que gana el empleado promedio del país. Incluyendo burócratas.

(De este valor habría que restar aquellos trabajadores a medio tiempo que están satisfechos con un ingreso proporcionalmente menor; pero el INEC no hace ese cálculo, así que tampoco lo intentaremos)

La pregunta sería: ¿y si excluyéramos a los burócratas? ¿Cuál es el ingreso medio del sector privado?

Si de un total de 8 millones de personas (PEA) que en promedio ganan $326,20 al mes, hay 733.000 burócratas que ganan en promedio $999,60 (es decir, "inflando" el promedio con sus altos ingresos), ¿cuánto ganan en promedio los que no son burócratas?

Multipliquemos la PEA por ingreso mensual promedio: 8 millones por $326 = 2.657'735.377. Esa es la "masa salarial mensual" de la PEA ecuatoriana.

La "masa salarial mensual" de los burócratas asciende a $ 732'546.720.

Restamos una de otra, y obtenemos que la "masa salarial mensual privada" es de 1.925'188.657.

Dividamos eso por el número de trabajadores que no son burócratas (7'414.284) y obtenemos $ 259,66.

Un burócrata promedio gana $ 999, y un trabajador privado gana $ 260.

Gente que gana $260, mantiene a gente que gana $999. Y estos últimos disponen del monopolio de violencia.


¿Se ve claramente que algo está mal?

Tomando en cuenta que la mayor parte de lo que se recauda en impuestos se va en salarios de burocracia: sí, se redistribuye riqueza; pero de los pobres hacia la burocracia dorada, la aristocracia del siglo XXI.

De ahí que concluyamos que los estudios que usualmente atribuyen una brecha de 18% o hasta del 35% o 73% son engañosas.

El sector público vive del privado. No produce; consume. En servicios que, teóricamente, son en beneficio para las mayorías; pero con esos niveles de ingreso, constituyen sobreprecios que perjudican a los más pobres. ¡Sobreprecios de casi el 400%!

Si el PIB per cápita mensual es de $ 553 (y debería ser un ~10% mayor si sólo contáramos a la población productiva en el sector privado), pero sus ingresos son menos de la mitad de ese nivel de producción, mientras que los ingresos de los burócratas (que no producen recursos sino que los consumen) son del doble, queda claro cómo el sector público parasita al privado.


Esta cifra se ve claramente al comparar el PIB del país con el presupuesto general del estado. En los últimos años el presupuesto general del estado (PGE) es alrededor de ⅓ del PIB. Pero el gasto estatal no es productivo, pues no se basa en relaciones libres sino en la coerción estatal; de ahí que contarlo como parte del PIB es erróneo; infla la cifra; aquello que es en realidad un lastre para la producción, es contada como parte de ella.

Entonces más bien comparando el PGE con el PIB menos el PGE, nos acercaremos bastante a la imagen correcta: el sector público, que es 9% de la PEA, ganan/gastan en sí mismos no un 9% del PIB productivo, ¡sino 4 veces más! (~50%)

El cálculo exacto es difícil de hacer, pues dentro del estado hay empresas productivas rentables, como petróleo, comunicaciones, electricidad, que con toda seguridad existirían como privadas, seguramente a costos operacionales menores, y probablemente a un tamaño menor, si no contaran con subsidios o monopolios actuales o históricos.


Asimismo podemos ver que países prósperos como Chile tienen un bajísimo porcentaje de burócratas frente al resto de trabajadores. No hay una correlación muy clara, pero estoy seguro que deberíamos evitar el extremo de Venezuela, donde el parásito es tan grande y voraz que amenaza con extinguir al pueblo que lo soporta, con los resultados de hambre y pobreza que conocemos:


Porcentaje burocracia/trabajadores según países
Fuente: Agencia uruguaya de noticias

La burocracia se apropia de la riqueza del pueblo, condenando a millones a permanecer en la pobreza. Es dinero cuyos dueños originales no pueden invertirlo en creación de mayor riqueza; se consume en lujos de esa élite del 10%.

Marx buscó en el lugar equivocado el robo del ingreso de los trabajadores. Mucho antes que Marx, Say ya había demostrado que en realidad el inversionista es el mejor amigo del trabajador, pues le permite multiplicar su productividad, y beneficiarse de ese incremento.

El verdadero enemigo del trabajador es el estado, son los burócratas: se apropian de su productividad y lo mantienen en la pobreza.

Este poder ejecutivo, con su inmensa organización burocrática y militar, con su compleja y artificiosa maquinaria de Estado, un ejército de funcionarios que suma medio millón de hombres; este espantoso organismo parasitario que se ciñe como una red al cuerpo de la sociedad y le tapona todos los poros, surgió en la época de la monarquía absoluta, de la decadencia del régimen feudal, que dicho organismo contribuyó a acelerar.
~Karl Marx


Especies de parásitos chupasangre: pulga. Piojo. Mosquito. Agente del SRI.


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Diez razones por las que ya no soy de izquierda

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chairo

Por Danusha Goska

Artículo original: Top Ten Reasons I Am No Longer A Leftist, publicado originalmente en AmericanThinker.com

¿Qué tan de izquierda era yo? Tan de izquierda, que mi querido tío era miembro del partido comunista en un país comunista. Cuando regresé a su pueblo eslovaco para pagarle una misa, el sacerdote, reconociendo su nombre, se negó de plano.

Tan de izquierda, que un terrorista confeso me propuso matrimonio. Tan de izquierda que fui dos veces voluntaria del Cuerpo de Paz* y tengo un título de UC Berkeley**.

* Voluntariado creado por el gobierno de los EE.UU. durante la presidencia de Kennedy.
* Universidad que recibió a varios miembros de la marxista “Escuela de Frankfurt”, que marcaron el tono en todo el campus.

Tan de izquierda que mi madre, miembro del sindicato de choferes, solía decirle a cualquiera que quisiera escucharla que ella había votado por Gus Hall, dirigente del Partido Comunista, para presidente. Llevaba un botón que decía: «Devoren a los ricos». Para mí no era una metáfora.

No obstante todo ello, voté por los republicanos de derecha en la última elección presidencial.

Aquí hay diez razones por las que ya no soy de izquierda. Esta no es una comparación rigurosa de teorías. Esta lista es idiosincrática, impresionista e intuitiva. Es una explicación de los hitos de mi accidentado viaje.

10) El mal humor.

A finales de los noventa estaba leyendo Anatomía del Espíritu de Caroline Myss, bestseller en ese momento.

Myss describía su almuerzo con una mujer llamada Mary. Un hombre se acercó a Mary y le preguntó si podía hacerle un favor el 8 de junio. «No», respondió Mary: «¡No puedo hacer absolutamente nada el 8 de junio, porque el 8 de junio es mi reunión de sobrevivientes de incesto, y nunca les fallaría! ¡Ya han sufrido tanto! ¡Nunca traicionaría a los sobrevivientes del incesto!

Myss se quedó pasmada: Mary podría haber dicho simplemente “Sí” o “No”.

Al leer esta anécdota, sentí que estaba enfrentando la esencia característica de mi vida social entre los izquierdistas. Nos apresuramos a encasillar a todos en uno de tres roles posibles: víctima, victimario o defensor de los oprimidos. Vivimos nuestras vidas en un constante estado de indignación e ira.

Ya no quería vivir así. Quería cultivar un espíritu de gratitud. Quería ver a los demás, no como víctimas u opresores, sino como posibles amigos, como creaciones amadas de Dios. Quería entender el punto de vista de las personas con las que no estaba de acuerdo sin demonizarlas inmediatamente como opresores y enemigos.

Hace poco asistí a una sesión de capacitación para profesores en una universidad. El presentador, "X", era un profesor nuevo, que aspiraba a un nombramiento permanente. Empezó su charla diciéndonos que había recibido una invitación para compartir una almuerzo festivo con el presidente de la universidad. Me pareció una oportunidad envidiable; no entendía porqué él se veía dramáticamente ofendido.

Resulta que la invitación había sido dirigida al “Sr. y Sra. X”, pero el profesor X era soltero. Se sentía menospreciado. Tal vez la persona que le había enviado el sobre le había faltado el respeto porque él era un miembro de un grupo minoritario y oprimido, los hombres solteros.

Haciendo girar sus ojos con condescendencia, el Profesor X continuó diciendo que no estaba seguro de querer aceptar un nombramiento en esta humilde universidad de segunda línea, donde la mayoría de los estudiantes eran obreros.

La incongruencia entre el supuesto valor de los izquierdistas de defender a los pobres, y su práctica común de expresarse con desdén de ellos, me desconcertó. Los estudiantes, de por sí ya vulnerables, serían influidos por un profesor que consideraba pasar tiempo con ellos como una carga, un fracaso y un estigma.

Barack Obama fue presidente. Kim y Kanye y Brad y Angelina son miembros de hogares multirraciales. Uno podría pensar que los profesores finalmente tienen razones para enseñarles a sus estudiantes a estar orgullosos de América por superar el racismo. No tan rápido, advirtió el profesor X. Su charla era acerca de las microagresiones, definidas como ofensas que demuestran que Estados Unidos sigue siendo racista, sexista, homofóbico y “capacista”, es decir, discriminatorio contra las personas con discapacidad.

El profesor X proyectó una serie de fotografías en una gran pantalla. Una de ellas mostraba viajeros en trajes de negocios, llevando maletines, subiendo escaleras. Esta foto era un acto de microagresión: después de todo —el profesor X recordaba— las personas con discapacidad no pueden subir escaleras.

Agradezco el interés del profesor X de defender a los oprimidos, pero identificar una fotografía de viajeros subiendo escaleras como un acto de microagresión y como prueba de que Estados Unidos sigue siendo una sociedad monstruosamente opresora, me pareció algo propio de alguien que se esfuerza activamente por vivir su vida en constante indignación, “ofendido”. Además, el Prof. X podría haber optado por hablar de sus propios estudiantes de clase obrera con más respeto.

Sí, hay un tiempo y lugar en los que es absolutamente necesario que una persona fomente la conciencia de su propio dolor o del dolor ajeno. Los médicos enseñan a los pacientes a hacer esto: «Localiza el dolor exactamente; calcula cuán fuerte es, en una escala de uno a diez; evalúa si el dolor es agudo, fugaz o constante». Pero los médicos hacen esto por una razón: quieren que el paciente sane, y que supere el dolor. En la izquierda encontré el deseo de sufrir constantemente, para tener siempre algo de qué protestar; desde la propia experiencia del incesto, hasta la incapacidad de los minusválidos de subir escaleras.

9) Indignación selectiva

Yo era estudiante de postgrado. La mutilación genital femenina fue mencionada en clase. Afirmé, sin ambages, que era algo malo.

Un compañero estudiante de posgrado, que tenía beca completa y hoy en día es un profesor con nombramiento permanente, se burló de mí. «Eres tan intolerante. La clitoridectomía es sólo un “rito de paso” propio de otra cultura. Ustedes los católicos tienen la confirmación, por ejemplo».

Cuando Mitt Romney fue candidato republicano a la presidencia en 2012, mencionó que, como gobernador de Massachusetts, buscaba proactivamente candidatas mujeres para los cargos superiores. Tenía, dijo, “carpetas llenas de mujeres”. Quiso decir, por supuesto, que almacenaba los currículos de prometedores candidatas femeninas en carpetas.

Enseguida apareció una erupción de artículos de opinión, programas del Daily Show de Jon Stewart, publicaciones en Twitter, Facebook y Amazon en un ataque frenético contra Romney y al Partido Republicano por su “guerra contra las mujeres”.

Yo fui izquierdista activa durante décadas. Nunca vi en la izquierda indignación significativa contra la ablación del clítoris, el matrimonio infantil, el femicidio de honor, leyes tolerantes de la violación inspiradas por la sharia, la lapidación de mujeres o los ataques con ácido contra mujeres. Nada. Ruido de grillos. No estoy diciendo que la indignación contra esos hechos no exista; digo que nunca la vi.

La indignación selectiva de la izquierda me convenció de que mucho del feminismo estándar de izquierda no trata tanto del apoyo a las mujeres, sino de protestar contra los hombres blancos heterosexuales occidentales. Es un fenómeno de Odio a, más que un fenómeno de Amo a.

8) La intención es lo que cuenta

Mi pegatina de parachoques preferida en el Berkeley ultra-progre decía: «Piensa globalmente; échalo a perder localmente». En otras palabras, “ama a la humanidad, pero odia a la gente”.

Era más de medianoche, en la década de 1980, en Katmandú, Nepal. Un grupo de voluntarios del Cuerpo de Paz estaban bebiendo alcohol ilegal en la Cueva de Momo. Una linda chica de largos cabellos rubios sacó su guitarra y cantó estas letras, que no olvidaré:

Si quieres que tus sueños se cumplan,
trabaja en ellos lento pero seguro.
Pequeños comienzos; grandes resultados.
El trabajo sincero crece con pureza.

Acabo de buscar en Google esta letra, treinta años más tarde, y descubrí que son la canción San Damiano de Donovan, inspirada en la vida de San Francisco.

Escuchando esta canción esa noche en la Cueva Momo, pensé: eso es lo que los izquierdistas hacemos mal. Eso es lo que tenemos que hacer bien.

Nos concentramos tanto en nuestras buenas intenciones. El Cuerpo de Paz decidía quién viajaría al extranjero según nuestro idealismo y “tolerancia”, no según nuestras habilidades o logros. Todos queríamos salvar el mundo. Lo deprimentemente poco que lográbamos, a menudo desaparecía en la próxima sequía, derrumbe o golpe de estado.

El Cuerpo de Paz no se enfocaba en los “pequeños comienzos” necesarios para lograr sus grandiosos objetivos. Las escuelas raramente funcionaban, las niñas en particular y los niños de casta baja en general no asistían, y la corrupción generalizada garantizaba que todos los estudiantes fueran aprobados, independientemente de si habían aprendido o no.

Los estudiantes que sí aprendían no tenían trabajos donde pudieran aplicar sus habilidades, y si lograban superar la pobreza atribuida a su casta, los miembros de castas altas los sabotearían. Gracias al relativismo cultural, se nos prohibía objetar el sexismo desenfrenado o el sistema de castas. “Sólo los opresores intolerantes juzgan las culturas de otros”, nos enseñaban.

Me ofrecí de voluntaria con las Hermanas de la Caridad. Para ellas sacaba agua de un pozo y lavaba la ropa llena de piojos de personas sin hogar. Las hermanas no querían salvar al mundo; alguien ya lo había hecho (el Salvador). Las hermanas se concentraban en las pequeñas cosas, como su fundadora, la madre Teresa, les había enseñado: «No busques cosas grandes, simplemente haz pequeñas cosas con gran amor». Despiojar la ropa de personas sin hogar fue uno de mis pocos logros concretos.

En 1975, después de que Hillary se fue con Bill Clinton al estado natal de él, Arkansas, ella ayudó a crear la primera línea directa de todo el estado para reportar violaciones. Suena bien, ¿eh? Mas Hillary visualizaba el largo plazo. ¿Cómo era Hillary en sus interacciones cotidianas, cara a cara?

Hillary fue abogada de un hombre de 41 años, uno de los dos acusados de violar a una niña de 12 años. La muchacha, que era virgen antes de la violación, permaneció en coma durante cinco días después del ataque. Fue lastimada tanto que le pronosticaron que nunca tendría hijos. En 2014, ella tiene 52 años, y nunca ha tenido hijos, ni se ha casado. Afirma que siempre tuvo miedo de los hombres luego de la violación.

Recientemente ha surgido una entrevista grabada con Hillary Clinton; ella deja claro que pensaba que su cliente era culpable, y se ríe al informar que logró que lo dejaran libre. En una entrevista reciente, la víctima dijo que Hillary Clinton «me hizo pasar un infierno» y que Clinton «mintió como un perro». «Creo que ella quiere ser un modelo a seguir … pero no creo que lo sea, para nada», dijo la mujer. «Si lo fuera, me habría ayudado en ese momento, cuando era una niña de 12 años que fue violada por dos tipos».

Hillary se había enfocado en la línea impactante de su currículum: "FUNDÉ UNA LÍNEA DE AUXILIO A VÍCTIMAS DE VIOLACIÓN", así, en mayúsculas.

Las risas de Hillary al recordar su victoria legal sugieren que, en su opinión, su contribución a arruinar la vida de una víctima de violación es de una importancia relativamente insignificante.

7) Los izquierdistas odian a mi pueblo.

Soy una Bohunk (inmigrante del sureste de Europa, la antigua Bohemia) de clase trabajadora. Hace cien años, los izquierdistas nos amaban. Teníamos trabajos desagradables y mal pagados; los matones contratados por la compañía nos disparaban cuando hacíamos huelgas, y los izquierdistas veían nuestro descontento como combustible para encender su revolución.

Karl Marx prometía el paraíso de los trabajadores a través de una inevitable revolución del proletariado. El proletariado es la clase obrera industrial: gente en overoles y "cuello azul" que trabaja en minas, molinos y fábricas: exactamente lo que hacían inmigrantes como mis padres.

Al final, sin embargo, no resultamos ser marxistas modelos. Creíamos en Dios y éramos a menudo católicos devotos. Los izquierdistas querían que nos despojáramos de nuestras identidades étnicas y nos uniéramos a la hermandad proletaria internacional: “Trabajadores del mundo, uníos!”. Pero nos aferrábamos a nuestras distinciones étnicas.

Las generaciones futuras perdieron sus lazos ancestrales, pero no adoptaron la bandera de la internacional socialista; ondeaban la bandera americana. “La propiedad es un robo” es un lema comunista, pero nadie estaba más orgulloso de su casa que un polaco de primera generación que ha escapado de la clase de campesinos sin tierra y asegurado su nido suburbano.

Los izquierdistas sentían que los habíamos defraudado, así que se volvieron en contra nuestra. Esto no es sólo historia antigua. En 2004, el libro ¿Qué pasa con Kansas? pasó dieciocho semanas en las listas de los más vendidos. La premisa del libro: los trabajadores son demasiado estúpidos para saber lo que les conviene, así que votan por la derecha, cuando deberían votar por la izquierda. En Inglaterra, el libro se titulaba, ¿Qué le pasa a EE.UU.?

Nos convertimos en el “cuco” de la izquierda: el obrero burgués sin conciencia de clase que aspira a un mejor nivel de vida. Aunque ya habíamos vivido en los Estados Unidos durante unas cuantas décadas cuando comenzó la demonización, los izquierdistas —en la academia, en los medios de comunicación y en el habla informal— culpaban a las clases obreras inmigrantes de los crímenes estadounidenses, incluido el racismo y la guerra “imperialista” de Vietnam. Me refiero a películas como The Deer Hunter, personajes como Archie Bunker en All in the Family (“Todo en familia”), o los chistes de polacos con los que los elitistas me atacaban cada vez que me presentaba en la universidad de Berkeley.

Los izquierdistas denigran sin reparos a los blancos pobres, llamándolos rednecks, “basura blanca”, “basura de remolque”, “pueblerinos ignorantes”. Al mismo tiempo que los izquierdistas profieren con gusto estos insultos racistas y clasistas, son tan hipócritas que prohíben a cualquier persona pronunciar la palabra nigger, hoy considerada ofensiva, al leer a Mark Twain en voz alta.

James Carville, asesor del presidente Bill Clinton, resumió sucintamente el desprecio izquierdista por los blancos pobres en su memorable frase: “Arrastra un billete de cien dólares a través de un parque de remolques; nunca sabrás lo que encontrarás”.

El odio visceral de la izquierda contra blancos pobres se desbordó como un desagüe roto cuando John McCain escogió a Sarah Palin como vicepresidenta en 2008.

Sería imposible, y perturbador, intentar identificar el comentario más ofensivo que los izquierdistas lanzaron contra Palin. Los ataques contra Palin fueron tan escandalosos que los mismos izquierdistas propusieron públicamente que cesaran; después de todo, le estaban dando a la izquierda un mal nombre.

El blog The Reclusive Leftist publicó en 2009 que fue un “gran shock” descubrir «hasta qué punto tantos izquierdistas de hecho desprecian a los trabajadores». El blog se centra en el periodista de Vanity Fair, Henry Rollins. Rollins recomienda que los izquierdistas “follen con odio a las mujeres de derechas” y denuncia a Palin como una “pueblerina ignorantona” a quien se puede comprar con un cupón para una comida gratis en un restaurante de comida rápida.

Denigrarnos no es suficiente. Las políticas de izquierda nos sabotean. La “acción afirmativa” premia a sus beneficiarios sólo por el color de su piel, no por sus ingresos. Incluso este enfoque limitado falla. En su estudio de la Universidad de Yale en 2004, Thomas Sowell (él mismo de raza negra) insiste en que la “acción afirmativa” sólo ayuda a los afroamericanos más ricos. Los negros pobres no se benefician.

En 2009, los sociólogos de Princeton Thomas Espenshade y Alexandria Radford demostraron que los blancos cristianos pobres están subrepresentados en los campus universitarios de élite. Los izquierdistas agregan tras cuernos, palos: un chico blanco de origen obrero, que se siente perdido y sin amigos en el terreno hostil de un campus universitario —campus que tiene que abandonar inmediatamente después de terminada la clase, para poder llegar a su trabajo de tiempo completo en MacDonald’s— debe aceptar que es un beneficiario del “privilegio de los blancos”, si quiere obtener buenas calificaciones en clases obligatorias sobre racismo.

La izquierda sigue buscando a su proletariado. Apoya la inmigración masiva por esta razón. George Borjas, de Harvard, inmigrante cubano, ha sido llamado “economista de inmigración líder de Estados Unidos”. Borjas señala que la inmigración masiva de América Latina ha saboteado a los trabajadores pobres de Estados Unidos.

Es un poco más que extraño que los izquierdistas, que se describen a sí mismos como la voz del trabajador, elijan a los propios obreros como su “adversario”, y como víctimas de su perniciosa ingeniería social.

6) Creo en Dios.

Lee a Marx y descubrirás una mitología irreconciliable con cualquier otra narrativa, incluida la Biblia. Pasa tiempo en ambientes de internet de izquierda, y descubrirás un odio irracional por la tradición judeo-cristiana. Descubrirás un vocabulario alternativo en el que Jesús es un “judío muerto en un palo” o un “zombie” y cualquier creencia es una farsa arbitraria, el equivalente al “monstruo de espagueti volador” recientemente inventado.

Descubrirás el revisionismo histórico que afirma que el nazismo es una denominación cristiana. Descubrirás un rechazo al fundamento judeo-cristiano de la civilización occidental y de conceptos americanos como los derechos individuales y la ley. Descubrirás un vacío nihilista, el tipo de vacío de significado que la naturaleza aborrece y que, con demasiada frecuencia, la historia llena con las peores pesadillas totalitarias.

5 y 4) Falacias de “hombres de paja” y “Para hacer una tortilla hay que romper unos cuantos huevos”.

Me asombro ahora al reflexionar sobre ello, pero nunca, en todos mis años de activismo izquierdista, nunca oí a nadie de la izquierda expresar con exactitud la posición y argumentos de alguien de derecha. De hecho, ni siquiera conocía esas posiciones cuando era izquierdista.

“La verdad es lo que sirve al partido”. La Revolución Con Mayúscula era tan buena, que eliminaba todo lo malo; así que manipular los hechos no era ni siquiera un pecado venial: era algo bueno. Si quieres hacer una tortilla, tienes que romper unos cuantos huevos. Uno de esos huevos era la verdad objetiva.

Ron Kuby es un presentador de radio de izquierdas en la WABC de Nueva York. Él emplea la falacia del “hombre de paja” a cada hora. Si alguien llama a su programa y critica la acción afirmativa —¿no deberían esos programas enfocarse según el nivel de ingresos, en vez del color de piel?— Kuby rompe el dique. Es estridente. Es hiperbólico. Acusa al oyente de ser miembro del Ku-Klux-Klan. Pintará cuadros gráficos de los horrores de linchamientos de negros y la muerte de Emmett Till y preguntará indignado: «¿¡Y apoyas eso?!».

El radioyente, por supuesto, no apoya eso, pero es más fácil movilizar a una turba con “santa ira” e indignación contra un “hombre de paja” exagerado, que producir un argumento razonado en contra de un oponente razonable.


El 16 de junio de 2014, el columnista del Washington Post, Dana Milbank, publicó una columna afirmando que una musulmana pacífica fue casi linchada verbalmente por violentos islamófobos en un panel de la fundación Heritage. Lo que Milbank describía era despreciable.

Desafortunadamente para Milbank y la credibilidad del Washington Post, alguien filmó el evento y lo subió a YouTube. Los panelistas, entre ellos Frank Gaffney y Brigitte Gabriel, expresaban sus puntos de vista de una manera cortés.

Por cierto, Saba Ahmed, la “musulmana pacífica”, es “amiga de la familia” de un conspirador terrorista que expresó un deseo específico de asesinar a niños. Pronto quedó claro que Milbank se estaba inventando lo que narraba.

Milbank calumnia a cualquier persona que intente siquiera un análisis de la yihad, fuerza a la que actualmente se le atribuye el asesinato de inocentes —incluyendo musulmanes— desde Nigeria hasta Filipinas. La estrategia izquierdista de calumniar a los que mencionan hechos incómodos suprime el discurso, y tiene un impacto devastador en la búsqueda de la verdad en el periodismo y en los campus universitarios.

2 & 3) No funciona. Otros enfoques funcionan mejor.

Cuando aún era izquierdista, fui a escuchar una conferencia del autor conservador David Horowitz en 2004. Mi intención era abuchearlo.

De repente Horowitz dijo algo que interrumpió mis ideas. Señaló que Camden, Paterson y Newark tenían décadas de liderazgo demócrata, “de izquierda”.

¡Ay!

[Esas tres ciudades del estado de Nueva Jersey aparecen constantemente en listados de “las peores ciudades de EE.UU.”, donde abundan la pobreza, el crimen, desempleo, amplio uso de drogas en una población con bajos niveles de educación. N. del T.]

Crecí entre los estadounidenses de “la generación más grande” * que habían ayudado a construir estas ciudades. Una mujer me dijo: “Tan pronto como recibí mi paga semanal, corrí a la avenida principal de Paterson, y todo mi sueldo terminó encima de mí, en un nuevo vestido”.

* Hace referencia a la generación que creció durante la gran depresión de EE.UU. y que se sacrificaron en los frentes durante la segunda guerra mundial, frecuentemente descritos como abnegados, sacrificados y trabajadores.

En los años 50 y 60, mis padres y los padres de mis amigos huyeron de la violencia mortal en Newark y Paterson.

En pocas décadas, Paterson, Camden y Newark se convirtieron en barrios bajos invivibles, con muertes por tiroteos, tráfico de drogas y basura desparramada en las calles. El dolor que los habitantes de Nueva Jersey expresan sobre estas ciudades fallidas es la herida abierta de nuestro estado.

Vivo en Paterson. Enseño a sus jóvenes. Mis estudiantes están maniatados por la ignorancia. Me hallo hablando a jóvenes nacidos en los Estados Unidos en un dialecto del inglés entrecortado, que podría usar con un vendedor de té en una estación de tren de Calcuta.

Muchos de mis estudiantes ignoran mucho más que sólo vocabulario. No saben tener confianza en sí mismos, o ser persistentes. No se dan cuenta de que las personas que tienen autoridad sobre ellos han enfrentado y superado obstáculos. Sé que ignoran estas cosas porque me lo cuentan. Una estudiante confesó que cuando se dio cuenta de que uno de sus maestros había superado reveses, saberlo cambió su vida.

Mis estudiantes “saben” —porque se los han enseñado— que Estados Unidos está dirigido por racistas poderosos que nunca los dejarán ganar. Mis estudiantes “saben” —porque se los han repetido mil veces— que la única manera en que pueden salir adelante es ubicar y acercarse a esos pocos blancos izquierdistas que los compadecerán y echarán migas ante sus cabezas inclinadas y suplicantes y sus palmas extendidas.

Mis estudiantes han aprendido a concentrarse en lo peor que les ha pasado, asumir que ocurrió pues Estados Unidos es un país injusto, y han aprendido a recitar esa historia, como una marcha fúnebre, a quienquiera que esté al mando, desde trabajadoras sociales a profesores universitarios, y han aprendido a esperar la generosidad de dichas personas.

Como Shelby Steele tan brillantemente señala en su libro El complejo de culpa del blanco, la estrella de la lúgubre historia que mis estudiantes negros han aprendido a narrar a cambio de favores, no son ellos mismos. La estrella de esta historia, al igual que antes del Movimiento por los Derechos Civiles —que se suponía iba a trastocar las relaciones raciales— era el hombre blanco de izquierda. El generoso blanco izquierdista aún protagoniza la historia.

En la novela Ciudad de la alegría de Dominique La Pierre (1985), un joven médico estadounidense, Max Loeb, confiesa que servir a los pobres en un tugurio cambió para siempre sus ideas sobre lo que realmente podría mejorar su futuro. «En un tugurio un explotador es mejor que un Papá Noel … Un explotador te obliga a reaccionar, mientras que un Papá Noel te inmoviliza, como una droga».

Aquel comentario extraño de David Horowitz, un hombre que yo consideraba como el enemigo, provocó la lenta pero firme comprensión de que mis ideales, los ideales según los cuales había vivido durante toda mi vida, estaban envenenando a mis estudiantes y a Paterson, mi ciudad.

Después de que me di cuenta de que nuestros enfoques de izquierda no funcionan, empecé a leer sobre otros enfoques. Tuve otro momento ¡eureka! mientras escuchaba un vídeo de dos minutos y veintitrés segundos donde Milton Friedman respondiendo a la condena de la “ambición” que hace Phil Donahue.

La única respuesta racional a Friedman es “Dios mío, tiene razón”.

1) El odio.

Si el odio fuera la única razón, bastaría para dejar de ser izquierdista sólo por esto.

Hace casi veinte años, cuando no podía concebir ser sino izquierdista, me uní a un foro en línea de izquierda.

Antes de eso ya había tenido veinte años de participación cara a cara en la política de izquierda: marchas, organización, socialización.

En este foro en línea, de repente mi único contacto con otros izquierdistas eran las palabras que tecleaban en una pantalla. Ese contacto limitado y enfocado revelaba algo.

Si tomas todas las palabras escritas en el foro a diario y las organizas de acuerdo a su tipo, rápidamente notarás que los sustantivos expresan las emociones de ira, agresión y repulsión; los verbos hablaban de destrucción, castigar, y vengarse; superaban en número a cualquier otra clase de palabras.

Una discusión se titulaba “¿Qué le repugna de los EE.UU.?”. La discusión empezó en 2002. Casi ocho mil publicaciones más tarde, la discusión seguía activa en junio de 2014.

Aquellos que publicaban en este foro de izquierdas narraban lo que hacían todos los días, desde votar, a asistir a una manifestación, hasta planificar toda su vida, porque querían destruir algo, y porque odiaban a alguien, más que porque querían construir algo, o porque amaban a alguien.

Si eras de izquierda, ibas a una protesta contra la guerra de Irak porque odiabas a Bush, no porque amaras la paz. Por lo tanto, cuando Obama bombardeó Irak, nadie organizó ninguna protesta, porque no odiábamos a Obama.

Experimenté una poderosa disonancia cognitiva cuando reconocí el odio. El más derechoso de mis conocidos de la derecha —yo no tenía amigos de derecha— no expresaba nada similar. Mis conocidos de la derecha hablaban de amor: a Dios, a sus familias, a su comunidad.

No estoy diciendo que los derechistas que yo conocía eran mejores personas; no sé si lo eran o no. Estoy hablando aquí, simplemente, sobre el lenguaje.

En 1995 sufrí una enfermedad paralizante. No podía trabajar, perdí los ahorros de toda mi vida y viajé por tres estados de cirugía en cirugía.

Un amigo de izquierda, Pete, me envió correos electrónicos en contra de políticos republicanos como George Bush, de quien se refería despectivamente. Los republicanos eran culpables de lo que me ocurría porque se oponían a la medicina socializada universal. De hecho, no es del todo cierto que la medicina socializada me hubiera ayudado; la condición que sufría no es común y no había ningún tratamiento garantizado.

He visitado foros en línea para quienes sufren la misma aflicción. Uno de los pacientes, que se identificaba como un exitoso ejecutivo de Nueva Jersey, anunció públicamente que los síntomas tan horribles y su empobrecimiento debido a costosos tratamientos hicieron que su esposa lo abandonara; así que había decidido quitarse la vida.

Dejó de publicar después de ese anuncio, aunque respondí a su mensaje y le pedí una respuesta. Es posible que se haya suicidado, exactamente como dijo que haría: dejando el auto encendido en el garaje cerrado.

De repente me di cuenta de que mi botón de solapa que instaba a “devorar a los ricos” era un pecado basado en una mentira.

En cualquier caso, en el momento en que me diagnosticaron, Bush no era presidente, sino Clinton. Y, como se lo señalé a Pete, sus incesantes y vehementes expresiones de odio contra los republicanos no me ayudaron en nada.

Tenía una amiga monja, Mary Montgomery, de las Hermanas de la Providencia, que me invitaba a almorzar un par de veces al año y me regalaba tarjetas de compra de veinte dólares en Navidad. Sus gestos de apoyo conmigo, en lugar de ser expresiones de odio contra alguien —aunque dichos gestos fueran minúsculos y no hicieran nada para devolverme la salud— significaban mucho para mí.

Hace poco trataba de explicar este aspecto de por qué dejé de ser izquierdista a mi amiga Julie, que aún lo era. Ella respondió: «No, yo no soy una persona desagradable, trato de ser amable con todo el mundo».

«Julie», le dije, «eres miembro activo del movimiento Occupy Wall Street. Podrías dedicarte a enseñar a los niños a leer, o visitar a los ancianos en los asilos, u organizando mingas de limpieza en los barrio pobres. Sin embargo, pasas tu tiempo protestando y tratando de destruir algo, el capitalismo».

«Sí, pero soy muy amable cuando lo hago», insistió ella. «Siempre protesto con una sonrisa».

Pete ahora es un amigo de Facebook y su perfil desborda con la ira que estoy segura él ve como “santa”. Protesta contra los cristianos homofóbicos, los imperialistas norteamericanos y Monsanto. No sé si Pete alguna vez dona a una organización en la que confía, o a alguna persona que sufra de una enfermedad, o si alguna vez dice cosas reconfortantes a los afligidos. Pero sí sé que odia.

Ahora tengo amigos de derecha, y sí se enojan, y expresan su ira. Pero cuando me encuentro con una diatriba desquiciada y desproporcionada, cuando encuentro fantasías detalladas de venganza en lenguaje escatológico y sádico, sé que estoy viendo un sitio web de izquierda.

Ya que la izquierda se enorgullece de ser la liberadora de las mujeres, de los homosexuales y de ser “abierta al sexo”, uno de los aspectos más extraños y obvios del odio propio de la izquierda es cuán frecuentemente y con qué virulencia se expresa en términos misóginos, homofóbicos y con el tono antisexual de un adolescente reprimido.

Los odiadores progres son lo bastante conscientes de cuán poco cool sería sería usar un insulto como “maricón” [fag], por lo que disimulan su discurso con términos que indican la violación anal como “ardido” [butthurt].

Los izquierdistas insultan a los derechistas como “tomadores de té” [teabaggers]. Si aparentemente se refieren despectivamente a quienes adhieren al movimiento de la “fiesta del té” (Tea Party, movimiento conservador que propugna un gobierno mínimo) el doble sentido es que el blanco del insulto es una mujer o un hombre gay a quien le ponen los testículos en la boca como humillación y es, por lo tanto, inferior y despreciable.

El discurso misógino tiene una larga tradición a la izquierda. En 1964, Stokely Carmichael dijo que la única posición para las mujeres en el Movimiento por los Derechos Civiles era “boca abajo”. La misoginia de Carmichael es aún más escandalosa dada la verdadera función de mujeres como Rosa Parks, Viola Liuzzo y Fannie Lou Hamer en el movimiento por los derechos civiles.

En 2012, las blogueras ateas Jennifer McCreight y Natalie Reed revelaron el grado en que la misoginia domina el movimiento del Nuevo Ateísmo. McCreight citó la respuesta de un ateo prominente a una mujer que criticaba una de sus posturas. «Te convertiré en una víctima de violación si no te vas a la mierda … Creo que deberíamos darle una medalla al tipo que te violó. Espero que te ahogues en el semen de tu violador, vaca fea y maliciosa… ¿Es así como la verga de tu violador entró en tu coño? O usó tu culo … te voy a violar con mi puño».

Un ejemplo notorio de maledicencia izquierdista fue proferida por Martin Bashir del canal MSNBC a finales de 2013. Bashir dijo, al aire y como parte de su presentación ensayada —no como si hubiera sido una momentánea pérdida de control— algo tan vil acerca de Sarah Palin que no voy a repetirlo aquí. [V. N. del T.] Por muy extremo que sea, el comentario de Bashir es bastante representativo de buena parte de lo que leo en los sitios web de izquierdas.

Podría decir otro tanto sobre un fenómeno verdaderamente espantoso: el antisemitismo de izquierdas, pero dejaré el tema a otros más calificados. Puedo decir que cuando me lo encontré por primera vez, en una fiesta de recaudación de fondos de la OLP en el condado de Marin, ¡me sentí como si hubiera viajado en el tiempo al Berlín de preguerra!

Me di cuenta que necesitaba dejar la izquierda cuando decidí que quería pasar tiempo con la gente construyendo, cultivando y creando algo que amáramos.

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Cosas que el gobierno no sabe de periodismo

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Cómo mentirles a tus lectores en el título de tu libro

tl;dr:

(cómo autosabotearse evitándole al lector leer todo tu artículo)

  1. No existe ninguna “obligación ética” de que los periodistas se alejen de la política. Es una treta de autoritarios para evitar ser vigilados, e inaceptable pues los periodistas no “pierden” derechos ciudadanos por ser periodistas.
    Por eso el título del libro de Casado es mentiroso: jamás muestra esas supuestas “reglas periodísticas”, y muchos periodistas famosos opinan lo contrario: animan a los periodistas a ser militantes.
  2. Los medios públicos deberían recoger todas las voces de la sociedad. Si han de ser de línea oficialista, deberían ser medios privados.
  3. Ojo con el bait and switch que hace el gobierno; el periodismo no es un “servicio a la comunidad” (cualquier actividad humana lo es); es ejercicio de la libertad de expresión, y por lo tanto goza de las protecciones garantizadas a ella.
  4. Los periodistas deberían escribir más crónica: es menos hipócrita.
  5. Cuando el gobierno “argumenta” o “justifica” el uso de violencia, cuidado: probablemente empleará falacias tipo red herring, “hombre de acero” o bait and switch.
  6. Todo gobierno autoritario reprime la libertad de expresión de dos maneras: no sólo impidiendo la expresión de ideas, sino obligando a expresar ideas favorables al poder.



Contenido:

  1. No existe NINGUNA obligación periodística de “no meterse en política”.
  2. No existe NINGUNA “deontología periodística” peculiar.
  3. Tener medios no implica tener audiencia.
  4. Los medios públicos NO deberían ser gubernamentales-partidistas.
  5. La Ley de Comunicación NO se ajusta a estándares internacionales de DD.HH.
  6. El gobierno NO es “inocente y filantrópico”: tiene INTERESES propios.
  7. Cuando alguien quiere promover ideas políticas, coge pa’la prensa.
  8. Los “intelectuales orgánicos” son FALACES. Y el agua moja.
  9. Conclusión.

Esta es una recensión del libro Periodismo y Política: cuando se rompen las reglas, de Fernando Casado y Rebeca Sánchez.

Puede ser descargado desde la página web de diario El Telégrafo, desde este link.

La primera observación que viene a la mente sería la curiosa ausencia del colofón. No hay constancia ni de depósito legal alguno, ni del ISBN. ¿Por qué? ¿Acaso el diario intenta evitar que le atribuyan la edición del libro?, que por cierto se anuncia en la primera página de telegrafo.com.ec. Algo bueno ha de tener, no es como para negarlo.

Veamos algunos temas recurrentes en el libro que revelan una errónea concepción de lo que es la labor periodística.


1: Los periodistas son políticos, y eso está bien

Un “miedo” que atraviesa las páginas del libro y que ya aparece en el título, es que “si se mezcla el periodismo y la política, algo muy malo ocurrirá”.

En la pág. 5 ya se refleja: «¿qué ocurre cuando ambas [periodismo y política] se entremezclan y confunden? ¿Cuáles son los riesgos para la democracia?», se preguntan ominosamente los autores.

¡No hay ningún riesgo! No veo por qué lo habría: si los periodistas son ciudadanos, es lógico que tengan una opinión política, y que necesariamente ha de reflejarse en su trabajo, pues narran asuntos que ocurren en la polis.

Lógico que si la posición política de un periodista —todos la tienen— influye tanto en su trabajo que lo hace abiertamente sesgado, eso podría reducir su credibilidad ante quienes estén en las antípodas políticas. ¿Y qué importa? ¡Es de lo más común! ¿Acaso por eso vamos a quitarle su derecho a comunicar y expresarse?

Todo lector enterado puede fácilmente descubrir un sesgo. Hasta uno sabe a qué atenerse: el periodista X siempre defiende la posición Y. Es demasiado pedir que defienda a Y, y su contrario; ¡somos seres humanos, no siempre lo haremos!

Es como esperar que un abogado sea “imparcial y ecuánime”. No: lo que se espera de un abogado es que sea apasionado en defender su causa y que sea implacable con la causa contraria. Sin llegar a mentir o engañar, por supuesto.

¿Por qué ha de pedirse a los periodistas que, sin mentir, no sean apasionados por una causa? Bastaría que, por transparencia, hagan explícitas sus inclinaciones; y ni siquiera eso es necesario.

El propio Casado es periodista, y su posición política es conocida, totalmente a favor de los gobiernos venezolano y ecuatoriano. Podría añadir que es totalmente sordo a las innumerables críticas que a esos gobiernos puedan hacérseles. De hecho, el libro anterior de Casado, Antiperiodistas, recoge las “agresiones” periodísticas al gobierno de Venezuela. Pobrecito gobierno, víctima inerme de las contundentes y cortopunzantes palabras de periodistas, ¿eh?

Hoy Casado es funcionario del gobierno de Ecuador —profesor en el IAEN— y gana casi $4.000 mensuales, a lo que debe sumarse su trabajo periodístico en medios estatales. ¿Debería pedírsele que critique la mano que tan generosamente le da de comer? En un mundo ideal, quizá. En este mundo basta conocer al gobierno de Correa —que le gusta rodearse de corifeos leales, no de críticos— y leer la obra de Casado para darse cuenta que es totalmente parcializado a favor de los gobiernos autoritarios denominados “bolivarianos”.

¿Y qué? ¿Hay que pedirle otra cosa? ¿Hay que buscar la manera de obligarlo a ser “equilibrado, apolítico, contextualizado”?

Yo digo que no. Pero Casado en toda su obra dice que sí: que hay que buscar mecanismos para obligar a los demás periodistas a ser lo que él no es: no-político, equilibrado, etc.

No debemos quitarles a los periodistas su derecho a interesarse y participar en política, que tienen como todo ciudadano: sería discriminatorio, los periodistas serían “ciudadanos de segunda clase” para quienes “no es ético” involucrarse en política.

No. Es imposible desprenderse de ese deseo de política, y no se consigue ningún bien pretendiendo impedírselo a personas cultas como suelen ser los periodistas. Además, que ellos no hacen caso jamás. Como Casado.

Se repite con frecuencia que “no es ético” que los periodistas se inmiscuyan en política. ¿Pero por qué? Nunca se explica satisfactoriamente.

Prefiero quedarme con las reglas generales: todo ser humano tiene derecho a la libertad de expresión; todo ser humano tiene derecho a interesarse en la vida social y participar en ella, a través de elecciones u otros medios que considere pertinentes. Punto. Y aténganse los periodistas a las consecuencias que ello tenga en su credibilidad (que no necesariamente disminuirá; puede aumentar entre los demás adherentes a una corriente política).

Que en mi opinión unos lo hagan con mejor suerte que otros; que unos usen su libertad de expresión para decir cosas más interesantes que otros; que unos ciudadanos-periodistas se expresen más equilibrada e imparcial que otros… ¿Es razón para quitarles ese derecho natural a ciertos ciudadanos-periodistas? ¿Sólo porque yo opino que ellos deberían expresar otras ideas distintas, más a mi gusto?

En otras palabras, ¿debe imponerse mi opinión? Claro que no. Pero los burócratas creen que su opinión sí debe imponerse. Monopolio de la fuerza, que le llaman. Ya veremos más de esto.


Pero bueno: ¿qué creen famosos periodistas acerca de su profesión y la política? ¿Han de meterse en ella, o no?

¿Qué dice Martín Caparrós? En una entrevista dice:

Una de las cosas que más me interesan de la crónica es que toma decisiones políticas. Por ejemplo, me parece político decir “yo” en lugar de utilizar la tercera persona, porque rompe la falacia de la objetividad. La objetividad es imposible. Tú me estás escuchando ahora mismo y cuando tengas que ponerte a redactar esta entrevista, elegirás lo que más te interesa o utilizarás las palabras que creas más adecuadas. Ese es tu oficio y es inverosímil sostener que no hay nadie haciendo ese trabajo. Los periódicos pretenden mostrar que escriben la realidad, pero realmente sólo es una mirada posible sobre la realidad.

¡Cómo! ¿Pero no decían Casado et al. que había que ser “imparciales, objetivos, contextualizados…”? ¿Y ahora viene Caparrós a decir que eso no existe, que es una falacia, que es imposible? ¿¡Dónde queda “la verdad”?!

Protip: desde hace tiempo vengo sugiriendo que los periodistas lo escriban todo como crónica. Así podrán desembarazarse de muchas de las exigencias de la ley de comunicación. Revísense las columnas publicadas en diarios gringos: todas van firmadas. Y se dan el lujo de ser bastante subjetivos, desvergonzadamente. Acá eso nos escandalizaría: ¡dónde queda la objetividad, imparcialidad, contextualización…!

El propio Kapuściński opina que:

El verdadero periodismo es intencional, a saber: aquel que se fija un objetivo y que intenta provocar algún tipo de cambio. No hay otro periodismo posible. Hablo, obviamente, del buen periodismo. Si leéis los escritos de los mejores periodistas —las obras de Mark Twain, de Ernest Hemingway, de Gabriel García Márquez—, comprobaréis que se trata siempre de periodismo intencional. Están luchando por algo. Narran para alcanzar, para obtener algo. Esto es muy importante en nuestra profesión.

Magister dixit. ¡Y sin embargo Casado insiste en que “el periodizta no deve meterze en politika”, y que “haserlo ez mal periodizmo”.

Leamos a Tomás Eloy Martínez:

Si el periodista transa con el Poder … destroza el mejor argumento de su legitimidad y el único escudo de su fortaleza.

Eso describe a toda la plana de El Telégrafo y demás medios públicos, incluyendo a Casado. ¿Por qué ha de ser así? El propio Martínez decía que «De todas las vocaciones del hombre, el periodismo es aquella en la que hay menos lugar para las verdades absolutas». El lector que coge El Telégrafo sabe que va a encontrar puntos de vista gobiernistas “transversalmente”, es decir, no sólo en las columnas de opinión, sino también en las de noticias. ¿No es bueno saber a qué atenerse? ¿No es bueno tener una fuente confiable para cierto tema?

Ignacio Ramonet, constantemente citado por gobiernos y periodistas autoritarios, afirma: «la dimensión ética del periodismo se fractura cuando muchos medios han tomado la dirección ideológica de la oposición a procesos progresistas como los que tienen lugar en América Latina … No solo “El País”, sino buena parte de las publicaciones de las corporaciones mediáticas occidentales intoxica a los lectores contra las ideas y medidas progresistas». ¡Pero lo hace minutos después de haber alabado a José Martí por su «concepción elevada, exigente y comprometida del periodismo»! ¿En qué quedamos? ¿Los periodistas pueden ser comprometidos, salvo cuando se trata de “oponerse a gobiernos progresistas”?

«El periodista debe ser indeseable, inoportuno y certero en su impertinencia». ~Ryszard Kapuściński.

De García Márquez dice Antoni Traveria en La política como inspiración y compromiso: «El escritor colombiano se convirtió en un periodista combativo mostrando su apoyo decidido a muy diversas causas de izquierdas, con numerosos artículos publicados en la revista colombiana ‘Alternativa’ a partir de febrero de 1974 y hasta su cierre en 1980. La revista abrió sus páginas a la publicación de reflexiones de brillantes periodistas y escritores que tenían vetada su opinión en los grandes medios de prensa de la época.»

Peor aún: Juan Manuel Karg, articulista de TeleSur —que, como es conocido, comparte la línea de medio-público-apologista-de-gobiernos-autoritarios-de-izquierda de Casado— en García Márquez: el periodismo y la política toma partido por la tesis diametralmente opuesta a la de Casado:

Mucho se habla y escribe, en estos tiempos, sobre la vinculación entre el periodismo y el mundo de “la política”. Se intenta, desde grandes monopolios informativos, desvincular ambas esferas, intentando mostrar una supuesta perspectiva “apolítica” de las noticias. Es que, según advierten estos medios, los periodistas de afinidad ideológica progresista o de izquierda “tiñen” el carácter de las noticias, que según el manual de procedimientos de estos medios deberían tener una “neutralidad valorativa”. Detrás de esta operación, claro, hay una profunda intencionalidad política: tras la idea de que “ellos”, los “periodistas militantes”, dan cuenta de una realidad distorsionada —y por tanto, no pasible de salir a la luz—, se esconde la pretensión de mostrar sólo una parte de lo que sucede, lo que naturalmente hacen estos medios, generalmente afines a grupos empresarios del poder económico concentrado.

Cambie de dueño privado a público, y el mensaje es plenamente aplicable a la labor de Casado y otros burócratas apólogos de gobiernos autoritarios. No puede ser de otra manera. Pero continúa el artículo de TeleSur:

¿Hubiera sido tildado de “periodista militante” por estos hechos Gabriel García Márquez, como ha acontecido recientemente con muchos cronistas, desdeñados sólo por haber emitido opiniones afines a los gobiernos posneoliberales en la región? Seguramente no, por su magnífica pluma y su influencia periodística y literaria, lo que solía blindarlo de ataques y “operaciones” que, lamentablemente, se han extendido contra quienes han opinado desde la izquierda y/o el progresismo.

¡Pero si de eso se trata todo el libro de Casado!: periodistas de medios independientes que “rompen las reglas” al “inmiscuirse en política”.

Termina el artículo:

Sin embargo, y mal que le pese a algunos sectores políticos y periodísticos que hoy quieren “edulcorar” su trayectoria, e intentar construir una trayectoria supuestamente equidistante respecto a la política —o un García Márquez “light”— fue un periodista y escritor con una ideología clara, determinada y contundente: la búsqueda de construir un orden social diferente, más justo, más humano, despojado de las desigualdades, donde la cultura pueda constituir un elemento indispensable para amplias capas de la sociedad y no solamente para una “elite”.

¿No es eso lo que queremos todos? ¿Acaso quienes no nos situamos a la izquierda del espectro político queremos esclavizar ancianitas y matar de hambre a huérfanos? ¿Acaso no nos oponemos al emerger de una nomenklatura, verdadera élite que disfruta de incontables privilegios mientras hunden al pueblo en condiciones de vida precarias y prohibiciones de progresar económicamente?

¿Acaso ser “periodista con opción política de izquierda” es bueno, pero malo hacerlo desde cualquier otra orientación? Esto no es más que la vieja tolerancia represiva de la que hablaba Marcuse, que no es sino un eufemismo para simple hipocresía, doble rasero, “ley del embudo: ancho para mí, angosto para ti”.

Eso de que “los periodistas no deben meterse política” es un red herring, «una maniobra de distracción, una falacia lógica que desvía la atención del tema tratado». Así, en vez de fijarse el público en los innumerables pecadillos de los políticos, uno empieza a fijarse en los periodistas, que supuestamente estarían “perdiendo su objetividad, credibilidad e imparcialidad al estarse metiendo en política”.

En efecto, la supuesta “prohibición” no aparece en el decálogo del periodista de Bastenier, ni tampoco en el Manifiesto Ético para Periodistas del Paraguay, que sólo aconseja «No ejercer al mismo tiempo que el periodismo, funciones de dirigencia en organizaciones político-partidarias, funciones de asesor o relacionista en instituciones públicas o en sectores que puedan condicionar la independencia en la labor periodística», que no es lo mismo que “no meterse en política” y que no es el caso de los periodistas que constantemente son reprochados por el poder por “meterse en política”.


Es una estrategia típica de la izquierda, del marxismo cultural: tratar de manipular a través del “cargo de conciencia”, avergonzando al adversario, por ser “poco ético” al supuestamente estar “incumpliendo reglas”, aunque nunca se diga cuáles reglas son.

¡Y lamentablemente funciona! Casado cita a César Ricaurte de Fundamedios, quien innecesariamente cede terreno al adversario, al admitir «“lo nocivo [de] cuando se deja a un lado el papel mediador y se pasa a ser protagonista en los procesos políticos, y el tratar de impulsar o de oponerse a proyectos políticos”, ya que ésta “no es la función de un periodista, por mucho que se coincida o abomine de los planes de los reales actores políticos”».

Muy respetable esa opinión, pero para un periodista es darse un tiro en el pie: es convertirse en ciudadanos de segunda clase, para quienes “meterse en política” estaría vedado o por lo menos mal visto. Como siempre, no se aportan razones por las que “deba” ser así.

Además que, no lo olvidemos, todos lo hacen, sea “feo” o no. Casado mismo adopta una posición política de apoyo incondicional a gobiernos autoritarios, incluso cubriendo con el velo de ignorarlos sus múltiples violaciones a los derechos civiles.

Culmina así el capítulo: «Ahora entendemos mejor por qué el sesgo del diario Hoy y la animadversión del gringo Mantilla, quien fuera director del diario, permeó su línea editorial y acabó minando su credibilidad, lo que contribuyó a su desaparición».

Ésa es la opinión de Casado. Diario Hoy era uno de los diarios más respetados entre la intelectualidad capitalina, a lo largo de todo el espectro político. Lamentablemente Casado, o ignora el enfrentamiento del gobierno de Correa con el diario —las demandas penales de parte de funcionarios corruptos contra su director, las multas que le imponía incluso post mortem, la prohibición de entregarle publicidad estatal, la liquidación instantánea por parte de la superintendencia de compañías ante problemas económicos, prohibiéndole inmediatamente publicar en vez de facilitar su saneamiento, el apoyo descarado al conflicto laboral con miras a librarse de un medio opositor— o decide ignorarlo, lo cual es un claro signo de sesgo, pero ¿qué importa? Un lector enterado conoce la verdad de los hechos.

Lo irónico es que cuando es el gobierno el que se atrasa en los pagos laborales durante meses y meses, pues no sufre ninguna consecuencia —no se va a multar a sí mismo— y hasta puede renegar de la deuda impunemente. Monopolio de violencia, que le llaman.

Casado cita un ejemplo de hasta dónde ha llegado a calar esa impertinente y falaz “obligación de no meterse en política”: entrevistando a la conocida Janeth Hinostroza:

Consultamos a la periodista sobre alguno de sus comentarios en plena antesala a unas elecciones presidenciales en el que —a nuestro criterio— hizo propaganda política contra el gobierno, acto que la periodista atribuyó a esa anterior etapa de su carrera de “mayor confrontación” y admitió que debió haber elaborado su argumento “de otra manera para que no se confunda, que quede mucho más clara mi posición, ahí tal vez está mi error”.

Por gusto se dejan sorprender. No fue ningún error; no hay nada de qué disculparse. No hay que “dar papaya” a las tácticas de manipulación del marxismo cultural. Todo ciudadano tiene derecho a participar en política. No debe haber “ciudadanos de segunda clase” a quienes les esté vedada la participación en la vida social. ¡A tener cuidado con los red herrings!

Más adelante la propia Hinostroza reconocería que los medios privados han ocupado «un lugar de oposición que no nos corresponde». Posición totalmente discutible; el ciudadano común, inmerso en la interminable tarea de ganarse la vida, no tiene tiempo para indagar al poder; quién mejor que un periodista cuyas interminables tareas con las que se gana la vida, sea investigar, principalmente al poder (monopolio de violencia, duh. ¿No vale dedicarle atención especial?) e informar de sus conclusiones a quien pueda interesarle.

Obviamente funcionarios con poca inclinación democrática denominarán a esa labor “meterse en política” —cuando no subversión y desestabilización— pero eso es lo que se espera de quienes se ganan la vida como watchdogs.

«Los gremios periodísticos en el Ecuador han perdido fuerza y credibilidad como consecuencia de su alineación a la causa opositora», afirma Casado. Él les creerá menos, pero no el público, porque los índices de lectoría de medios privados-opositores vs. públicos-gobiernistas dicen lo contrario. Y si han perdido fuerza, ha sido por el constante embate gubernamental, incluyendo cuantiosas multas. Monopolio de violencia, ¿recuerdan? Bastante mérito ya es oponérsele y seguir vivo.

Además que la hipótesis contraria: que si se alinearan a la causa gobiernista, los medios aumentarían su credibilidad, es a todas luces falsa. Medios oficialistas, aquí y en todas partes, son objeto de recelo por parte del público y no son tomados como fuentes confiables en asuntos que interesan al poder.


Continúa Casado, refiriéndose a Fundamedios: «Ricaurte deja muy clara la posición política de su organización y en consecuencia su línea de acción opositora, pese a estar violando el estatuto de su propia organización que prohíbe involucrarse en temas carácter político, al reiterar que: “Frente al gobierno de Correa hemos sido muy críticos y vamos a seguir siendo muy críticos”».

Habría que llamar la atención a los abogados que tramitan la constitución de fundaciones, que hacen copy-paste de cláusulas “típicas” como ésa de “no involucrarse en temas de carácter político” sin meditar demasiado en las consecuencias.

Por lo menos cabría especificar: no involucrarse en temas de carácter partidista-electoral, pero así de buenas a primeras prohibirse a uno mismo un aspecto de la vida social inherente al individuo, y más aún uno tan ligado a la libertad de expresión —área propia de Fundamedios—, como que no conviene a los propios intereses, ¿verdad? Es como un pequeño “suicidio civil”. Y por eso esas cláusulas serían nulas, pues así como alguien no puede legalmente venderse como esclavo, nadie puede renunciar al derecho civil de participar en la vida social. ¡Peor aún renunciar en balde, a cambio de nada, sólo porque “suena bien” en un estatuto que sólo leerá el gobierno cuando le convenga!

Sin embargo no hay que concederle ni un milímetro al gobierno su interpretación de esas prohibiciones en el sentido de restringir el derecho de asociación o libertad de expresión: “como te metiste en política (en contra de mis intereses), lo cual tú mismo te prohibiste, te disuelvo”. No sólo eso: el gobierno considera que eso “atenta contra el desarrollo social” (?) ¡Ah, la peligrosa libertad de expresión! Léalo directamente en la página de Fundamedios.

2. El periodista debe ser “equilibrado, plural, imparcial…”

Es de buen tono hoy en día decir que el periodista debe ser “equilibrado, plural, imparcial”; que el buen periodismo hace todo eso.

Sorpresa: Eso sirve como “ideal”; pero esas metas, que podrían aplicarse a toda expresión humana, el gobierno pretende convertirlas en delitos cuando opina que están ausentes, y eso es inaceptable.

Además que en general es innecesario fijarse “ideales nobles”: los ciudadanos siempre encontrarán otros medios de procurarse la información de la que carece, por ejemplo, un mal reportaje. El equilibrio, por ejemplo, viene de la pluralidad de fuentes; tómese “fuentes” en sentido amplio (como leer varios diarios, varios noticieros); no es justo exigírselo todo a un simple ser humano, y peor con amenazas de violencia, como hace el estado a través de esa abominación llamada Superintendencia de Comunicación.

La falta de equilibrio podría pasarle factura a un periodista, y reducir su credibilidad; pero no por eso vamos a pretender obligarlo a decir lo que nosotros queremos.

Así como la verdad judicial surge dialécticamente de la oposición de las partes y sus abogados, la “verdad” periodística ha de surgir de la confrontación de diversas fuentes; y si no la hay, pues de la confrontación de diversos medios.

Aún si un periodista tiene fama de sesgado, no significa que “mentirá siempre”; con él sabemos a qué atenernos, podremos consultarlo como fuente fiable para conocer, por ejemplo, la posición gubernamental o de su gremio, sabiendo que encontraremos insumos para generar nuestra propia opinión.

Eso es tarea nuestra, generar nuestra propia opinión; ¿por qué en el gobierno se cree que somos tan ingenuos e ignorantes como para creer sin más a los periodistas, públicos o privados?

Si el medio “A” habitualmente omite entrevistar a ciertos actores o incluir ciertas fuentes —por sesgo, o simplemente porque no se puede representar toda la realidad en unas cuantas páginas limitadas— muy probablemente el medio “B” sí las incluya.

Y aún sin ningún medio lo hace, ¿qué le impide a Ud., estimado lector, hacerlo? Empiece su blog o su propio medio de comunicación con otras personas que opinen como Ud.

«No se puede representar toda la realidad en unas cuantas páginas limitadas», pusimos: el mapa no puede representar todo el terreno, pues dejaría de ser mapa y cubriría toda la extensión del terreno, ¿no cree? Pues la ley de comunicación de Ecuador pretende lo contrario. Ya veremos por qué.

Adicionalmente, con la epistemología constructivista sabemos que los sentidos humanos perciben tan sólo una pequeña parte de la realidad, y con esos estímulos limitados el cerebro construye una realidad aún más limitada. Todos conocemos las ilusiones ópticas etc.. Pretender que el periodista diga “la verdad, y toda la verdad” es un vergonzoso anacronismo que ignora la ciencia moderna.

La labor periodística es simplemente una forma concreta del ejercicio de la libertad de expresión. Hay voces que pueden ser más interesantes para nosotros; lo mismo grupos de personas afines que publican un medio. Nadie pretendería obligar a un ser humano a expresar una idea, que no desea expresar, a la fuerza; sería algo monstruoso, como manipular su mandíbula y su tráquea para que emita sonidos que expresen la idea que nosotros queremos. ¡Sería una violencia inadmisible en civilización! Sin embargo, ¿por qué creemos que lo que es una abominación hacerle a un individuo, es lícito hacérselo a un grupo? ¡Es peor! No hay justificación alguna.

El estado, chantajista emocional

Esa maniobra gubernamental de pretender avergonzar o crear “cargo de conciencia” en los ciudadanos periodistas por ser “militantes” o “no ser equilibrados, imparciales, etc.” tiene como único objetivo acallar voces críticas. ¡No le demos el gusto!

Esta estrategia gubernamental tan hábil como falaz puede considerarse una variación del bait and switch.

“Bait and switch”, literalmente “cebo y cambio” hace referencia a una práctica comercial deshonesta, en la que se atrae a un cliente con el “cebo” de una promoción interesante, pero no se entrega lo prometido, sino algo distinto de menor calidad.

Usualmente se usa la falacia del “hombre de paja” para ridiculizar un remedo de la posición del oponente. Pero en este caso se actúa más sutilmente: se le atribuyen cualidades excelsas ideales a la actividad del oponente, para cuando luego el oponente por supuesto no está “a la altura de tan sublime profesión”, proceder a reprimirlo o humillarlo o manipularlo.

Por ejemplo, se habla de que “el periodista es un intermediario” de la vida social (pero se le prohíbe inmisuirse en política); se le fijan estándares imposibles de cumplir en su labor: debe ser imparcial, equilibrado, contextualizado, etc.; y cuando no lo es —pues es imposible serlo siempre— el poder se permite criticarlo y sancionarlo.

El bait and switch consiste en que se convence al público poco informado de que “el estado va a reprimir actos reñidos con la ética” de los periodistas, algo que suena bien, pero lo que en realidad va a reprimir es el ejercicio de la libertad de expresión y comunicación. Una cosa es aceptable, pero la otra no, y si no nos damos cuenta del “cambio”, habremos sido engañados.

No caigamos en esa falacia. Olvídese del periodista, y veamos a ciudadanos usando su libertad de expresión. Así tendremos expectativas más realistas de lo que hacen los periodistas, y se notará más claramente el abuso de la mano pesada gubernamental.

De esa manera no nos dejaremos manipular cuando algún apologista del estado señale con el dedo, «¡horror! ¡Ese periodista se está inmiscuyendo en política!», nuestra respuesta será encogerse de hombros y un «¿Y qué? Hacerlo es derecho de todo ciudadano» dicho con displicencia.

Jorge Lanata lo expresa mejor: «No creo tanto en la cosa pedagógica en los medios. Estos tienen que dar espacio para que se discuta, pero no creo que estén arriba, la gente abajo y que tengan que enseñar; porque son espacios de la libertad».

Esperemos menos de los periodistas; no esperemos que ellos hagan siempre lo que de todas formas nos corresponde a nosotros: confrontar fuentes, informarnos bien, ser escépticos, etc. No los idealicemos, y nos decepcionaremos menos.

3. Poseer medios no implica poseer audiencia

El gobierno parecía creer lo contrario cuando se hizo con un conglomerado de medios confiscados a los Isaías y a Aspiazu.

Pronto se desengañó: la lectoría del diario confiscado cada vez era menor, y salvo los programas de entretenimiento, la audiencia prefería los noticieros de medios independientes.

Esa impotencia de no poder controlar la audiencia radicalizó aún más al gobierno: empezó la propaganda masiva, las cadenas obligatorias, las “cadenas ad hoc en un solo medio”, e incluso para criticar al propio conductor del programa interrumpido, y el clamor gubernamental por una ley de comunicación que permita al gobierno controlar los contenidos.

Como dice Jorge Lanata, «tenemos regímenes que, todo el tiempo, confunden al Estado con el Gobierno y las audiencias, los públicos se generan con talento, no por decreto».

Por ello es irónico que Casado diga que en el país «históricamente ha habido una hegemonía de los medios privados con fines de lucro sobre el resto», sin ver que actualmente el gobierno tiene el holding más grande de medios del país, pero no la audiencia, ¡y eso es lo que más les duele!

De ahí que expresiones ominosas e hiperbólicas como «La concentración de medios por parte de las élites ecuatorianas les ha permitido imponer y reproducir un pensamiento único afín a sus intereses, basado en la democracia liberal como la única forma de gobierno», sin proporcionar evidencia alguna (y eso de “imponer el pensamiento único” en Ecuador de polémicas periodísticas y políticas tan diversas como apasionadas suena ridículo) es irresponsable.

¡Ah! Y ¿qué es eso de negar la exclusividad de la democracia liberal como forma de gobierno? ¿Acaso el autor conoce alguna alternativa mejor? Debería mencionarla, por lo menos; pero dada su afinidad con gobiernos autoritarios como el de Ecuador y Venezuela, no somos optimistas.

4. Los medios públicos no deberían ser _gobiernistas

Hernán Reyes Aguinaga, que es mencionado en repetidas ocasiones en el libro, expresa claramente la posición gubernamental respecto a la necesidad de medios estatales: «son una suerte de contrapeso en una agenda informativa que los medios privados incorporan normalmente en sus páginas».

El gobierno así convierte a los medios públicos en voceros del gobierno ante una prensa crítica, cuando deberían en realidad recoger todas las voces de la sociedad, pues el gobierno no sólo (en teoría) sirve a quienes votaron por él, sino a todos los ciudadanos.

En el mismo artículo enlazado se lee: «Roque Rivas recordó los criterios de la Unesco (“un diario público tiene la responsabilidad de publicar contenidos de interés general y, además, de criticar las cosas que se están haciendo mal dentro del gobierno de turno”)».

Más información puede encontrarse en el documento Principios y “buenas prácticas” para los medios públicos en América Latina, de la UNESCO.

Si un medio público ha de recoger un interés general, no sólo partidario, e incluso permitirse criticar al gobierno en funciones, ha de ser independiente de ese gobierno.

Así como hay diarios privados que tienen una línea crítica al gobierno, si ha de haber diarios o medios con una línea afín al gobierno, deberían también ser privados.

Si el gobierno se supone sirve a todos los ciudadanos, no sólo a sus votantes, no tiene por qué dedicar recursos de todos a oponerse a algunos ciudadanos; si actuara así, estaría actuando como adversario de aquellos a quienes supuestamente sirve, ¡empleando los recursos que les ha quitado! Como si un ladrón usara parte del dinero que te arrebató para lanzar una campaña en tu contra. Jamás podría considerarse que ese ladrón está “a tu servicio”, ¿eh? Pero el estado pretende que creamos que medios afines a la permanencia del gobierno en el poder, coincide con el interés general. ¡No necesariamente!

Nadie impide a ciudadanos que apoyen al gobierno a organizar con sus propios recursos medios oficialistas y lanzarse a conquistar las audiencias.

Sebastián Vallejo, acaso el único articulista de opinión del diario público El Telégrafo que se da el lujo de criticar el gobierno, lo expresa contundentemente:

lo que parece ser la crítica imperante— cuestionar si hemos logrado trascender esa posición de medio gubernamental/estatal a medio público. En el hipotético caso de un Ejecutivo sin un candidato de Alianza PAIS, y lo que eso significaría para los medios públicos. ¿Desapareceríamos? ¿Cambiaríamos nuestra posición editorial? ¿Seríamos todos reemplazados? Porque si la respuesta es afirmativa a cualquiera de esos posibles escenarios, significaría que, sí, los críticos tienen razón, no somos más que otro medio estatal. Un medio cuyo contenido y enfoque están determinados por el partido en el poder, y no por una idea fundacional más amplia.

Lo que alguna vez se mostró como una visión alternativa, un debate ampliado de voces críticas, cada vez más, se está volviendo un unísono predecible de la posición y visión que se adoptará. En otras palabras, nos estamos convirtiendo en aquello que tanto se ha intentado combatir, nos estamos convirtiendo en un medio privado. No privado en cuanto a quien lo financia, sino privado en cuanto a quien responde (o a quien quiere agradar).

(…) Una vez más, y esto es una lástima, los medios públicos están a merced del Ejecutivo. Una lástima, más que nada, porque como veedores del poder desde lo público, es difícil hacerlo cuando también estamos atados a uno de esos poderes (el gubernamental en este caso). Con un representante del Ejecutivo en el directorio de los medios públicos pero, sobre todo, con su capacidad de decidir el futuro de quién dirige los medios públicos, difícil será que exista un ambiente de verdadera independencia. Claro está, poca es la motivación del Ejecutivo de soltar a los medios.

Ya en la pág. 20, Casado se alegra de un “nuevo escenario” donde «una mayor presencia de medios públicos “como parte de un discurso que pretende contrarrestar las agendas y posiciones editoriales de los mayores medios privados”». Claramente no ha entendido que los medios públicos NO deberían convertirse en fortaleza de correístas, sino que deberían servir de plataforma a TODOS los ciudadanos, no sólo a los oficialistas.

Aparte de eso, me da TERROR que el estado se proponga como meta antagonizar a una parte de la población. ¿No hemos aprendido nada de la historia?

5. La Ley de Comunicación no se ajusta a estándares internacionales de DD.HH.

Toda la arremetida gubernamental contra la libertad de expresión y comunicación se basa en una mentira: “la gente se cree a pie juntillas lo que dicen los medios. Los medios mienten, perjudicando la imagen del gobierno; por lo tanto, debemos obligarlos a decir la verdad”.

Obviamente ni es cierto que la gente les cree todo a los medios ni es capaz de detectar el sesgo; ni que los continuos abusos del gobierno sean mentira (es decir, su imagen la deteriora el propio gobierno, con sus actos autoritarios); y peor aún que haya necesidad de burócratas en un orwelliano “ministerio de la verdad” que determinen “la verdad” e impongan su expresión bajo amenazas a ciertos ciudadanos.

Casado ya dice en la pág. 5 del libro: «describiremos algunos problemas … que podrían tener consecuencias perniciosas en el derecho de la población de recibir una información rigurosa, contrastada y veraz».

Es otro ejemplo de ideas que suenan buenas, pero más bien obscurecen el pensamiento, y esconden falacias.

En efecto, ¿quién podría negar la conveniencia de recibir «información rigurosa, contrastada y veraz»? Difícil oponerse a “algo tan bueno”.

La cuestión es quién determina que un producto periodístico contenga dicha información rigurosa, contrastada y veraz. ¿Un ente burocrático? ¿El presidente? Sonaría absurdo, pero ése es el caso de Ecuador actualmente. Un delegado del presidente nos “da decidiendo” qué es riguroso, contrastado y veraz, y qué no. Su opinión —pues no es sino una opinión— está respaldada por el monopolio de violencia, ¡y eso sí puede traer “consecuencias perniciosas”, como teme Casado!

La Declaración de Principios sobre Libertad de Expresión de la CIDH claramente dice: «7. Condicionamientos previos, tales como veracidad, oportunidad o imparcialidad por parte de los Estados son incompatibles con el derecho a la libertad de expresión reconocido en los instrumentos internacionales». Pues así los gobiernos se reservarían la última palabra en el discurso público, lo cual es inadmisible. Recordemos que no tenemos “amos”, como lo eran los reyes de antaño, sino (supuestamente) servidores.


Otro punto en el que la ley de comunicación contradice principios de DD.HH. es el requisito de que los periodistas deben ser profesionales graduados de universidad. Los estándares internacionales de DD.HH. más bien ven esa “exigencia de excelencia” como un intento de control de la comunicación, que es derecho de todo ciudadano: «6. Toda persona tiene derecho a comunicar sus opiniones por cualquier medio y forma. La colegiación obligatoria o la exigencia de títulos para el ejercicio de la actividad periodística, constituyen una restricción ilegítima a la libertad de expresión. La actividad periodística debe regirse por conductas éticas, las cuales en ningún caso pueden ser impuestas por los Estados» (¡Esto último contradice todo el espíritu de la ley de comunicación!) Recordemos que la labor de los medios es un uso concreto de la libertad de expresión; no es un “servicio público” como afirma el gobierno, para confundir y justificar su violencia.

Esto fue entendido ya hace cinco años incluso desde las filas del gobierno: «colocar la exigencia de título profesional [significaría] excluir al resto de personas a hacer uso del derecho a la comunicación», comentaba acertadamente la asambleísta oficialista Paola Pabón. Lamentablemente se impuso la tendencia gubernamental a escolarizar la sociedad.

En serio, alguien debería llevar el caso a la CIDH a ver si por lo menos se declara que esa ley no se ajusta a estándares internacionales de derechos humanos.

6. El gobierno también tiene intereses, y suelen ser peores

El gobierno está hecho por seres humanos. Los mismos seres humanos que han de ser controlados por él. Pretender que los funcionarios sean más “desinteresados” y “angelicales” es una ingenuidad imperdonable. Son por lo menos tan malos como el pueblo que los elige, y su maldad es multiplicada por ese privilegio estatal del monopolio de la fuerza en un territorio. ¿Qué podría salir mal?

En la pág. 21, Omar Ospina opina que «el presidente de la República en la sabatina hace uso legítimo de su derecho a la libertad de expresión, como cualquier otro ciudadano». NO es “como cualquier otro ciudadano”: hay una asimetría.

Si en República se supone que todos somos iguales ante la ley, si a algunos ciudadanos se les va a asignar hordas de funcionarios y legiones de soldados armados (desde ya esto suena como una mala idea), ¿no cabe limitar otros derechos suyos en compensación?, para por lo menos dizque mantener una “ilusión de igualdad” y (soñar con) impedirles abusar de ese poder. Por eso se les pide, por ejemplo, transparencia; la mayoría de sus acciones en ejercicio de las funciones encomendadas no debería ser reservada, para que puedan ser fiscalizadas por los ciudadanos.

Ospina opina: «a mí me parece que tiene derecho a dedicarle diez minutos a la prensa cada ocho días y mandarlos al diablo, se llama libertad de expresión. ¿Por qué es buena para unos y no es buena para otros?», se pregunta inflamado, en el estilo que lo caracteriza.

¿Será acaso porque somos sus mandantes? ¿Toleraría Ud. una empleada doméstica, una secretaria que lo “mandara al diablo” a Ud. cada sábado? ¡Ni a un jefe!, ¡peor a un supuesto servidor! ¡Por lo menos es de esperarse un poco de cortesía para simular que son “iguales a los demás ciudadanos”, y no “superciudadanos” con todos los derechos y además legiones de esbirros pagados por todos, poder de crear leyes, funcionarios para aplicarlas, etc.!

«La polarización descrita deriva peligrosamente … en una comunicación propagandística “tanto a favor del gobierno como en contraposición abierta a este” … en detrimento de la audiencia ecuatoriana y su derecho a estar bien informada». FALSO. Es un miedo infundado, usado rápidamente por el gobierno para justificar su intervención…, a favor de sus intereses, por supuesto.

En efecto, si hay una “polarización nefasta”, ¿cómo hará el gobierno para eliminarla? ¿Acaso “convenciendo” a sus adversarios que cambien de opinión? “¿Para qué tengo el monopolio de violencia entonces?”, se preguntará el mandamás. Y empleando esa “herramienta” eliminará la polarización, violentando el derecho ajeno a “polarizarse”.

Así como el juez se hace una idea de los hechos escuchando a ambas partes, el público puede informarse mejor escuchando ambos puntos de vista. ¿Es que hay alguna alternativa mejor? ¿Un “ministerio de la verdad” acaso?

Así como un periodista supuestamente debería ser, según dicen, “imparcial, apolítico, contextualizado” etc., ¿no cabe pedírselo también a los autores de libros, como Casado? El propio Casado olvida la supuesta ética que exige a otros escritores, y denomina “elucubraciones” a la hipótesis planteada por Andrés Carrión, que “Correa desplegó una maniobra de polarización en busca de un culpable de los males de su administración y eligió a los medios de comunicación”.

Independientemente de que uno esté de acuerdo con esa hipótesis, ¡el periodista oficialista Rabascall confirma las “elucubraciones” de Carrión!:

en alguna ocasión yo le dije al presidente en una entrevista: “señor presidente, ¿a dónde nos va a llevar este nivel de confrontación? [con los medios, vs. la propaganda gubernamental]”, y el me contestó, cito: “hasta equilibrar las fuerzas”.

Y como si no bastara esa evidencia para considerar real algo que para Casado sólo son “elucubraciones”, hay otra referencia en la misma línea por parte del propio presidente y su secretario de comunicación, para quien los medios son «mala hierba» (sic), plantándole dos alternativas: «Tiene dos opciones para relacionarse con los medios: o ser un jardinero eficiente, tenaz, constante para mantener podada la mala hierba, o dejarles un espacio y negociar con ellos … El mandatario respondió, según Alvarado: “Yo quiero ser el jardinero hasta los últimos días de mi gobierno”».

¿Es ésa la visión de un servidor, o un amo? ¡¿El presidente y uno de sus ministros más poderosos ven a algunos de sus mandantes como mala hierba?! Parece increíble, pero así es en Ecuador.

p. 24:

Casado cita con gusto a Omar Ospina. Quien recuerde sus artículos de opinión en el extinto diario Hoy recordará a Ospina como opinionated, es decir, dogmático, terco en sus opiniones, sordo a toda refutación. Dice:

[El de Correa] Es el primer gobierno tal vez con la lejanísima excepción de Eloy Alfaro que en cien años mira al pueblo, eso a las clases dirigentes no les gusta.

Así, en la mejor tradición marxista, los apologistas del gobierno no se toman la molestia de refutar las innumerables alegaciones contra el gobierno, pues “sólo están reclamando por sus privilegios perdidos”. Ad hominem puro y duro. Me temo que si alguien quiere convencer deberá esforzarse más.

Además que no estará de más recordar que Alfaro jamás ganó una elección; siempre arrebató el poder con violencia, incluso a sus propios correligionarios; y que no es cierto que “el pueblo” lo apoyaba, pues miles combatieron contra él y murieron. Tantas familias que no lo apoyaban, como soldados muertos en la guerra civil. Alfaro no es ejemplo de nada, sino acaso de cómo apoderarse del poder por la fuerza; fue un mal ecuatoriano.

7. Cuando alguien quiere hacer polémica política, “coge pa’ los medios”, y eso no tiene nada de malo

En la pág. 9 Casado cita al catedrático Hernán Reyes, para quien «nunca antes en la prensa ecuatoriana se habrían empleado “tonos” tan elevados para atacar políticamente a un presidente». «Nunca antes había visto … una posición de este tipo».

O sea, ¿jelou? ¿No ha oído hablar el catedrático Reyes de Montalvo y sus insultos por los que es mundialmente famoso?

Por lo visto Reyes tampoco está familiarizado con las investigaciones del periodismo nacional de Enrique Ayala. En su artículo Prensa local narra: «uno de los grandes pensadores y periodistas del naciente país, Fray Vicente Solano, ideólogo tradicionalista e implacable crítico de la realidad. Solano publicó también “La Escoba”, donde divulgó sus ideas y combatió a los gobiernos». ¡Me imagino la sorpresa de H. Reyes!

En La prensa en la historia del Ecuador: una breve visión general, el historiador escribe: «Pero había también otros que tenían un estilo intencionalmente agresivo y usaban el humor y la diatriba como instrumento fundamental. Esos periódicos se identificaban desde por el nombre. El Garrote, por ejemplo, publicaba como subtítulo: “Palo habrá desde los pies hasta el cogote”. Estos medios eran buscados y leídos, precisamente por su virulencia».

De ahí que resulte muy ingenua la posición de Casado y Reyes, de que sus “castos ojos nunca hayan visto polémicas así en la prensa ecuatoriana”. Si vieran Pancho Jaime seguro caerían desmayados… Hara-Kiri y Charlie Hebdo les causarían un infarto.

Entonces, es normal que quien quisiera polemizar acerbamente buscara publicar en la prensa. Hoy en día buena parte de esas diatribas han migrado a las redes sociales, y me atrevería a decir que el nivel de debate en medios es hoy mucho más civilizado que antaño. Y si antes los autoritarios clausuraban imprentas y desterraban periodistas, hoy piden [“regular”](cita Glas) las redes sociales, eufemismo para reaccionar con violencia estatal a quien me critique.

8. Los “intelectuales orgánicos” son FALACES

Como “intelectuales orgánicos” se denomina hoy peyorativamente a cualquier funcionario público cercano a las letras cuya función no consiste en producir nada de valor —como podría hacerlo un médico en un hospital público, un profesor o un policía— sino justificar lo injustificable: tratar de darle unas pinceladas de coherencia post facto a los caprichos del poder.

Por supuesto que es una tarea destinada al fracaso: los políticos son en general seres humanos muy mediocres cuya única habilidad —ganar elecciones— se ejerce prometiendo cosas imposibles a ciudadanos ignorantes.

De ahí que la tarea impuesta a los intelectuales orgánicos sea inútil: cualquier ciudadano más o menos enterado podrá descubrir las innumerables falacias que emplean para tratar de convencer a los ignorantes que el gobierno “sabe lo que hace”.

Sin embargo, que su tarea sea imposible e inútil, no les impedirá acometerla: a cambio de sus “talentos”, el gobierno les ofrece salarios que jamás lograrían en el sector privado. Por eso los “intelectuales orgánicos” emplean miles de horas (bien pagadas, por supuesto) y kilos y kilos de papel en producir y difundir mentiras. Veamos unas cuantas:

En el acápite denominado “Los periodistas políticos”, Casado emplea lo que, a falta de un mejor nombre, denominaré “falacia del supermán”.

Conocemos ya la falacia del hombre de paja («caricaturizar los argumentos o la posición del oponente, tergiversando, exagerando o cambiando el significado de sus palabras (del oponente) para facilitar un ataque lingüístico o dialéctico»). ¿Cómo llamaríamos lo contrario: atribuirle a la posición propia todas las bondades y virtudes? ¿”Falacia del hombre de acero”? ¿”Falacia del Supermán”?

Un ejemplo de esto sería el artículo ¿Qué es ser comunista? de Reinaldo Spitaletta (artículo que leí por su refutación, escrita por Vanesa Vallejo). Dice:

ser comunista era una condición de la sospecha. Un irreverente. Alguien que, en medio de las desigualdades sociales, aspiraba a la justicia y reivindicaba a las víctimas de la explotación. Un humanista.

ser comunista era (quizá lo siga siendo) estar del lado del progreso como expresión de la inteligencia, las ciencias, las artes, el desarrollo para todos. Era luchar por el conocimiento, contra las iniquidades e inequidades sociales.

Así que ser comunista —hoy como ayer—, para decirlo con sencillez, significa caminar en pro de la justicia social, de la construcción de una sociedad que no sea monstruosa como la que con sus tentáculos económicos, políticos, mediáticos y otros, esclaviza a tanta gente. Al fin de cuentas, Dios y el Diablo son comunistas: han construido, como diría Mark Twain, sendos lugares sabrosos: uno por la compañía y el otro por el clima.

Los pogromos, los gulags, las hambrunas causadas por ineptitud e intencionalmente que diezmaban millones de seres humanos, el Holodomor, las invasiones a países pacíficos y el apoyo a revoluciones violentas internacionales “no serían verdadero comunismo”, pues por definición el comunismo es todo lo bueno y bello que existe en la sociedad.

Si un “comunismo real” no se ajusta a tan bella definición, ¡pues simplemente no es comunismo! La consecuencia lógica es que el comunismo sería formalmente inmune a toda crítica. Si uno se cree la falacia, por supuesto.

Pues Casado usa esa falacia, pero al revés: le atribuye impropiamente al periodismo cualidades “ideales”, “angelicales” que no le son propias,* y se reserva el derecho de imprecar a los periodistas que no las cumplen. Por supuesto que él tampoco; pero en su libro él puede hacer lo que le dé la gana, ¿no? Libertad de expresión, también para periodistas y escritores.

* esas cualidades no le son propias al periodismo, pues entendemos al periodismo como mera manifestación de la libertad de expresión. La cual implica abstenerse de impedir el discurso que creemos tonto o exhasperante, porque acaso otros pueden asignarle mayor valor que nosotros y no somos quién para imponer nuestra opinión.

Así, Casado se refiere a los periodistas políticos como «aquellos que desde el ejercicio periodístico asumen una posición en relación al gobierno de Rafael Correa. No son simples mediadores entre la ciudadanía y las instituciones públicas, saben perfectamente que ocupan un lugar en el tablero político actual y, según el lado en que se encuentren, toman partido atacando o promoviendo el proyecto político del Ejecutivo nacional».

Si los periodistas son “mediadores”, la consecuencia lógica será cargarlos de “deontología”: supuestas “obligaciones éticas” para el ejercicio de “una noble e importante función pública”. Casi como si fueran funcionarios públicos.

No: si los vemos como simples ciudadanos ejerciendo su libertad de expresión, esas supuestas “obligaciones éticas” que tendrían ellos y no los demás ciudadanos se convierten en piedras de escándalo y justificación de la discriminación (cuando necesariamente terminan incumpliéndolas). Eso es inaceptable, por supuesto.

TODO ciudadano puede “hacer de mediador entre la ciudadanía y las instituciones” si es que consigue una audiencia. Si logra que su audiencia le paguen por eso, bien por él. Cualquier ciudadano que logra comprar una imprenta/estación de televisión y vender ejemplares/publicidad, no por eso pierde derechos, ni adquiere obligaciones peculiares. Si rompe las leyes se enfrentará a consecuencias, como cualquier otro ciudadano. ¡No caiga en la “falacia del hombre de acero”!

Pues Casado et al. basan su libro entero en las supuestas “obligaciones éticas incumplidas por periodistas”. Casado: también las incumples tú constantemente en tu libro. Y seguramente yo también aquí. Pero la diferencia es que no creo que sean obligaciones: tanto tú como los ciudadanos conocidos como periodistas usan su libertad de expresión, imperfectamente como todo ser humano.



Casado, analizando el financiamiento externo de Fundamedios (Casado nunca analiza el hostigamiento económico del gobierno a los medios, dándoles sólo publicidad estatal a los medios complacientes, o la prohibición-secreta-a-voces de que empresas pauten publicidad en medios opositores, si no quieren enfrentarse a la pesada mano gubernamental), conversa con Ricaurte:

Fernando Casado: Pero ¿no crees que quizás Estados Unidos tiene una agenda en la región y en todo el mundo?

César Ricaurte: Por supuesto.

F.C: Y quizás no ayuda mucho a la causa de Fundamedios relacionarse con ciertos actores que claramente tienen una agenda… ¿No puede perjudicar en cierta medida los fines, los objetivos precisamente de la defensa de libertad de expresión verse con ese actor? Hay una confrontación entre Correa y los Estados Unidos. ¿No perjudicaría mucho a Fundamedios?

Casado seguro se refiere a recibir financiamiento de agencias internacionales podría afectar su credibilidad, pero suena a amenaza: “Hay una confrontación entre Correa y EE.UU., y te financian agencias de EE.UU…. ¿Te podría perjudicar que te financien nuestros adversarios?”

Bastante malo es que el discurso pro-gubernamental se parezca a una escena de El Padrino, pero Casado parece olvidar que el gobierno ecuatoriano también tiene su agenda propia (básicamente, mantenerse en el poder), agenda que no necesariamente coincide con los intereses de la sociedad, ¡o por lo menos con los de la oposición, que es una parte significativa!

Casado, muy hábilmente, trata de presentar como perjudicial a Fundamedios una asociación que en realidad es perjudicial para el gobierno de Correa. Maestro en red herrings, Casado.

«No podemos olvidar que Fundamedios juega un rol activo en el desprestigio internacional del gobierno de Correa en materia del derecho a la libertad de expresión», afirma Casado. ¡Dios! Según Casado, no son los actos autoritarios del propio gobierno los que lo desprestigian —actos recogidos para la posteridad en numerosos libros— sino que el malévolo Fundamedios los revele. ¡Pobrecito monopolio de violencia, es víctima de una fundación! Ridículos.

Luego Casado habla de periodistas que han migrado a plataformas digitales, y se refiere a ellos peyorativamente:

son periodistas provenientes de medios tradicionales, algunos de ellos expulsados como consecuencia de utilizar sus espacios informativos o de opinión con fines proselitistas anticorreístas que acabaron por ser intolerables por sus jefes, otros desempleados tras el cierre de empresas por malos manejos administrativos como en los casos del diario Hoy y la revista Vanguardia.

Casado ignora, u oculta, la prohibición-secreta-a-voces de contratar a periodistas incómodos con el poder —Carlos Vera, Jorge Ortiz, Juan Carlos Calderón, Cristian Zurita, Martín Pallares, entre otros— si los medios no quieren disgustar al poder y enfrentar “casualidades” como visitas constantes de inspectores de trabajo, de impuestos, del seguro social, de la superintendencia. “¡Pruebas!”, pedirán Casado y Cía. Las ofreceremos cuando los ladrones den recibos.

Es poco noble también atribuir a “malos manejos administrativos” la desaparición de diario Hoy y la revista Vanguardia, que en dos ocasiones sufrió la confiscación de sus computadoras y archivos (!) por conflictos con funcionarios corruptos de la función ejecutiva, no con la judicial; esto, con un despliegue policial totalmente desproporcionado, con agentes en armadura completa y rostros cubiertos, armados hasta los dientes; allanamientos e incautaciones que “casualmente” coincidían con la publicación de severas denuncias contra altos funcionarios.

Respecto a los conflictos laborales que surgieron por una situación económica difícil en esos medios, el gobierno ya experimenta una situación similar: no le alcanzan los ingresos para pagar sueldos, ¡y despedir sería aún más caro! ¡El gobierno pierde menos dinero manteniendo a un personal al que no se puede pagar! El gobierno, “el más frío de los monstruos fríos” (Nietzsche), engendro totalmente desprovisto de empatía, por fuerza de las circunstancias experimenta la rigidez de sus propias leyes, como los privados.

También se ignora entre los oficialistas la inevitable tendencia gubernamental a la paradoja: obtener resultados contrarios a los que espera. Por tratar de acallar las voces disonantes en la prensa tradicional, la impresa, buena parte de los periodistas de prestigio y sus lectores fieles migraron a medios digitales, que por ahora escapan del ámbito de competencia de la Ley de Comunicación; con cifras de lectoría que ya quisieran medios tradicionales (y ni hablar los públicos).

En la pág. 40 Casado otra vez vuelve a aplicar la falacia del “hombre de acero” al periodismo. Al criticar a 4 pelagatos, dice:

Muchos de sus textos no han sido más que un instrumento de liberación de la ira y del desprecio a través del insulto. Una verdadera “lectura analítica del acontecer nacional” dejaría de lado las ofensas, las burlas y las difamaciones para dejar paso a un debate respetuoso, basado en asuntos de interés público y no en meras especulaciones.

Mutatis mutandis: lo escrito por los 4 pelagatos no sería “verdadera lectura analítica”; sería sólo “meras especulaciones”. La opinión de Casado es un insulto a la inteligencia de los miles de lectores de 4 pelagatos que opinan lo contrario.

En la siguiente página Casado termina de regarla. Casado opina que «en términos generales el presidente del país debería estar metido en todo lo que sea de importancia para la ciudadanía; no entendemos que dicha actitud pudiera ser calificada como hiperpresidencialista».

Haría bien Casado en esforzarse en entenderla, para no andar defendiendo gobiernos que han sido constantemente denunciados como autoritarios. La concepción del poder de Casado, como potestad auto-justificante —“tengo el poder, así que puedo usarlo para meterme en lo que yo considero importante, eso no tiene nada de ‘híper’”— contrasta diametralmente con quienes creemos que, en una república, el poder debe concebirse como servicio, y ha de ser limitado, sujeto a contrapesos, constantemente supervisado, criticado e impugnado, etc. Y por supuesto que ha de existir una amplia esfera privada en la que no “esté metido” el presidente.

p.41:

Marlon Puertas afirma que Focus contiene «información durísima, muy dura, muy dura, muy fuerte, información que por la Ley de Comunicación vigente sencillamente no puede salir en otros lados». Casado opina:

Puertas pretende justificarnos que la falta de contrastación de la información por la imposibilidad de entrevistar a voceros oficiales impediría su publicación por mandato legal. Puertas o bien no conoce la LOC, o bien pretende darnos una idea equivocada de la misma, pues si una fuente no quiere participar y dar su versión en una información determinada, esto no tiene por qué detener su salida a la luz pública.

Mas Casado supone que Puertas afirma que esa información no puede salir en medios tradicionales únicamente debido a que no puede ser fácilmente contrastada. De paso Casado admite la dificultad que supone obtener pronunciamientos de funcionarios. ¡Pero Puertas nunca se refirió a eso!, al menos no consta en el texto citado por Casado.

No voy a pretender leerle la mente a Puertas, pero publicar denuncias duras en medios tradicionales es convertirse en “presa fácil”, sitting duck, del gobierno. Recordemos el caso de Vanguardia: allanada dos veces, y lo que hacen los funcionarios presidenciales (no judiciales) es confiscar computadoras, discos duros y archivos por presuntos litigios laborales.

El gobierno, consciente de que diario Hoy ya sufría dificultades económicas, lo multó con $58.000 con la intención de quebrarlo, por supuestamente no informar del tiraje; pese a que la LOC no establecía multa alguna, sino sólo obligación de disculparse. Poco después de impuesta esa impagable multa, diario Hoy salió de circulación.

No olvidemos tampoco que la Supercom multó a diario Extra con más de 150.000 dólares por supuestamente incumplir con la interculturalidad, aunque más bien el diario afirma que es represalia por las severas denuncias de corrupción publicadas por el diario Expreso —hermano del Extra— tan sólo dos semanas antes… ¿Casualidad?

Sin olvidar que, pocas semanas antes de la publicación —cuando puede suponerse que la investigación estaba en curso— ladrones ingresaron a las oficinas de diario Expreso en Quito, y se llevaron específicamente las computadoras de los redactores de política y de la editora, ignorando los demás artículos de valor. Los encapuchados recorrieron la redacción de diario Extra, sin llevarse nada, para dirigirse luego a la de Expreso, donde sustrajeron las computadoras…

Con todos antecedentes, ¿Casado cree que no publican las investigaciones “sólo porque los funcionarios se niegan a contrastarlas”? Eso indica una negligencia imperdonable en conocer la historia reciente y el gangsteril proceder del gobierno con el que Casado colabora, o la intención de engañar al lector, ocultándole información. Ninguna de las alternativas es halagüeña para Casado.

Continúa Casado refiriéndose a Fernando Villavicencio, denominado en redes sociales “el verdadero contralor del Ecuador” por las numerosas denuncias de corrupción que ha hecho en contra de funcionarios de alto nivel:

Basta escuchar la animadversión por parte del responsable del blog, Fernando Villavicencio al gobierno de Correa para darse cuenta de su postura claramente opositora. Pensar que ésta no contamina el contenido de sus publicaciones sería un acto de verdadera ingenuidad.

¡Wow! ¡Algo muy malo ha de suceder porque quien escriba sea opositor! Claro que no. En vez de analizar si lo que publica Villavicencio es verdad o no, más cómodo es un ad hominem y listo: ¡huelga la lectura, huelga el análisis!

Casado menciona sin detenerse a analizarlas las gravísimas acusaciones de M. Puertas, que afirma que quienes compren publicidad de medios en línea de abierta oposición enfrentarán represalias del gobierno. Culmina expresando, refiriéndose a Villavicencio: «El activismo político de quien aparece para la campaña presidencial de principios del año 2017 al lado del candidato de derecha y banquero Guillermo Lasso, es innegable».

Ése es el verdadero problema para Casado: que un periodista sea opositor. Sólo los periodistas opositores, para Casado, son ciudadanos de segunda: no “tienen derecho” a participar en la organización de la sociedad. Que periodistas afirmen que el gobierno persigue a quienes financian empresas periodísticas de oposición, es algo que no merece comentario alguno de Casado.

Casado consigna la crítica de Carlos Rabascall, acaso junto con Vallejo los únicos periodistas de medios públicos que se dan el lujo de ser críticos con el gobierno:

Si yo salgo en un medio público y hago [una] crítica vienen los señores tuiteros adeptos al gobierno central y me hacen mierda, por qué, porque aquí se pone la etiqueta si eres privado eres independiente, pero si eres público tienes que ser gobiernista porque te está pagando el Estado. ¿Acaso yo tengo que renunciar a mi capacidad de pensamiento crítico porque alguien me está pagando mi honorario a cambio de mi trabajo? A mí me pagan para hacer mi trabajo bien, no me pagan para ser cheerleader de nadie y en comunicación uno tiene que tener pensamiento crítico independiente.

Para Casado lo inusual no es que haya trolls, sino que se “especule” que «los trolls son figuras creadas por el gobierno central para amedrentar a los periodistas y medios “críticos” e “independientes”. Sin embargo, durante las entrevistas a periodistas tanto de medios públicos como privados estos denunciaron ser víctimas de tales personajes».

¿Ven la falacia? Sería falso que los trolls son creados por el gobierno, pues también atacan a periodistas de medios públicos…, pero sólo cuando criticaron al gobierno. Los trolls atacan a quien se atreve a criticar al gobierno, venga de donde venga. Cui bono?

Que un gobierno dedique recursos a oscuros funcionarios anónimos cuya tarea es insultar a los ciudadanos críticos, en cualquier república sería un escándalo. Pero Ecuador no es una república.

Casado finalmente admite sin reparos que no le gusta que haya periodistas de oposición:

Para algunos periodistas la toma de partido por parte de los medios de comunicación transmuta en un fenómeno legítimo o ilegítimo según de dónde venga. A Martín Pallares le parece “perfectamente normal y legítimo” que los medios estén divididos a favor y en contra del gobierno, ya que “eso pasa en todo el mundo”, principalmente en los países más desarrollados como Inglaterra donde “la prensa es completamente partidista y eso no tiene nada de malo” (Entrevista personal N° 3. Septiembre de 2015). Sin embargo —matiza—, cuando el partidismo viene de un medio público “se hace con dinero público, lo cual para mí es una malversación de fondos, es un uso inmoral, ilegítimo e ilegal de los fondos públicos”, a diferencia del partidismo en medios privados, visto como “el ejercicio de la libertad de elección del dueño y de quien compra El Comercio, El Universo y La Hora”.

He ahí una vez más la total incomprensión de Casado et al. sobre la función de los medios públicos. ¿Acaso el presidente sólo está llamado a servir a quienes votaron por él, a sus seguidores? Claro que no: se supone que debe servir a todos los ciudadanos, pues todos son sus mandantes; lo contrario vendría a significar que hay ciudadanos “de primera clase”, los partidarios del oficialismo, y ciudadanos “parias”, de segunda, meramente tolerados: los opositores.

De la misma manera, los medios públicos deberían recoger las voces de toda la sociedad, no sólo de partidarios del gobierno; deberían presentar enfoques y opinión que interesen a todo el espectro político, y no convertirse en apólogos de las opciones de una parte de la sociedad con los impuestos de todos.

Continúa Casado:

La diferencia de Ecuador respecto de los países occidentales del centro radica es que aquí todos los medios privados en bloque adversan al gobierno, no existe en ese sentido una pluralidad partidista de posiciones.

Como dijimos antes, nadie impide a los correístas —muchos los hay muuuy prósperos— reunir sus capitales e instalar medios privados oficialistas para contrarrestar a la oposición. Así se ha hecho siempre. ¿Por qué usar los recursos de todos —los impuestos— para los intereses de algunos?

Mas sabemos que quienes se acercan al gobierno no lo hacen con la idea de “sacrificarse sirviendo al pueblo”, sino con la de enriquecerse, por lo menos con los sueldos-sobreprecio que reciben. Jamás se ve que un estatista gaste su dinero en el servicio del público; a lo mucho lo invierten, con la idea de multiplicarlo en el ejercicio del poder.

Casado al parecer cree haberse anotado un tanto con César Ricaurte:

Fernando Casado: ¿Cree que los medios privado toman partido a favor de la oposición al actual gobierno?

César Ricaurte: sí, puede ser, si fuera así sería legítimo porque tú puedes decir yo creo en los valores republicanos tradicionales, en la separación de poderes, etcétera, y veo que este gobierno no representa eso, por lo tanto voy a oponerme. Creo que eso es legítimo. Ahora lo que tú decías ¿Eso se tendría que explicitar en las líneas editoriales? Sí, probablemente sí, pero en el mundo real las cosas son un poco más complejas.

De acuerdo con el probablemente sí, no más; la gente no es tonta, el lector fácilmente encuentra sesgos. Basta leer los comentarios en redes sociales a las publicaciones de los medios, oficialistas o no: los lectores dejan clara su inconformidad con los sesgos. La multitud de faltas ortográficas dan la impresión de que aún lectores poco sofisticados no creen a pies juntillas lo que publican los medios. Así que si un medio desea expresar claramente su línea de opinión, bien por él; basta con que sea, y parezca, independiente. Del poder.

Esa es otra cosa que son incapaces de comprender Casado y cía: «Opiniones como las de Pallares y Ricaurte según las cuales el oposicionismo de los medios privados es un hecho legítimo, contradice la supuesta independencia editorial alegada por dichos medios, valor que ha sido defendido por sus dueños y demás periodistas en casi todas las entrevistas realizadas y que, además ha sido sacralizado en sus respectivos códigos deontológicos».

¡La independencia siempre se ha considerado como independencia del gobierno en funciones! Si, como recordaba Enrique Ayala, el surgimiento de diarios privados iba de la mano de proyectos políticos, la independencia de esos medios se refiere al hecho de que no estaban a favor del “monopolio de violencia” en funciones, y que uno podría encontrar en sus páginas revelaciones que el poder preferiría que no trascendieran. Pero eso no lo entiende un profesor del Instituto de Altos Estudios Nacionales.

Hinostroza afirma: «Los medios han sido siempre súper críticos, incisivos, perseguidores de quienes están en el poder, porque ese es nuestro deber, esa es nuestra tarea, mantenernos fuera y mirar, analizar, documentarnos, publicar y poner el dedo en la llaga». Casado comenta: «Una forma épica y plausible de describir la labor periodística, pero que lastimosamente no se corresponde con la realidad del periodismo ecuatoriano, donde la prensa privada se ha mostrado bastante complaciente con el poder político y el económico-financiero cuando de defender sus intereses se trata».

Me pregunto cómo nos enteramos los ecuatorianos de los escándalos que han plagado continuamente la política ecuatoriana, sino por los medios privados. Incluso cuando los medios privados hacían apología desvergonzada de los intereses de sus dueños —El Telégrafo en la época de Aspiazu, TCTV en la de los Isaías— por más desagradable que resulte la experiencia, el lector ha de buscar la verdad entre el mal gusto; no necesariamente miente en su reportería quien recoge lo que le beneficia y disimula lo que le perjudica.

Otra cosa es mentir descaradamente, como recoge esta muestra de ochenta titulares de medios públicos que no corresponden con el texto del artículo.

El no-problema del sesgo en los medios privados se resuelve fácilmente con la pluralidad de medios: lo que no desean publicar unos, lo harán otros. Así sucedía en casos mencionados en el párrafo anterior; las diferencias de intereses regionales garantizaba que un lector que se tomara la molestia de leer varios diarios o ver varios noticieros tuviera acceso a distintos puntos de vista.

Casado por supuesto no menciona al “gorila de 800 libras en la habitación”: lo que nadie se atreve a publicar en medios tradicionales, por miedo a represalias del gobierno. Unas cuantas ya mencionamos. De ahí la migración de buena parte del periodismo de investigación al internet, y así como los periodistas cuidan a sus fuentes manteniéndolas en reserva, por la misma razón los periodistas que migran a plataformas digitales mantienen en reserva sus financistas, para evitar represalias del poder.

Eso jamás se le pasa por la mente a Casado, por supuesto.

Otra cita textual mostrará cómo los estatistas emplean una dialéctica peculiar. Si hemos sostenido que no es legítimo que el gobierno use recursos de todos para defender intereses de unos cuantos —los que defienden al gobierno— y que los medios alternativos privados intentan mantener en reserva no sólo sus fuentes periodísticas, sino también sus fuentes de financiamiento, para evitar represalias del gobierno, un estatista razona así:

Robinson Robles, estima que la legitimidad de estos medios [públicos] viene precisamente de su financiamiento por parte del Estado, a diferencia de los medios privados cuyos financistas muchas veces son desconocidos y ocultados, lo que coloca a la información en una posición de mayor fragilidad.

¿¡Qué!? ¡Si que sean financiados por todos, para beneficio de pocos es precisamente la mayor objeción que se les hace! ¿Y Robles cree que eso les da “más legitimidad” sólo porque “se conoce su fuente de financiamiento”? ¿Y que la información es más frágil si viene de medios privados, sólo porque no siempre se conoce quién los financia? ¿Acaso el gobierno no tiene intereses? ¿Acaso los funcionarios siempre dicen la verdad? ¿Acaso los periodistas de medios públicos están libres de sesgo y de spin? Claro que no.

los que trabajamos en medios públicos sabemos que éste representa al Estado quien lo financia, el medio público tiene esa legitimidad. Un medio privado representa a quien sabe quién, financiado por quién sabe y con unas líneas editoriales de quien sabe quién. Ahí es cuando existe una mayor fragilidad de la información, la posibilidad de que se manipule, allí irónicamente en los medios llamados libres e independientes. Mira tú la gran contradicción, los que más ocultan a sus financistas, sus orígenes, sus agendas políticas, son los que manipulan la información.

Falacia tu quoque de manual: devolver la acusación. Ya se ha mencionado que los estatistas identifican estado-gobierno-partido, cuando en teoría el estado incluye también a los ciudadanos opositores, y el gobierno también debería servirles a ellos, no sólo a los favorables al partido. Y esa visión “angelical, pura e ideal” del estado-gobierno-partido tal vez convenza a los lectores decimonónicos de Hegel, pero es totalmente anacrónica en pleno siglo XXI. Después de todo lo que hemos visto hacer a los estados… La cosa es que los medios públicos, precisamente por públicos, han de estar sujetos a un escrutinio más severo.

Continúa Casado:

A diferencia de sus colegas de medios privados, quienes defienden su posicionamiento político como legítimo, Robinson Robles reflexiona sobre la necesidad de que “los medios públicos dejen de ser tan gobiernistas para ser más ciudadanos, hay que soñarlo, aunque posiblemente sea una utopía”.

Los estatistas ignoran algo llamado asimetría. Acusan de hipócritas a los medios privados: “ustedes sí se permiten participar en política, mientras que a los medios públicos pretenden negarles tomar partido a favor del gobierno”. Bueno, mientras los medios públicos se financien vía impuestos —no “voluntarios”— y su financista tenga esa herramienta llamada monopolio de violencia, pues estamos en presencia de una asimetría monstruosa.

Así como los funcionarios públicos están sujetos a mayor escrutinio de la sociedad y tienen muchos de sus derechos limitados en lo que atañe al ejercicio de sus funciones (véase por ejemplo los límites a tanto defender penalmente la honra como a su derecho a la privacidad) los medios públicos han de estar sujetos a limitaciones más estrictas: ya que todos los financiamos, han de servir los intereses de todos. Aquellos ciudadanos militantes del oficialismo siempre pueden usar su capital para fundar los medios privados oficialistas que crean convenientes.

Si partimos de esa concepción: de que los ciudadanos tienen el derecho y la obligación de interpelar al poder, que se supone es servidor, no amo; y de que lo pueden hacer individualmente o asociándose, los medios privados serían asociaciones de ciudadanos que interpelan y fiscalizan al poder.

El gobierno debería entonces ver a los medios privados como mandantes que exigen rendición de cuentas, amparados en la constitución; no como adversarios o enemigos. Sería terrorífico que el gobierno considere enemigos a grupos de ciudadanos que no han cometido ningún delito y que simplemente usan las facultades que les garantiza la constitución, ¿verdad? Lamentablemente eso sucede.

Dice Casado:

Para Ricaurte, quien es un gran defensor de los medios privados, estos son agredidos por el gobierno, lo que pareciera haberlos obligado a reaccionar. Sin embargo, la versión desde el gobierno es justamente la contraria, y estudios hemerográficos le dan la razón.

Muy sutilmente, casi sin darnos cuenta, como de pasada, encontramos aquí la justificación de un estado que considera como agresores y enemigos a grupos de mandantes. Ricaurte afirma que los medios privados son agredidos por el gobierno; Casado afirma que es lo contario, que el pobre gobierno es agredido por los medios.

De ahí que Casado justifique la reacción gubernamental con la asimetría que le es propia: el estado se “defenderá de las agresiones” empleando herramientas de las que no disponen sus “agresores”: 1) impuestos cobrados a todos, incluso a los “agresores”; 2) legiones de complacientes burócratas (incluyendo intelectuales orgánicos como Casado, dispuestos a intentar justificar con falacias cualquier acción estatal); 3) el monopolio de violencia, que le permite aprobar leyes que cumplan su deseo de sancionar a los medios privados (Ley de Comunicación) y nombrar los jueces que han de hacerlo (Carlos Ochoa, nombrado de una terna enviada por el propio presidente).

Hay que decirlo una vez más: el gobierno en una república se supone que es servidor y mandatario, de los ciudadanos; los ciudadanos son los amos, los mandantes. El gobierno no ha de comportarse como amo. El gobierno no ha de pretender “castigar” ni “reaccionar” ni “defenderse” de los ciudadanos que lo interpelan y fiscalizan y exigen cuentas; eso no son agresiones, sino derechos de los ciudadanos, quienes lo pueden ejercer individual o colectivamente.

Si ciudadanos individualmente o en grupo cometen delitos, pues se espera del gobierno que sean sancionados. Pero interpelar/fiscalizar/exigir cuentas del gobierno son derechos ciudadanos, no delitos; por lo tanto el ejercicio de esos derechos debe ser protegido, y el gobierno no debe defenderse del ejercicio de derechos de sus mandantes, más bien debe protegerlos, aun cuando no le convengan a sus intereses. (recordémoslo una vez más: los gobiernos también los tienen, y el primero de ellos es conservar y aumentar su poder; lógicamente ese interés no siempre coincide con el interés ciudadano)

Casado se pregunta: «¿Defienden entonces todos los periodistas a capa y espada la necesidad de tener una pluralidad de voces en su medio privado de comunicación? Probablemente no a la luz de la realidad». Bueno, pero es como pedirle a un abogado que defiende a su cliente: “¿Acaso se ha tomado la molestia de presentar la versión de la contraparte? ¿No le da vergüenza ser tan parcial?“. Cualquier abogado le responderá: “No sea ridículo, ése es trabajo de la contraparte, pues”.

¿Acaso se le pide a un anunciante “Ud. no presenta en su anuncio los beneficios del producto de la competencia. Su anuncio no es contextualizado ni imparcial”? ¿No es eso ridículo? Pues la pluralidad de voces no es algo que se le pueda exigir a un medio; es como pretender obligar a alguien a expresar una idea que no le nace; eso no es libertad de expresión, por donde se lo vea. La pluralidad de voces ha de venir, no de un solo medio, sino de la pluralidad de medios existentes.

Por eso afirmo que si los gobiernistas desean expresar su ángulo de las noticias, deberían fundar su medio gobiernista con su propio capital. Pero claro, nadie quiere arriesgar su dinero en un negocio con tan pocas garantías de éxito; más fácil es usar el monopolio de violencia y el dinero de los impuestos en medios con exigua audiencia. Pero es una malversación de fondos.

Continúa Casado su cruzada contra la mala prensa:

Otra de las técnicas de la prensa partidista es la sobreexposición negativa de personajes estereotipados como “malos” y el solapamiento de los “buenos”, una práctica naturalizada en muchas salas de redacción. En el caso concreto de Ecuador, personajes como Correa y su gobierno son los malos de la película y actores como Mauricio Rodas y Jaime Nebot serían los buenos.

Cabe preguntarse si lo “malo” de un político dependerá sólo “del cristal con que se vea”, y no de los actos del funcionario. Las críticas contra el gobierno en funciones han sido diarias, y en ocasiones sobre cuestiones muy severas.

Además, respecto a funcionarios municipales, que es cierto en ocasiones reciben tratamiento favorable de los medios, cabe recordar de nuevo la asimetría. Los municipios tienen un poder muy pequeño comparado con el del estado central. Los policías municipales no andan armados (menos mal), en comparación con las invencibles FF.AA. y policía; el concejo municipal no puede expedir ordenanzas en contra de la constelación de leyes ordinarias que crea el gobierno central; los presupuestos son mucho más reducidos, no pueden contar con legiones de burócratas serviles, etc. Además que difícilmente un municipio se propone metas “románticas” como “refundar el país”, “instaurar el socialismo”, “el buen vivir”, etc.; los ciudadanos esperan de ellos servicios públicos que funcionen, y poco más; en el municipio más fácilmente ve uno un servidor, empezando porque el alcalde probablemente vive cerca de los vecinos.

En cambio los ciudadanos poco enterados miran al estado central con una mezcla de admiración y temor reverencial. Es más fácil que lo vean como autoridad, como amo, que como servidor; y los funcionarios adoptan ese papel con gusto. De ahí que tengan expectativas más elevadas de lo que “debería” hacer el gobierno central. Ese papel sobredimensionado, más el verdadero monopolio de violencia —y hordas de burócratas, legiones de soldados armados, un presupuesto incomparablemente más grande que el de cualquier individuo o empresa o municipio, el poder de aprobar leyes— hace que el abuso pueda ser proporcionalmente mayor; de ahí que de ordinario se les critique más.

«¿El bueno es bueno, o es lo que consideramos bueno?», se pregunta Casado. Hablando de funcionarios que tienen en sus manos el monopolio de violencia, mejor pecar de excesivamente escrupulosos, a ser complacientes con el poder. No todos los ciudadanos estarán de acuerdo siempre con qué político es “bueno” o “malo”; de ahí la importancia del libre flujo e intercambio de ideas y jamás permitir que funcionarios ataquen la libertad de expresión, sea limitándola, sea imponiendo la expresión de ideas con violencia, que es lo que hacen ahora los gobiernos autoritarios y Casado defiende.

Dice Casado:

periodistas de medios públicos como Alex Mora, de la televisora pública Ecuador TV, admite sin tapujos que “un medio público tiene que acompañar un proceso político”.

Como mencionábamos antes, para los estatistas/izquierdistas todo es lo mismo: partido, gobierno, estado. Si llegan al poder, automáticamente el gobierno es de izquierda; la noción de respetar las opciones ajenas no existe. Quien no haya votado por ellos ni los apoye o peor aún (¡horror!) se les oponga activamente, automáticamente se excluye del estado; se convierte en algo así como en un paria, un “cáncer” en el cuerpo social, cuando no en un elemento subversivo.

No, señor Mora. Si es financiado con los impuestos (no “voluntarios”) que pagan todos, un medio público debería servir a todos los ciudadanos, incluso si se oponen activamente al gobierno en funciones.

[Mora] Propone finalmente una ley que otorgue a dichos medios una independencia económica y los distancie del gobierno.

Ah, los estatistas/izquierdistas y su fascinación con el monopolio de violencia. Lawrence Reed lo llama “El síndrome de aprobar leyes”.

Le tengo una noticia bomba al Sr. Mora: ¡no es necesaria ninguna ley!; Ud. y sus extremadamente prósperos amigos del gobierno pueden reunir sus capitales y fundar un medio privado de línea oficialista hoy mismo.

Por supuesto que no lo harán. Todo socialista es amigo de redistribuir lo ajeno, no lo propio. Nadie tan avaricioso como un socialista; jamás gastará su dinero en causas nobles.

Una mención aparte merece la aparente incapacidad de Casado de detectar la ironía. Un ejemplo es el artículo “Quito sobre Ruedas con Rodas” y otro es una caricatura de Bonil, “¡La obra continúa!”, donde al parecer no notaron que los pies de Nebot no tocan el piso.

nebot-LFC

Ironía que no escapó a otro autor justificador de autoritarismos.

Hablando de los innegables problemas del periodismo, Casado luego de reconocer que los valores del periodismo son «quimeras inalcanzables», afirma que:

La falta de pluralidad que impera en los medios de comunicación privados … tiene relación directa con la ideología liberal y capitalista que profesan. El predominio de esta ideología se debe a que los medios de comunicación son empresas capitalistas cuyo fin último es el lucro a través de la venta de un intangible llamado información y espacios de publicidad a otras empresas que también comparten esta misma ideología. En consecuencia, los opinadores y articulistas deben ser seguidores obligatoriamente de esta ideología.

¡Wow! ¡Non sequitur! Hablar de que «los opinadores y articulistas deben ser seguidores obligatoriamente de esta ideología [capitalista liberal]» es falso. La línea progre predomina en los artículos de opinión; muchos articulistas de izquierda critican implacablemente al gobierno. Qué, ¿acaso un gobierno que se dice de izquierda es automáticamente inmune o invisible a las críticas de la propia izquierda?

Casado a continuación cita una estadística donde parece suponer que “si criticas a un gobierno que se dice de izquierda, es porque eres un neoliberal capitalista liberal”. ¿Casado siquiera toma en cuenta la posibilidad de que haya cosas criticables del gobierno? Tantas que incluso muchos movimientos y territorios tradicionalmente afines a la izquierda prefirieron votar en las últimas elecciones por la derecha, antes que por el gobierno actual. Por autoritario. Tan mal lo ven algunos; tan poco fiel a lo que consideran principios de la izquierda. Pero para Casado, hacer eso es ser “capitalista que prefiere el lucro al ser humano”. ¡Eso es una falacia ridícula!

Así como tomar en cuenta varias fuentes es deseable para que un lector se forme y exprese una opinión de mejor calidad, pero nadie justificaría obligar a ese lector bajo amenazas a hacerlo, que los medios usen varias fuentes es aconsejable y deseable, pero pretender usar la violencia estatal para obligarlos a hacerlo es inaceptable.

Las empresas son asociaciones de personas. Esas personas tienen libertad de expresión; ¿acaso la pierden al asociarse? Todos nos escandalizamos cuando Galileo fue obligado bajo amenazas a expresar una idea con la que no estaba de acuerdo ni quería expresar (y que era falsa). Sin embargo Casado y otros están más que dispuestos a usar la ley y jueces para obligar a los medios a expresar ideas que el gobierno considere “plurales y contextualizadas”. ¡Los ciudadanos no pierden su derecho de libertad de expresión —que incluye el derecho a no expresar ideas, si no quieren— por asociarse!

—Opino que el gobierno hizo mal en el asunto “A”— dice un ciudadano.

—¿Has pensado que el gobierno acertó en el asunto “B”? —replica Casado, y continúa: —De hecho, voy a ir donde el comisario para obligarte a decirlo.— Bastante facho, ¿verdad?

—El gobierno hizo “A”, que podría traer problemas— publica una asociación ciudadana, una empresa periodística. —Pero hemos hecho “B”, que es bueno— replica el gobierno, y sigue: —Tendrás que publicar que hemos hecho “B”. Además me tienes que dar un porcentaje de tus ingresos porque me has hecho “linchamiento mediático”. No sólo eso: pondré juicio penal al periodista y los directores, y les pediré una indemnización equivalente al valor de toda la empresa.

Suena ridículo y exagerado, ¿verdad? Pues todo eso ha hecho el gobierno ecuatoriano. No solo obliga a publicar réplicas, sino que impone la publicación de contenidos.

¿De dónde tanto afán por obligar a un medio que diga lo que no quiere? Recordemos al tribunal de la inquisición obligando a Galileo a afirmar, bajo amenazas de tortura y muerte, que el sol gira alrededor de la tierra. ¡Absurdo! Pero tal es la demanda de los izquierdistas hoy en día.

Recordemos el martirio de cristianos, en la Roma antigua, o de cristianos japoneses y misioneros jesuitas en el Japón feudal. Como narran las Actas de los Santos y la reciente película Silence de Scorsese, los burócratas gubernamentales encargados de aplicar las sanciones de tortura y muerte a los cristianos se esforzaban en lograr un testimonio de apostasía aunque fuera falso.

“Tan sólo pon tu pie sobre esa imagen de la virgen María. No importa si no lo crees en tu interior; no importa si es un gesto vacío. Pon el pie y serás libre”. “Pon estos granos de incienso en el altar del César. No importa si no crees. No importa si por dentro estás adorando a tu dios. Tan sólo pon estos granos de incienso y salva tu vida”. “Di las palabras de apostasía frente a mí y estos testigos. No importa si tu expresión es sincera o no. Si no lo haces, serás torturado y ejecutado”.

Por supuesto, algunos lo hacían y salvaban la vida; otros fueron torturados y ejecutados, como ordenaba la ley de Comunicación de entonces.

Las leyes de ese entonces, como la ley de comunicación de hoy, no se interesan por “la salud espiritual del pueblo”, hoy denominada “derecho a estar bien informado”; su objeto propio es la sumisión al poder en funciones.

Al poder no le interesa si los periodistas obligados a rectificar creen o no en “la rectificación”; al poder no le interesa convencer a los periodistas y medios a quienes obliga a publicar noticias o ángulos de su interés, de hecho no le importa si los periodistas del medio obligado las creen o no; le interesa dos cosas: 1) asegurarse la sumisión, y 2) lograr la difusión de las ideas favorables a la permanencia del poder actual. Así fue en el siglo I de la era cristiana; así era en el Japón del siglo XVII; así es en el Ecuador del siglo XXI.

Como vemos, el estado es adepto a emplear tecnología de hace milenios: la fuerza bruta y la violencia para lograr la sumisión de los rebeldes.

Independientemente de si se es creyente o no, obligar a alguien con amenazas de violencia a expresar una idea en la que no cree, es una monstruosidad. ¡La propia ley, en Roma, en Japón feudal y en Ecuador, contempla la posibilidad de la expresión hipócrita!

Una ley que desea ciudadanos hipócritas, ¿es una buena ley? ¿Logrará un beneficio social? Claro que no, una ley que admite la mentira, y hasta la promueve, hace tanto bien como una ley que obligara a los ciudadanos a matar o robar. De hecho eso hace el Código Tributario. Pero eso al gobierno no le importa; el prime directive de todo funcionario y burócrata, desde el propio César hasta el último portero, es el siguiente: mantenerme en el cargo y acrecentar mi poder.

(Por cierto, leyes que obligan a ciertos ciudadanos a robar la propiedad de otros, no serán buenas leyes, ni producirán una buena sociedad. Dice mucho que los impuestos y las aduanas sean parte esencial de los estados modernos!)

Un funcionario del gobierno lo expresa sin tapujos:

No nos vamos a doblegar ante los medios de comunicación, si es que los medios de comunicación tienen que llenar sus periódicos de rectificación, y si es que las rectificaciones superan a las noticias, pues bienvenida la Ley Orgánica de Comunicación, al fin los ciudadanos, estoy hablando de los ciudadanos y también como autoridad, tenemos derecho a la réplica, tenemos el derecho a informar adecuadamente a la ciudadanía.

Y eso lo dijo en una audiencia ante el delegado del presidente que debe sancionar a los medios. En el “pensamiento” del gobierno, la réplica no es tal: está destinada a suplantar la voz del otro. Llegando incluso hasta obligarles a publicar mentiras, u otras noticias favorables al régimen cuando no tienen cómo negar la realidad.

Xavier Zavala Egas, en Medios públicos y privados reconoce los problemas de los medios públicos que hemos citado; y aborda la cuestión de la raison d’être de estos medios bastante razonablemente. Incluso se atreve a decir: «la opinión de los empresarios mediáticos sobre lo bueno o malo de un candidato o proyecto político, en relación al país, significa libertad de expresión», lo cual es bastante avant-garde dentro de las filas del oficialismo, pues reconoce a los medios —que, como venimos insistiendo, no son más que asociaciones de ciudadanos— el derecho ciudadano de tomar postura.

No hay por qué ver a las asociaciones ciudadanas con fin de lucro —las empresas— como algo malo. No todos los ciudadanos son tan prósperos como para darse el lujo de poner una fundación que consuma un capital; a la mayor parte de los ciudadanos ese capital les ha costado ahorrarlo, no heredarlo (o peor aún, robarlo, como es tan común en los nuevos ricos funcionarios públicos), por lo que conservarlo es una idea muy razonable. Además, el hecho que haya una rentabilidad implica que hay clientes que desean y buscan ese servicio periodístico; es lo que no entenderá jamás la izquierda, que ven sólo el “egoísta afán de lucro”, pero son ciegos a la existencia de clientes —lectores, suscriptores, anunciantes— satisfechos; ¿o en el fondo envidian esa demanda que jamás tendrán?

Lamentablemente en el último párrafo sucumbe a la tentación autoritaria de toda la izquierda: «Sin embargo, no cabe invocar tal principio [de la libertad de expresión] cuando nos referimos a la ausencia de verificación, contrastación o contextualización en el hecho difundido como noticia». De nuevo el bait and switch, el red herring totalitario: “como tu profesión es tan sublime, importante y necesaria, vas a tener menos derechos. Sólo puedes expresarte si es de manera verificada, contrastada y contextualizada; de lo contrario, más vale que te calles. Por supuesto, yo, gobierno decidiré cuándo una expresión ha sido verificada y contrastada. Medita bien en lo que vas a decir; sería una lástima que enfrentaras sanciones por excederte en tu limitada libertad de expresión…”.

Eso es por supuesto inaceptable. Cuando el discurso gubernamental se asemeja al del mafioso cliché de las películas, mal andamos. No hay “ciudadanos de segunda clase” con menos libertad de expresión. En el antiguo sistema de castas, quienes hacían los trabajos más duros eran los parias, considerados “de segunda”. En nuestras republiquetas bananeras, quienes hacen un trabajo supuestamente tenido como “sublime, necesario e importante” como informar, ¡también son considerados “de segunda”, con menos derechos! ¡No hay espacio para castas en una república! Igualdad ante la ley, ¿recuerdan?

Otro articulista, Roberto Follari no anda con medias tintas y deja clara su posición en Los medios son todos públicos. «Los medios de comunicación de propiedad privada cumplen función pública». De nuevo la treta. No nos dejemos engañar: toda actividad social cumple una “función pública”. Quien vende hortalizas o carne en los mercados debe cumplir ciertos estándares de calidad. ¿Pero saben qué? También se vende hortalizas y pollos y pescado en la vía pública, sin control alguno. Cualquier comprador medianamente competente sabe escoger productos de calidad, o si consiente en llevar mercadería de menor calidad, pedirá una rebaja. Si el pescado o los aguacates están podridos, eso se nota; nadie los comprará.

Utilizan frecuencias otorgadas por el estado, sirven a cubrir la necesidad de información de la población, gozan de la permisión social para ser difundidos.

Este es el bait.

Quienes venden en los mercados municipales cubren la importantísima necesidad de alimentación de la población; y también lo hacen bien quienes venden en la calle, sin regulación alguna. Intenta vender mercadería dañada; nadie te comprará. Regulación o no, siempre habrá quienes la evadan, de ambos lados: oferta y demanda. Regula demasiado en los mercados: la gente comenzará a comprar y vender en las calles. Regula demasiado a los medios; aumentarán los chismes vía Whatsapp, que no pueden regularse. Resultado: peor calidad de la información.

Que su propiedad sea privada, no significa que un medio de comunicación sea como una casa de fin de semana o una hacienda, con la cual los dueños pueden hacer lo que les plazca.

Aquí se viene el switch:

A diferencia de estos casos, la función de los medios privados debe someterse al escrutinio público.

No, aún no llega el switch. ¿No está la función de los vendedores de pollo y legumbres sometida al escrutinio público? Si alguien ofrece mercadería de baja calidad, no tendrá clientes sino a un precio ínfimo, acaso a pérdida, obligándolo a salir del mercado por mediocre. Si alguien vende mercadería mala con engaños, aún si no es denunciado, no volverá a venderla, perderá clientes.

Esto significa que algún control estatal debe existir acerca de en qué medida estos medios cumplen efectivamente función pública.

He ahí la conclusión a la que quiere llegar todo izquierdista-estatista: “la solución a todo problema es más estado. Incluso a los problemas causados por el estado”.

Follari trata de aclarar su posición, oscureciéndola:

no decimos [control] gubernamental, sino de instancias civiles que duren más allá de los gobiernos.

Estatal, pero no gubernamental. Clarísimo. ¿”Instancias civiles”? ¿Con monopolio de violencia? No serían ya civiles, sino estatales.

Lo primero a exigir es que se diferencie opinión de información.

Lamento que Follari tenga problemas en diferenciarlas. De ahí la sugerencia a los periodistas: que todo sea crónica. Jaque mate, estatistas.

Respecto a esta última [la información, vs. la opinión], no es admisible mentir ni difamar en nombre de un pretendido uso de la libertad de expresión.

Eso de que “no es admisible mentir” suena bonito, hasta que uno cae en cuenta que requiere un “ministerio de la verdad” como el ecuatoriano que decida qué es verdad y qué es mentira. Eso es el fin de una sociedad libre.

Respecto a la difamación, toda ley penal ya contenía castigos para la injuria, con la salvedad indicada para funcionarios públicos, a quienes no es delito injuriar, aunque les duela.

Ni tampoco abusar de la adjetivación para dejar mal parados a quienes no se quiera, o para bendecir a los propios.

No sólo huele a censura, sino también a la tolerancia represiva de la que hablaba Marcuse: “no puedes atacarme ni tampoco defenderte. Yo sí”.

Además, se debiera sostener el pluralismo informativo. El cual no es imprescindible que un medio lo tenga dentro de su propio formato: todos los medios tienen su propia tendencia, y hay derecho a tenerla.

¡Bravo, sr. Follari! ¡Plenamente de acuerdo! ¡Pongan atención, progres autoritarios que quieren imponer pluralismo!

Pero hay que declararla, en vez de fingir neutralidad.

Eh… OK. Insisto que el lector corriente, no sólo el enterado, es capaz de notar el sesgo o línea de un medio. Pero bueno.

Y hay que garantizar el equilibrio del conjunto del sistema de medios, para que este garantice igualdad de oportunidades para todas las opiniones político-ideológicas.

Voilà. El llamado a imponer la expresión de ideas, so capa de “igualdad”.

No sólo que eso de que la aplicación concreta de ese “hay que garantizar” activa alarmas —cuando eres el estado, tu única herramienta es un martillo (el monopolio de violencia), así que todo problema te parecerá un clavo— sino que también hay ideas que, si bien no hay que suprimir, tampoco hay que aupar tontamente. Básicamente los llamados a imponer ideas violentamente: el islamismo, el marxismo-leninismo vienen a la mente. “Conoce a tu enemigo”, sí; pero tampoco le garantices propaganda “equilibrada e igual” a su causa, que por cierto no es nada menos que la destrucción de la civilización occidental. ¡No hay que ser suicidas!

Tan “públicos” debieran ser los medios de propiedad privada, que en muchos países —es el caso de Argentina— están en gran medida financiados por el Estado. La llamada “pauta pública” que deben darle los gobiernos, hace que a veces grandes medios privados reciban más dinero del Estado que los medios estatales. Esto es ignorado por la mayoría de la población, donde hay quien se queja de que —cuando los gobiernos son populares— los medios estatales se vuelven gubernamentales. Eso es cierto: pero ellos no saben que todos los ciudadanos financiamos también a los medios privados, los cuales hay casos en que ni siquiera se cuidan de parecer imparciales.

Por lo visto Follari desconoce el caso de Ecuador, donde el presidente prohibió a instituciones públicas pautar publicidad en medios críticos. Por otra parte, tiene sentido para un anunciante pautar en los medios que tienen más audiencia, ¿no?, que son siempre los privados.

Idealmente, los medios estatales no deberían gubernamentalizarse. Pero ello se hace inviable con gobiernos populares, pues los medios de propiedad privada se vuelven masivamente en contra de tales gobiernos.

Por algo será, ¿no creen? ¿A qué se deberá el masivo giro de la posición de esos mismos medios que apoyaron abrumadoramente la candidatura de Correa? A que apenas asumidas sus funciones el gobierno empezó su carrera por dominar absolutamente el poder, arrollando a su paso instituciones, costumbres, constitución y leyes.

Todo eso está magistralmente narrado en el libro de Osvaldo Hurtado, Dictaduras del Siglo XXI. El caso ecuatoriano

Siendo estos medios privados los dueños de casi toda la audiencia, una mínima defensa de parte de gobiernos que han sido votados mayoritariamente, es apelar a tener una voz dominante en los medios de propiedad estatal.

No, señor. Lo obligan a uno a ser repetitivo y cansón, pero un gobierno no tiene por qué “defenderse” de los ciudadanos a los que supone debe servir. Insistimos: un medio público debería cubrir las voces de todos, si todos lo sostienen con sus impuestos; si los oficialistas quieren un medio que “defienda” abiertamente al gobierno, que lo financien ellos de su bolsillo. No debería serles difícil dominar las audiencias: ¿acaso no ganan ellos las elecciones abrumadoramente? ¿Qué les impide traducir el favor popular en audiencia?

Está claro que un gobierno elegido por el pueblo tiene derecho, en esta época de medios sobredimensionados e hiperinformación permanente, a defenderse de la andanada privatista, por vía de los medios estatales.

He ahí una concepción excluyente y de dominación del poder: ha de servir a quienes lo votaron y lo apoyan. De los demás, ha de defenderse; pero igual han de sostenerlo vía impuestos, ¡por supuesto!

Obviamente esa concepción no compagina con la igualdad ante la ley y la ingenua concepción del poder político como servicio a todos.

Cuando se consiga que los medios de propiedad privada se asuman como servicio público …, entonces sí tendrá sentido reclamar … a nuestros medios estatales comportarse como suele hacerlo la BBC.

¿Nota la trampa? “Cuando los medios privados estén totalmente sujetos al control estatal —es decir, cuando el gobierno domine el discurso— recién allí tendrá sentido reclamar pluralidad en los medios públicos”. Sí, seguro que sí. Dominarán el discurso presentado a la mayor parte de la audiencia, y como premio consuelo, nos darán “pluralidad” en medios que nadie lee. ¡Gracias!

Hernán Reyes Aguinaga, que fue Vocal del Consejo de Regulación y Desarrollo de la Información y Comunicación —es decir, el cabecilla del Ministerio de la Verdad creado por la ley de comunicación— y es frecuentemente citado por Casado, dice en una entrevista concedida al diario público El Telégrafo:

Persiste una falsa discusión sobre si la ley de comunicación o la actuación del gobierno limitan o anulan la libertad de expresión. A través de ese enunciado lo que se hace es evitar topar el tema de fondo: qué es lo que debería hacer el periodismo, cuál es su misión.

Lo que el periodismo debería hacer… Vámonos preparando para la falacia del Supermán inverso.

Me parece que este juego de oposición maniquea puede resultar una especie de calmante, justificativo o pretexto para que el periodismo no haga lo que debe hacer.

Cuando un burócrata autoritario habla de lo que otros “deben hacer”, puede uno estar seguro de que se viene el martillazo.

La función del periodismo informativo, básicamente, es tratar de buscar una verdad profunda, que competa a la mayor cantidad de gente posible y la función del periodismo de opinión es provocar el debate y la deliberación pública. Pero vemos que nos hemos concentrado, en estos últimos años, en una suerte de pugilato respecto a temas muchas veces intrascendentes, anecdóticos, en los que existe un periodismo sin información o una opinión que no aporta para nada a la deliberación, sino que se vuelve una especie de espejo del narcisismo del editorialista o un disparar ideas para defender intereses particulares.

Seguro han oído la frase: “cuando escucho la palabra cultura, desenfundo mi revólver”. Pues cuando escucho de un burócrata palabras como “verdad”, “debería” etc., pues mentiría si me atrevería a desenfundar un revólver contra el monopolio de violencia: en realidad me apetece salir corriendo: se viene la justificación de la represión, y no habrá razón en contra que valga. Me recuerda la fábula del cordero y el lobo:

Cuenta Esopo que un lobo, hallando un cordero descarriado, resolvió no atacarlo simplemente, sino encontrar algún motivo para justificar su derecho a comérselo.

Le dijo: «Señor, el año pasado usted me insultó groseramente». «De hecho», baló el cordero con tono lastimero, «yo ni siquiera había nacido».

Luego dijo el lobo, «usted pasta en mi territorio». «No, buen señor», respondió el cordero, «aún no he probado la hierba».

Una vez más insistió el lobo: «Usted bebe de mi pozo». «No», exclamó el cordero, «jamás he bebido agua, pues la leche de mi madre es a la vez comida y bebida para mí».

Tras lo cual el lobo se le abalanzó y se lo comió, diciendo: «¡Bueno! No permaneceré hambriento, a pesar de que refutas cada una de mis acusaciones».

El tirano siempre encontrará un pretexto para su tiranía.

La ley de comunicación afirma que «la omisión deliberada y recurrente de la difusión de temas de interés público, constituye un acto de censura previa».

La pregunta lógica: ¿y qué son temas de interés público?, la contesta la propia ley: «Es la información difundida a través de los medios de comunicación acerca de los asuntos públicos y de interés general».

Si Ud. se encuentra frunciendo el ceño, no se preocupe. A primera vista la definición es circular y pésimamente redactada.

Reyes, tratando de entenderla, se lanza esta perla cantinflesca de afirmar algo y su negación inmediatamente. Fíjese en el bait and switch:

Cuando me han preguntado qué es aquello de la relevancia pública o de interés público, me he remitido a los medios de comunicación y he dicho que es lo que se está discutiendo en sus salas de redacción día a día.

Reyes se apega a la ley: temas de interés público son los que aparecen en la agenda de los medios.

Es decir, hay un saber, una experticia en los medios, efectivamente, para detectar, identificar aquello que es noticiable [bait]. Sin embargo, esta distorsión que se ha dado en el oficio ha hecho que el periodista prefiera lo rentable, mercantil a lo importante y necesario, optando por lo espectacular antes que por lo imprescindible. Esto hace que esa discusión que debería darse [switch] en las salas de redacción vaya empobreciéndose y es un problema social el encontrar temas que no abordan lo que es de interés de la ciudadanía al abrir un periódico o al sintonizar una radio con temas absolutamente secundarios. No hay una escala objetiva en cuanto a la relevancia general de los temas. [bait]

¿Entonces? Lo relevante es lo que se trata en las salas de redacción, salvo cuando no le gusta al Ministerio de la Verdad? “No hay una escala objetiva”, pero sí han de aplicarse sanciones reales en un tema subjetivo y opinable? [switch]

De ahí que, dentro del gobierno, hay un método en la mediocridad: al definir algo sin definirlo, será todo lo que el poder quiera que sea. O que no sea. Cualquier suceso puede ser, o no, de interés público o general; es un comodín del poder para sancionar. Que medios nacionales reporten, o no lo hagan, sobre qué sucede en Alausí puede ser, o no, censura previa: el gobierno lo decidirá según su conveniencia.

Por supuesto que eso representa inexistencia de estado de derecho y reserva de la ley. Por eso no tenemos república.

En fin: al gobierno y sus intelectuales orgánicos no les incomoda demasiado contradecirse, con tal de dejar en claro quién tiene la autoridad. Recordemos que no se trata de convencer, sino de lograr sumisión.

Por cierto: voy a añadir a la lista de palabras trigger “debe, debería”, usada profusamente por Reyes para justificar la represión y control estatal a un derecho humano como es expresar y comunicar ideas; derecho de todos, sea uno periodista o no.

la temática política está presente al costo de una enorme banalización; en la que, a veces, episodios y anécdotas absolutamente intrascendentes se vuelven el tema de discusión del día, como que diarios de gran prestigio nacional publiquen en su sección política la entrega de un atado de yucas en el Palacio de Carondelet por parte de 3 desconocidos y que —después de eso que volvieron noticia— salga una andanada de editoriales que quieren moralizar, pontificar, enfatizar el posicionamiento y la adhesión que quieren de los lectores. Ahí hay una politización temática pero también una despolitización real en la deliberación o en la discusión con sustento y base. Por eso nos encontramos con una información tan apasionada, negativamente moral respecto a sus juicios de valor contra Rafael Correa o contra el gobierno.

Por supuesto que, pese a las definiciones dadas por la ley y Reyes, quien determina la intrascendencia de un tema no son los medios, no es la audiencia, sino el ministerio de la verdad. ¡Temas tan importantes como el prestigio del gobierno no pueden dejarse en manos de la ciudadanía ignorante! ¡Inconcebible, que haya opiniones “moralizantes”, que traten de convencer a los lectores! El monopolio de violencia no sólo es violento y monopólico: es enormemente condescendiente. Nos cree a todos ignorantes y manipulables.

Y no sólo eso: para el poder, también es inmoral criticar al presidente y al gobierno. Dios mío. Y después se quejan que les dicen fachos.

Continúa Reyes:

nos encontramos también con ciertos discursos provenientes del gobierno a la sociedad de corte publicista y propagandístico que no se compadecen con los temas más importantes. Por ejemplo, la propaganda ‘La Dictadura del Corazón’ (en realidad, ‘Si Esto Fuera una Dictadura’), esa vinculación entre términos incompatibles como dictadura y ternura, efectivamente contienen un retruécano, una contradicción del lenguaje que confunde antes que otra cosa. … Es un spot que está trabajando con una materia prima muy compleja como es la política … “Dictadura” no es una palabra que se pueda utilizar “a la buena de dios”.

Si bien —cosa rara— en ese caso criticaba el uso de términos por parte del gobierno, es un asunto opinable. Con la diferencia que él participaba en el ala “semiológica” del ministerio de la verdad; es decir, quien determinaba qué era verificado y qué no, qué era “linchamiento mediático” y qué no, etc. Él puede usar el monopolio de violencia para imponer sus opiniones. Pues eso son: él mismo admitió que no hay criterios objetivos para determinar qué es de interés público o no.

¿Cómo puede alguien defender imponer sus opiniones con violencia, dentro de una república democrática, en un tema que se admite es subjetivo? Paradojas del poder. Inútil que un cordero se ponga a discutir con un lobo que ha decidido devorarlo.

¿Se imaginan algo tan ridículo como Casado diciéndole a Rodolfo Walsh, mientras desenfundaba su calibre .22 para evitar ser capturado vivo: «Tsk, tsk. Eso te pasa por meterte en política, campo vedado a los periodistas».

Continúa Casado:

dada la falta de pluralidad de La Hora, se le podría considerar un espacio de adoctrinamiento más que un diario, ya que en los temas relacionados con la política imperan de manera casi exclusiva puntos de vista y corrientes contrarias al gobierno de la Revolución Ciudadana.

Non sequitur. Si no hay pluralidad, ¿se va todo a la basura? ¿No hay criterio de verdad o veracidad que valga? ¿La pluralidad es el altar donde se sacrifica al “mal periodismo”?

Red herring. No importa si dices la verdad o no; si no eres plural, no vales. ¿Debe pedírsele al abogado que defiende a su cliente que sea “plural”? ¿Debe exigírsele a la madre que aboga ante el juez por su hijo, que “sea plural e incluya en su alegato el punto de vista del acusador”?

Me lo imagino a Casado susurrándole al oído al Walsh agonizante, mientras era llevado por sus secuestradores a su destino hasta hoy desconocido: “Si no hubieras colaborado en un ‘espacio de adoctrinamiento’, si hubieras sido plural, no estuvieras metido en este problema”.

No, señor. Gobiernos autoritarios de derecha o de pretendida “izquierda” reprimirán el discurso crítico, pluralidad o no.

Refiriéndose a El Comercio, dice Casado: «existe claramente una tendencia liberal en lo económico y a la derecha en lo político». Ni tanto, pero aún si así fuera, no es justificativo para que un gobierno sea de izquierda militante. Su desafío es servir a todos sus ciudadanos, incluso a los de tendencia distinta y que no lo apoyaron; no adoctrinar ni difundir sus ideas “para equilibrar”; ésa es tarea de los partidos. Pero para AP todo es lo mismo: movimiento, gobierno, estado.

p. 88

Casado se admira: “algunas de las columnas hicieron claramente proselitismo a favor de la oposición política”. Estamos hablando de columnas de opinión, por cierto. Que un ciudadano opine comunicando sus preferencias políticas y tratando de convencer a otros, le parece algo gravísimo a Casado.

Cabe preguntarse, ¿el escritor de un libro, como Casado, también debe “abstenerse de hacer proselitismo político? Claro que no, suena absurdo. Que eso afecte a la calidad del libro; que resulte panfletario, es otra cosa; pero de ahí a pretender imponerle prohibiciones a un autor, es ridículo.

Casado rasga sus vestiduras: “en ocasiones, los epítetos hacia Correa estuvieron claramente fuera de lugar”. ¿Sabe Casado que está expresando una opinión? ¿Acaso pretende Casado que sus opiniones se impongan a las ajenas? ¿Casado sí puede opinar en su libro, pero un articulista de _opinión no puede hacerlo?_ Todo eso es claramente absurdo, sin embargo ¡Casado ha escrito todo un libro basado en esa premisa!

Casado se pregunta retóricamente: «Los periodistas han interiorizado que son plurales, no puede ser de otro modo, pues si no, ¿sería periodismo o propaganda su trabajo? Pero la realidad dista enormemente de la teoría».

Aparte de que Casado no distingue entre noticias y columnas de opinión, pretendiendo que ambas deban estar sujetas a similares criterios, nuevamente la falacia del “hombre de acero”: la pluralidad no es siquiera una meta deseable, como tampoco lo era el “no meterse en política”. El libro de Casado, ¿es plural? Probablemente no. ¿Importa? Pues no mucho. Es imposible ser totalmente plural. Si el mapa recoge todo el territorio, ya deja de ser mapa, deja de ser útil, no olvidemos.

En toda ocasión que uno se sienta frente al teclado, elige un tema y abandona otros. Se elige un aspecto y se ignoran todos los demás; después de todo, un artículo no puede convertirse en una enciclopedia.

En vez del “fetiche” de la pluralidad, como el propio Casado la llama, debería uno aspirar a la honestidad intelectual, la que lamentablemente escasea en el libro de Casado. No tiene nada de malo “arrastrar sesgos ideológicos”, como despectivamente llama Casado a una realidad tan natural e inevitable; más bien, insisto, deberíamos preocuparnos —Casado incluido— de debatir honestamente, sin falacias, y rendir nuestra opinión cuando la evidencia en contrario se acumula abrumadoramente.

Pero Casado jamás lo hará. Toda refutación, toda prueba de abusos gubernamentales caerá en oídos sordos, pues un salario de cuatro mil dólares al mes como intelectual orgánico más su trabajo en medios públicos pueden más. “Es difícil lograr que un hombre entienda algo, cuando su salario depende de que no lo entienda” (Upton Sinclair). Pero eso no es ser honesto intelectualmente. Lo cual, como insistimos, es más importante que ser plural (que tampoco Casado lo es, pero eso no es tan importante, en serio).

Por cierto, eso de la “neutralidad ideológica” que Casado quiere para sus adversarios pero jamás demuestra en su propia obra (lo cual, insisto, no tiene nada de malo, fuera de ser hipocresía) es considerado un defecto en un individuo: “ni fu ni fa, ni chicha, ni limonada”. Los políticos “de centro” son frecuentemente criticados por devenir simples veletas ideológicas, sin sustento, sin raíces, sin compromiso. Esto que es un defecto individual, ¿se convertirá en una virtud en una asociación? Claro que no. Red herring, una vez más.

¡Por Dios! Tantas falacias.

Luego de dedicar varias páginas a criticar la “falta de pluralidad” de los medios privados y la hipocresía de pretender lo contrario, ¡Casado alaba “la manera sencilla y franca” en que Rabascall, desde los medios públicos, desmorona esa aspiración: «¿existe pluralidad? ¿En dónde? En la sociedad sí, en los medios dependiendo de los intereses del medio o de los cojones del periodista».

¿Entonces en qué quedamos: la pluralidad es importante cuando sirve para demostrar su ausencia en los medios privados —y lo hipócritas que son al tratar de demostrar que sí lo son— pero deja de serlo cuando un periodista de medios públicos reconoce, franca y cínicamente, que simplemente no existe en los medios? (Rabascall, fiel a su estilo ecuánime, no distingue entre públicos y privados) ¿”Tolerancia represiva” una vez más? ¿Ley del embudo: ancho para mis amigos, estrecho para mis oponentes?

Casado se lanza otro bait and switch antes de terminar el capítulo. «Rodrigo Gálvez, también periodista del medio público Ecuador TV, nos desmiente que exista pluralidad en los medios de comunicación y para ello nos da aplastantes argumentos, desde una perspectiva que hasta el momento no habíamos abordado».

¿Luego de dedicar todo un capítulo a denunciar la ¿falta de pluralidad de medios privados¿, resulta que no simplemente no existe, ni siquiera en los medios públicos?

Dice Gálvez:

Lamentablemente no, no hay una pluralidad porque como decimos acá, aquí toca trabajar a la línea que nos pongan, el medio privado defenderá lo que ellos creen que está bien […] si fuéramos totalmente plurales [en los medios públicos] caeríamos en el error de darle más espacio a esa gente que ya tiene todos los espacios copados de los medios privados y es una realidad que los medios privados son los que tienen mayor influencia en este país.

Casado no vuelve a mencionar la pluralidad dentro de un medio como algo valioso en el resto del capítulo. Ahora lo bueno de los medios públicos sería que cuentan con «un mayor nivel de transparencia». Bait and switch. Si tus partidarios hacen lo mismo que criticas de tus oponentes, pues entonces eso ya no es algo malo, sino digno de elogio, por ser “sincero, transparente”. Ay Dior!

Por otra parte, lo que sin tapujos afirma Gálvez es lo que venimos criticando. Si el gobierno está para servir a todos los ciudadanos, ¿qué hace el gobierno defendiéndose de algunos ciudadanos? ¿Qué hacen los medios públicos definiéndose como abiertamente oficialistas? Esa línea abiertamente partidista le correspondería a medios privados. Evitemos identificar partido-gobierno-estado.

Es un “error”, afirma Gálvez, dar cabida a posiciones críticas al estado en los medios públicos. Un error, si tenemos un estado militante en la causa de sólo algunos ciudadanos. Que es lo que no debería ser.

«Álex Llanos, nos da también un enfoque novedoso de por qué gracias a la creación y ampliación de los medios públicos se incrementó la pluralidad en Ecuador». En Ecuador. Ya la pluralidad no es una “meta ética” para cada medio, ni siquiera para los públicos, sino para todo el mercado. Switch.

Llanos menciona sueldos notablemete más altos en los medios públicos. Eso, que a primera vista parecería algo atractivo y “justo”, en realidad garantiza que los medios públicos atraerán a los peores periodistas. ¿Cómo? Empezando que esos periodistas prefieren más dinero a ser independientes del poder. Esto ya debería ser suficiente.

Además, que están más que dispuestos a que el monopolio de violencia les pague más que el promedio de ofertas voluntarias del mercado, con los impuestos. Esto es una inclinación al autoritarismo, a las “soluciones” impuestas ganar-perder, no negociadas ganar-ganar. Expliquemos esto mejor.

Un medio privado debe ser rentable, o ser subsidiado voluntariamente del bolsillo del dueño; de ahí que los sueldos oscilarán entre ciertos límites, según el tamaño de la audiencia, que determina las ventas de ejemplares o publicidad.

Los medios públicos son ajenos a esta dinámica; pueden darse el lujo de vivir año a año a pérdida, con audiencias minúsculas y pagando sueldos más altos que los privados, produciendo periodismo que no tiene demanda entre el público (por eso no son rentables).

Los ciudadanos oficialistas saben que un medio privado de línea apologista no tendría mucha audiencia. No están dispuestos a arriesgar su capital en defender al gobierno; en vez de eso, obligarán a la sociedad a sustentar, via impuestos, una empresa periodística que no existiría voluntariamente, ¡ni siquiera entre oficialistas! “¿Conque no lo quieres comprar? Pues lo has de costear de todas maneras”.

Un periodista que eso le atraiga —vivir de impuestos, con poca audiencia, y encima ganando bastante gracias a su dependencia del poder— no será modelo de virtudes ciudadanas ni periodísticas.

No quiere eso decir que las voces oficialistas están condenadas a desaparecer. Pero han de tener el tamaño natural según su audiencia: un blog (como éste), una revista en línea, un semanario, un canal de Youtube. Pretender lograr con el monopolio de violencia algo que sólo se logra generando confianza en la audiencia, es una tarea condenada al fracaso. ¿No que ganan todas las elecciones? Entonces, ¿por qué una audiencia tan pequeña? Allí hay una sospechosa incongruencia.

Termina Llanos: «sí hay pluralidad, antes no lo había porque no tenías los medios públicos». Que no había pluralidad en cada medio, ni en los públicos; páginas después, que sí la hay, en todo el sistema, y ya no es una consigna a defender… ¿Quién los entiende?

«Los puntos de vista de Alex Llanos y Robinson Robles nos resultan muy interesantes, pues antes de la creación de los medios públicos en el Ecuador y de medios regionales con perspectiva nuestroamericana el pensamiento único liberal era prácticamente absoluto», se congratula Casado. ¿En qué mundo vive? ¿Siquiera lee diarios? ¿Es ciego a la polémica perenne en la prensa saludable?

«Gracias a la creación de los medios públicos existe una mayor pluralidad y opciones editoriales para lectores y audiencias». Como venimos diciendo, pasan unas páginas y la pluralidad ya no es una meta pendiente para un medio, sino una meta lograda respecto a todo el espectro periodístico.

Casado da la palabra a otro periodista-burócrata, César García:

la constitución nos brinda un marco en el cual al ser libres de esta atadura que es el rating y la pauta y todo lo que tiene que ver con los auspiciantes, nos permite construir productos comunicacionales diferentes.

¡Ja! ¿Por qué el sueño del ecuatoriano es ser burócrata? ¿De dónde tanto miedo al riesgo, a la incertidumbre de tener que convencer a una audiencia o mercado de que el producto que ofrecemos tiene valor?

El ecuatoriano es profundamente acomplejado. De ahí nuestra predilección por gobiernos autoritarios y mandamases; pero lamentablemente con poder es que sale lo peor de nuestra personalidad. Como publicaba Plan V, somos «una sociedad sin instituciones, sin respeto por sí misma, amante de la mano dura y con vocación para la servidumbre».

Huelga mencionar que algunos privilegiados pueden darse el lujo de “librarse de la maldición bíblica de ganar bien sin producir” sólo a costa de los que permanecen en el mercado, que son quienes pagan impuestos y están sujetos a vaivenes del ciclo económico, crisis, etc. Los burócratas cobran puntualmente sus sueldazos dorados llueva, truene o relampaguee; en el sector privado las ventas suben y bajan, negocios quiebran, preferencias del consumidor cambian etc.

Pretender librarse de todo esto es un sueño infantil que al llevarse a la práctica divide a la sociedad en amos-parásitos y siervos. Al final, tanto termina creciendo el parásito que asfixia a quien lo alberga y quiebra el estado.

Casado también se alegra, all warm and fuzzy: «Gracias a no estar atado a la dictadura del rating y auspiciantes, Ecuador TV puede tener contenidos diversificados, que es otra ventaja de los medios públicos sobre los privados, que, al buscar el beneficio económico por encima de todo, no todos los contenidos y programas serán bienvenidos en estos canales».

Olvidó Casado un pequeño detalle: la nula demanda para ese tipo de contenidos. Los canales públicos están a la cola de audiencia. Esos programas no son “bienvenidos” por los televidentes. Claro que eso sólo incomodará un poquito a Casado y Cía.; ese pequeño contratiempo no afecta los sueldazos que reciben. ¡Ah! El sueño ecuatoriano, librarse de las cadenas de la productividad.

Parece que la alegría de vivir bien sin producir nada que tenga demanda voluntaria llenó el corazón de Casado de valor. Olvida que poco atrás concordaba con sus entrevistados que el pluralismo no existía ni era valioso, y en nuevo acápite vuelve a la carga con lo de la pluralidad:

quisimos también analizar las noticias y reportajes para comprobar si la falta de pluralidad era únicamente un problema recurrente de las páginas de opinión o si también afectaba a los géneros de información.

Casado cree que la libre expresión es un problema si no toman en cuenta su opinión y la de sus amigos.

Vuelven los bait and switch: diario “La Hora” publica un titular: “Correos contra el gobierno circulan en la Fuerza Armada”. Casado dice que no son “correos”, sino sólo un correo, por lo tanto «estamos ante una información falsa». Hold your horses, Casado. Non sequitur! Puede discutirse que el titular es inexacto (aunque basta que algún oficial poco sofisticado con las computadoras haga clic en “responder a todos” con su réplica, y ahí sí hablaríamos de correos), ¿pero concluir de buenas a primeras que es falso? Severas palabras cuando se trata de periodismo.

Un «hecho aislado» como un íngrimo correo «no sería noticia», opina Casado. Obviamente los periodistas de La Hora opinan distinto Bait. Y Casado remata desde medio campo con un switch digno de antología, deplorando «la intención del diario de transformar su opinión en noticia». ¡Gol! ¡El que “opina impertinentemente” no es Casado, sino el diario, que intenta hacer pasar sus opiniones como “hechos”! Las opiniones de Casado son sentencias indiscutibles, hechos irrefutables.

En serio, ¿a sofistas de este calibre les permiten enseñar en el Instituto de Altos Estudios Nacionales? Cierto: el estado atrae a los [peores seres humanos.](añadir link)

Continúa Casado discutiendo con Mónica Almeida, jefa de redacción de diario El Universo en Quito, sobre [un titular](añadir link) que dice: «Gobierno se vale de la Corte Constitucional para incidir en la asamblea». Casado insiste en que el título es “opinativo y editorializado”, Almeida lo defiende. El lector tendrá la última palabra; Casado defiende su posición:

El problema de la nota de El Universo que dio lugar a tan larga diatriba, es que pudiera estar errada, y por lo tanto la editorialización sería claramente a favor de una postura que representaría los intereses de la oposición política lo que tendría como resultado la desinformación de los lectores del diario.

El propio Casado reconoce que el titular podría, o no, estar errado; base bastante floja para ponerse a discutir, pero lo inaceptable es la conclusión non sequitur con la que remata: si recoges puntos de vista de la oposición, estás desinformando. ¡Aunque la información sea cierta! Tolerancia represiva, una vez más.

Casado cita a continuación una estadística de sentencias de la mentada Corte Constitucional, para rebatir que favorezca excesivamente al gobierno.

Aparte que hay otras maneras de favorecerlo —por ejemplo, simplemente ignorar por casi cuatro años demandas de inconstitucionalidad de decretos emitidos por el poder; rechazar de plano, no en sentencia, pedidos de consulta de la oposición, de tal manera que no se afecten las estadísticas, mientras que aprueba inmediatamente todos los pedidos de consulta que le llegan desde el oficialismo— basta con leer los libros La metida de mano en la justicia del tan denostado Andrés Páez, y El caso El Universo de Emilio Romero Parducci. El lector que tenga conocimiento jurídico se sorprenderá constantemente tirándose de los cabellos por todas las aberraciones jurídicas perpetradas en ambos procesos, que interesaban directamente al presidente, y que revelan una nefasta e inaudita influencia en las cortes.

Si Casado desconoce de ambos casos (entre muchos posibles), pues debería informarse mejor antes de afirmar tajantemente que la estadística mencionada da «al traste con la afirmación de El Universo sobre una supuesta connivencia entre las Funciones Ejecutiva y Judicial».

Luego de hablar de la “manipulación” informativa, Casado pasa a hablar de la rigurosidad. Empieza: «Muchos periodistas han expresado también lo complejo que les resulta ser rigurosos», algo que suena bastante comprensible; el ideal al que aspirar, como el horizonte, siempre se aleja. Pero Casado es Casado, y golpea la mesa: «a lo que la Ley Orgánica de Comunicación les obliga desde su entrada en vigor». ¡Zas! Volvemos a las obligaciones y al “síndrome de aprobar leyes”, la única herramienta del socialista.

Pues Casado evidentemente ignora la existencia de la “Declaración de principios sobre la libertad de expresión”, que fija estándares de respeto de los DD.HH. a los países. Textualmente dice:

  1. Condicionamientos previos, tales como veracidad, oportunidad o imparcialidad por parte de los Estados son incompatibles con el derecho a la libertad de expresión reconocido en los instrumentos internacionales.

Me atrevo a incluir la “rigurosidad” entre esos condicionamientos previos. Que el estado exiga “rigurosidad” por ley atenta contra la libertad de expresión. ¿Está claro?

Los críticos dirán: es que eso es sólo un documento de la CIDH, no es un tratado internacional. Pero recuerde que la CIDH es juez de instrucción, es decir, analiza los casos que le presentan y luego los presenta ella a la Corte de DD.HH., compareciendo como parte del proceso.

Gracias a la Declaración de principios sobre la libertad de expresión, sabemos cómo va a decidir la CIDH. ¿Para qué incluir en la ley aspectos que atentan contra los DD.HH.? Cosas que suceden en los regímenes autoritarios.

Casado continúa hablando de la rigurosidad, esta vez citando un ejemplo:

Hinostroza fue muy criticada en el pasado por su claro sesgo en contra del gobierno y las críticas con poca argumentación que le valieron la fama de poco rigurosa entre sus detractores. La periodista de Teleamazonas salió del aire durante varios años para volver a presentar un programa en este mismo canal de televisión a finales de 2015.

Por supuesto, Casado “olvida” o ignora que Hinostroza fue quien denunció por corrupción al primo del presidente Correa; que por ello recibió amenazas de muerte; que repetidamente ha sido objeto de sanciones por parte del delegado del presidente; que incluso le enviaron ¡una bomba!; incluso su familia ha recibido amenazas, sus correos han sido intervenidos…

¿Casado sabía eso? ¿El problema de Hinostroza es “su falta de rigurosidad”, no los constantes ataques que ha recibido?

Casado se indigna porque Hinostroza en una entrevista «claramente tomó partido por una de las partes», y, ¡horror!, «en varias ocasiones exclama: ¿Este tema tiene que parar¿, como si fuera una cruzada personal». ¿No son los asuntos públicos asuntos de todos? ¿No es encomiable que un ciudadano-periodista que tiene acceso a una audiencia, pueda llamar la atención de la ciudadanía a los problemas comunes? ¿Por qué Casado y demás estatistas ven a los periodistas como “ciudadanos de segunda”, que no pueden involucrarse en lo público?

Casado luego repasa algunos ataques contra la libertad de expresión y prensa en los gobiernos anteriores, y en una entrevista con un Andrés Carrión distraído Casado se manda esta rueda de molino:

Andrés Carrión: el gobierno de León Febres-Cordero no nos dejaba operar ese canal, nos hizo la guerra 4 años … no nos dejó operar … nos clausuraron.

Fernando Casado: Este tipo de situaciones ahora no se dan.

A.C: Ahorita no, pero en ese tiempo …. etc.

¡Cómo que no se han dado ese tipo de situaciones en este gobierno! O Casado es extremadamente ignorante de la historia reciente del país, o es intelectualmente deshonesto al negar la realidad.

Al terminar su libro, en las “Conclusiones”, Casado se lanza otra petición de principio: «hemos comprobado cómo muchos de los periodistas más importantes del país han tenido comportamientos que podrían considerarse poco acordes con la ética y códigos deontológicos de su profesión». ¡Si nunca mostró cuáles códigos o principios éticos existen, peor aún que se hayan violado!

Asimismo afirma haber “demostrado” que «los medios para los que trabajan se han decantado claramente por una postura política, pese a erigirse en defensores de la independencia, neutralidad e imparcialidad». Casado jamás entenderá que la independencia se refiere a la independencia del poder político. Pero él no lo ve como algo valioso, ser independiente del poderoso de turno; el poderoso paga miles de dólares mensuales por brindarle justificaciones falaces y diseminar sus ideas en las aulas de clase. Eso es el paraíso para un burócrata servil.

Continúa: «en el pasado llegamos a concebir los medios de comunicación como un cuarto poder que serviría de contrapeso … hoy su anexión al poder económico financiero y su implicancia en el poder político como aparato ideológico del capitalismo globalizado, despojaron a dichos medios de su función de contrapoder, transformándolos en el poder mismo».

A ver, a ver. Como si los medios dispusieran de legiones de cientos de miles de burócratas obsecuentes; como si los medios tuvieran a disposición decenas de miles de hombres armados hasta los dientes, tanques, misiles, etc.; como si los medios tuvieran, en resumen, el monopolio de violencia… El presupuesto del estado representa alrededor del 40% del PIB. Ninguna empresa se acerca, ni de lejos, a ese tamaño.

Y cita a Ramonet, otro intelectual orgánico de gobiernos autoritarios: supuestamente los medios privados «plantean un problema para la democracia, en la medida que en su inmensa mayoría pertenecen al poder económico y están aliados al poder político». ¿No son los medios públicos los aliados monolíticamente al poder político? ¿Acaso los ciudadanos asociados —en empresas o gremios— representan “un problema para la democracia”? Bastante fascista esa idea de democracia.

Casado termina afirmando, sin rubor alguno, que los medios ecuatorianos han afectado «seriamente el sistema democrático del país andino y, concretamente, el ejercicio periodístico, así como la libertad de expresión de todos sus ciudadanos».

¿Guaaat? ¿Estamos hablando del mismo país? La queja constante —recogida por organismos internacionales— ha sido de que el gobierno es demasiado autoritario y ha afectado constantemente los derechos de comunicación y libre expresión de los ciudadanos. ¿Pero Casado cree que son “los medios”? Add insult to injury. Sería risible si no fuera ridículo.

Conclusión

Ha de ser difícil la labor de un intelectual orgánico: justificar las acciones de un grupo de gente que no necesita justificación alguna —Might makes right, dicen los gringos: la fuerza te da la razón— y actos que no son en absoluto justificables, pues son todos esencialmente expresión de violencia.

Bueno, en realidad es fácil: cobrar miles de dólares por proporcionar una pobre justificación destinada a satisfacer a un público poco exigente: los políticos que, finalmente, harán lo que les plazca y sus corifeos, siempre dispuesto a cantar sus alabanzas.

Quienes no les creen habitualmente —sea por situarse en la oposición, sea por oponerse a la propia existencia de un estado— difícilmente serán convencidos por los intelectuales orgánicos y su espesa prosa posmoderna.

Sin embargo, cuando vemos que estas falacias empiezan a filtrarse en la conciencia de los ciudadanos —incluso de los propios periodistas— hay que tomarse el trabajo de refutarlas.

Así: nada de prohibición de meterse en política; nada de que exista “obligación de ser contextualizado, imparcial, etc.”; nada de crear “ciudadanos de segunda”, que tengan menos libertad de expresión que otros. Nada de crear “ministerios de la verdad” que puedan imponer sus opiniones con violencia; nada de que el gobierno “deba decidir” cuándo una expresión es “contextualizada, imparcial, etc.”, y cómo sancionar a las expresiones que no lo sean, según la opinión del mandamás de turno. Nada de que los ciudanos "pierden derechos" al actuar asociadamente, incluso como empresas.

Nada de eso. Es impropio de una república, y de personas decentes.

Los mandamases y sus intelectuales orgánicos rara vez logran convencer, y no se esfuerzan demasiado en lograrlo: no lo necesitan. El poder se auto-justifica y los cagatintas aduladores cobrarán sus sueldos puntualmente mientras se cobren impuestos.

Pero es menester impedir que, a fuerza de repetición, sus falacias empiecen a permear “el subconsciente colectivo” y se conviertan en lugares comunes y una nueva ortodoxia.

De todas maneras, aun si eso llegara a ocurrir, siempre habrá quienes disfrutemos de escandalizar a los biempensantes con ideas de libertad.

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El poder corrompe, Y atrae a los peores

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La primera entrada en esta serie es: El gobierno de los peores, esa terrible maldición.

chavez

Traducido de _Power Corrupts AND Attracts the Corruptible, de David Henderson.

Un amigo en Facebook recientemente citó a Frank Herbert. No lo había escuchado antes:

Todos los gobiernos sufren un problema recurrente: el poder atrae personalidades patológicas. No es que el poder corrompa, sino que es un imán para los psicópatas. Tales personas tienen una tendencia a emborracharse de violencia, una condición a la que rápidamente se vuelven adictos.

Creo que el poder no sólo atrae a los enfermos mentales, sino que también corrompe a los “sanos”; ambas “propiedades” del poder no son mutuamente excluyentes. Pero Herbert tiene razón.

Friedrich Hayek presenta un argumento similar en el capítulo Por qué los peores ascienden en el gobierno, en su libro Camino a la servidumbre. Hayek cita a Frank Knight. Hayek escribe:

Ni la Gestapo ni la administración de un campo de concentración, ni el Ministerio de Propaganda, ni la S.S. (o sus equivalentes italianos o rusos), son lugares adecuados para el ejercicio de sentimientos humanitarios. Mas es a través de cargos como estos que se asciende a posiciones más altas en un estado totalitario.

Es tan cierto, que un distinguido economista estadounidense concluye, luego de analizar las desagradables tareas que debe realizar un estado colectivista: “tendrían que hacer estas cosas, quieran o no. La probabilidad de que las personas que están en el poder sean individuos que les DESAGRADE tener el poder y ejercerlo, es mínima; es como que una persona extremadamente tierna obtuviera el trabajo de capataz de esclavos, látigo y todo”.

A veces he oído a los economistas de la “teoría de la elección pública” decir, justificando el uso de un modelo de interés propio para explicar el comportamiento de políticos y burócratas: “son como todos nosotros”. No, no lo son; no en promedio. Son peores.

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AP se comporta como organización criminal

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y la revolución ciudadana sería su crimen perfecto

Contenido:

  1. Qué es una mafia
  2. Los indicios
  3. Conclusiones
  4. Notas

Qué es una mafia

En los años ’70 en EE.UU. se creó la ley RICO (Racketeer Influenced and Corrupt Organizations) para perseguir a los “capos” de la mafia, que eran culpables de multitud de crímenes que habían ordenado pero guardando mucho cuidado de evitar cualquier nexo que pudiera incriminarlos.

La característica de la ley es sancionar el patrón de conducta de crimen organizado, no delitos concretos; lógicamente los dirigentes de una mafia actuarán a través de intermediarios, sin “ensuciarse las manos”.

Características del crimen organizado son: tratar de mantener en secreto detalles de su organización; deshacerse de delatores o quien pudiera ponerlos en evidencia; permanencia de la organización en el tiempo; por supuesto, cometimiento de delitos graves; obtener un beneficio económico de origen indebido, estructura jerárquica, impunidad, violencia, etc.

Tratarán de que sus delitos permanezcan ocultos. Probablemente utilicen una “fachada”, que dé apariencia de legalidad a su organización. Tratarán de que sus fechorías permanezcan impunes; lo ideal para ellos sería que sus fechorías fueran legales. Buscarán acallar las voces de quienes se atrevan a denunciarlos. Si no lo logran, probablemente eliminen físicamente a los denunciantes, asesinándolos o desapareciéndolos.

Todo esto ha hecho AP en su “fachada legítima” de Revolución Ciudadana.

“¿Quién se beneficia?”. Esa pregunta nos ayudará a entender los motivos detrás de las acciones de los corruptos, pues como sabemos “los ladrones no dan recibo”.

No importan “las intenciones” de quienes ejercen el poder. Si empiezan a apoderarse de los recursos públicos y tratar de disimular u ocultar sus actos, son ladrones. Huelgan las explicaciones.

Los indicios

1. El presidente Correa se negó a jurar la constitución.

No puedes cometer perjurio si no juras, ¿eh? ¡Nadie te puede reclamar no obedecer las leyes si no prometes obedecerlas!

El presidente Rafael Correa se negó a jurar su cargo por la constitución vigente de 1998. Era una mala constitución, decía.

Por supuesto que no debió posesionarse del cargo si no se comprometía a obedecer las leyes. Elegimos un presidente, no un espontáneo. Pero en resumen: Si no juró cumplir la constitución, no debería haber sido posesionado; pues bajo esas reglas postuló su candidatura y fue elegido.

Imagínese que Ud. se dispone a contratar a un administrador, y le pide que firme un contrato, para que sea consciente de sus obligaciones y prohibiciones. El candidato se niega; él cree que sus ideas son mejores que las que recoge el contrato, y que Ud. ha de obedecerle a él. ¿Aceptaría Ud.?

Probablemente no. ¿Quién quiere contratar a “un jefe”? El administrador potencial se muestra demasiado “autónomo y rebelde”. Pero eso sucedió entre nosotros: nuestro supuesto servidor iba con intenciones de amo. [1]

2. AP se apropió de todo el poder mediante la violencia.

AP no tenía representantes en el Congreso, ni le interesaba asociarse con dicha institución desprestigiada; su estrategia era apostar por la Asamblea Constituyente. Se propuso hacerlo saltándose las reglas vigentes al momento para convocar a la consulta.

Cuando las autoridades quisieron poner un contrapeso a sus intenciones —que para eso existen esas autoridades en una república— AP mandó hordas de garroteros que ingresaron a la fuerza a la sede de esas instituciones y literalmente apalearon a los funcionarios, expulsándolos de sus oficinas, hasta que lograron su cometido. La policía no hizo ningún esfuerzo por impedir la agresión o capturar a los culpables, por lo que es de suponerse que la orden venía “de arriba”. Cui bono, recuerda.

Lamentablemente la política de hechos consumados funcionó por primera vez de tantas para AP. El pueblo aprobó masivamente la convocatoria a consulta popular. [2]

3. El primer mandato de la Asamblea Constituyente fue establecer una dictadura.

Se le consultó al pueblo: «¿Aprueba usted, que se convoque e instale una Asamblea Constituyente con plenos poderes de conformidad con el estatuto electoral que se adjunta, para que se transforme el marco institucional del Estado y elabore una nueva Constitución?». Esos tales “plenos poderes”, ¿eran “plenos-plenos”, para hacer lo que quisieran, o sólo para transformar el marco institucional del estado y elaborar una nueva constitución?

La respuesta la tiene el estatuto adjunto, que claramente decía: «La Asamblea Constituyente es convocada por el pueblo ecuatoriano y está dotada de plenos poderes para transformar el marco institucional del Estado, y para elaborar una nueva Constitución». Queda claro que sólo para esas dos cosas, y así lo aprobó el pueblo.

Sin embargo, lo primero que hizo la asamblea una vez conformada fue dictar “mandatos constituyentes”, que no eran revisables por ninguna otra autoridad, lo cual ya era suficiente como para decir que Ecuador no era ya una república, sino una dictadura (al no haber separación de poderes ni contrapesos, sólo una autoridad omnímoda); también se atribuyeron poder incluso dar órdenes al pueblo, ¡lo cual no es republicano por donde se lo vea!

No sólo eso. Esos “mandatos” dictatoriales no fueron jamás sometidos a la decisión del pueblo vía consulta; y se entienden que están vigentes. No consta en las leyes forma de derogarlos, ni modificarlos. ¡Ni en las peores dictaduras se encuentran leyes escritas en piedra! [3]

4. Quitaron de la constitución la obligación de permanecer en el país luego de terminado el mandato.

La constitución de 1978 exigía que el presidente saliente debía solicitar autorización del congreso para salir del país. Si un presidente debía rendir cuentas ante la justicia, se entiende que se le negaría el permiso.

La constitución de 1998 sólo exigía al presidente que informe a la asamblea de su intención de salir del país. La constitución del 2008 mantuvo esta “obligación” de solamente informar, no de solicitar autorización… Cui bono, ¿recuerdas? ¿Qué le conviene más a un malhechor que planea evitar su compromiso con la justicia: pedir permiso para salir del país, o simplemente “avisar”, acaso con un oficio que tarde en llegar, y tomar las de Villadiego?

¡Probablemente el ex-presidente Correa ponga pies en polvorosa ante la primera señal de tener que comparecer ante la justicia! [4]

5. Quitaron de los procedimientos precontractuales el visto bueno de contraloría.

Anteriormente, antes de poder contratar con el estado, la Contraloría debía dar su visto bueno. Tenía sentido: era un filtro para asegurarse que las condiciones de contratación y el presupuesto se ajustaba a la realidad.

Con el pretexto de facilitar la contratación y acelerar la construcción de infraestructura, los “revolucionarios” eliminaron ese requisito. Es decir, eliminaron un control que buscaba evitar sobreprecios; facilitaron el robo de recursos del estado.

Si la contraloría era lenta e ineficiente, pudieron haberle facilitado recursos para que haga mejor su trabajo; pero obviamente la intención no era la de velar por el dinero público, sino facilitar su dispendio. [5]

6. Quitaron potestad a contraloría de hacer auditoría de gestión.

¿No cree que a la ciudadanía le convendría contar con un informe de si un funcionario de elección popular ha cuidado bien los recursos y cumplido su plan de trabajo? Sería de lo más útil para evaluar su gestión y votar a conciencia, si ese funcionario se presenta a otra elección, o para evaluar a toda una tienda política.

Pero como eso no facilita los planes de ladrones que planean continuar apropiándose de los recursos públicos, ¿no cree?, lógicamente, se eliminó esa potestad. [6]

7. El peculado es imprescriptible, sí, pero no…

Normalmente los delitos “caducan”, es decir, pasado cierto tiempo ya no pueden castigarse. Usualmente son varios años.

Se considera que en un país en desarrollo como Ecuador, el delito de peculado —robarse los recursos del estado— es un crimen muy serio; por eso ese delito no prescribe, es decir, siempre podrá ser perseguido, no importa cuánto tiempo haya pasado.

¿No cree que a todo delincuente le gustaría que, luego de transcurrido cierto tiempo, sus fechorías ya no pudieran ser castigadas? ¡Podrían disfrutar de lo robado!

Hubiera sido demasiada sivergüencería que la “revolución ciudadana” eliminara el delito de peculado («delito que consiste en el hurto de caudales del erario, cometido por aquel a quien está confiada su administración»), o que le quitaran su imprescriptibilidad (es decir, que ya no pueda castigarse después de un tiempo). No se iban a atrever a tanto.

Sin embargo, añadieron en el código penal el requisito de que debe contarse previamente con un informe de contraloría, para que la fiscalía pueda iniciar investigaciones por este delito; no basta con que el fiscal tenga pruebas de que haya habido sobreprecio, por ejemplo; si la contraloría no hace ese informe, no hay cómo perseguir el delito.

Y este informe sólo puede dictarse hasta siete años después de cometidos los actos; si se dicta después, ese informe sería nulo, inválido… No importa que el robo sea descarado y desvergonzado; no importa que haya pruebas de que claramente ha habido robo de recursos públicos; el fiscal no puede actuar hasta tener ese informe, y ese informe no puede existir luego de siete años. La situación ideal para los corruptos, ¿no cree?

Con lo que basta con tener un contralor cómplice (como parece que será el caso, pues Pólit será reelegido) que no haga nada durante siete años, para que el delito de peculado quede en la impunidad.

Incluso podría considerarse que cambiar esta ley —es decir, eliminar la necesidad de que haya un informe de contraloría para poder enjuiciar a quienes se roban dinero del estado— empeoraría la situación de los acusados, por lo que no se aplicaría a ellos, por el principio de que la ley penal más severa no se aplica a los delitos pasados. No habría ya ninguna manera legal de perseguir a los corruptos “de alto vuelo” en Ecuador.

Bien jugado, corruptos; jugada impecable para garantizar la impunidad. [7]

8. Permiten al funcionario que quiere reelegirse continuar en su cargo aún en campaña.

La ley electoral ordena, con razón, que un funcionario que quiere ser elegido para un cargo distinto al que ejerce, debe renunciar primero. Tiene lógica: principio básico de la república es la igualdad ante la ley, y los candidatos no serían “iguales” si uno de ellos contara con viáticos, seguridad, transporte etc., proporcionados por el estado, mientras que los otros no.

Sin embargo, “inexplicablemente” dice la ley que los funcionarios que quieren reelegirse (obviamente al mismo cargo) “podrán” pedir licencia, no que “deberán” pedirla.

De esa manera se deja al “capricho” de un político decidir si renuncia o no al cargo y las ventajas que el cargo conlleva: seguridad, viáticos, vehículos, etc. De esa manera habrá desigualdad entre los candidatos, pues unos tendrán las ventajas que les da el poder y otros no, y se deja vía abierta a que se usen recursos públicos en campañas políticas, como ha sido la queja constante estos diez años. [8]

9. Quitaron prevaricato de funcionario público.

Antes era delito que un funcionario público desobedeciera la ley. Tiene lógica: el poder puede causar mucho daño si no es controlado. ¡Los políticos son servidores no amos! (supuestamente) No pueden hacer lo que les dé la gana sin sufrir las consecuencias.

Lamentablemente ahora no es delito que un funcionario público haga lo que la ley prohíbe. Máximo puede enfrentar sanciones administrativas, quizá hasta una improbable destitución; la ley, TODA ley, ahora es papel mojado; su incumplimiento no acarrea consecuencias severas a los burócratas que la desobedezcan. [9]

10. Venden activos del estado a precio de ganga y con préstamo del mismo estado

Se supone que los funcionarios públicos han de ser custodios de los bienes que se les han encomendado para el servicio de la ciudadanía. Una banda de ladrones, en cambio, dilapidará el botín; tratarán de convertirlo a efectivo rápidamente, malvendiéndolo a un “perista” (Persona que comercia con objetos robados a sabiendas de que lo son.)

Pues eso sucedió con el ingenio ECUDOS, parte de las propiedades incautadas a la banca cerrada y empresa en operación y rentable. En vez de vender acciones en pública subasta en las bolsas locales, al gobierno se le ocurrió venderla con descuento “a dedo” a una empresa peruana. Que debía pagar sólo el 10% del precio, y para el resto iba a recibir un préstamo del propio estado vendedor... ¿“Cama, dama y chocolate”?

No sólo eso: ni siquiera tuvo que pagar completo el 10% de la “entrada”, sino que se le dio la facilidad de comprar certificados de depósito “reliquias” del feriado bancario, ¡con el 20% de descuento! Sí, el gobierno hizo aquella operación de la que constantemente acusa a su principal opositor político. [10]

11. Poner a los “peones” como responsables, no a los peces gordos miembros de directorio.

Normalmente el jefe de una organización criminal no va a “ensuciarse las manos”, ¿verdad? No hubiera visto Ud. al “patrón” Pablo Escobar vendiendo droga en una esquina, ni al “Chapo” Guzmán degollando a un traidor. Ellos ordenan todo eso a sus subalternos, que son descartables y prescindibles si son capturados.

Los jefes dan las órdenes, “mueven los hilos”, y se protegen a través de una cadena de mando. Si un “peón descartable” es capturado por la policía, se supone que no va a denunciar a sus superiores; enfrentaría la muerte si lo hiciera, e incluso sus familiares sufrirían represalias.

Pues AP no es distinta. Fue lo que hicieron con Alex Bravo para proteger, por ejemplo, al vicepresidente Jorge Glas y al ministro Albornoz, que como encargado de las áreas estratégicas del estado, estaba presente en los directorios de todas las empresas y por la naturaleza propia de su cargo debía velar por los recursos públicos.

A cualquier administrador le pueden robar los subalternos, pero ¿hacerlo durante diez años? “Fool me once, shame on you; fool me twice, shame on me.” (“Si me engañas una vez, debería darte vergüenza; pero si me engañas dos veces, a mí debería darme vergüenza. Por ser tonto, o por ser cómplice”)

Las leyes dictadas por AP son claras en asignar la responsabilidad exclusivamente a los funcionarios de menor rango, y no a los directorios; es decir, los “prescindibles” son los ejecutivos, que no forman parte usualmente del círculo íntimo del poder.

De esta manera se proporciona una coartada eficaz a los “peces gordos”, que no se “ensucian las manos”(aunque podría argumentarse que su responsabilidad política y penal existe, por incumplimiento de su deber de cuidado), y funcionarios de menor rango se convierten en “chivos expiatorios”, fácilmente sacrificables. [11]

12. Presidente puede “regalar” la plata del estado; basta con que dicte un reglamento.

Hace meses saltó un escándalo porque Lenín Moreno, hoy candidato a presidente, no era funcionario público, pero sin embargo se decía que recibía un millonario presupuesto para que desempeñe el cargo honorario (es decir, gratuito) de enviado de las personas con discapacidad por las Naciones Unidas.

El gobierno al principio negó vehementemente que sostuviera al enviado Moreno en Ginebra, una de las ciudades más caras del mundo; viéndose obligados a aceptarlo, cuando la ONU negó que le pagara sueldo alguno.

Si Moreno no era funcionario, ¿por qué recibía dinero del estado? Se reveló que la figura usada era la de donación, y se descubrió que el presidente había dictado decretos casi con dedicatoria para hacerlo legalmente. La ley prohíbe por supuesto regalar la plata del estado; eso es delito; pero autoriza sólo al presidente a “donarla” si para ello dicta un reglamento… ¿No es el sueño húmedo de todo “amigo de lo ajeno”?, que lo pongan a custodiar un patrimonio que puede donar libremente, con sólo escribir un documento… [12]

13. Quitaron a asambleístas poder de fiscalizar.

Todo criminal trata de ocultar la evidencia de su crimen. Tradicionalmente los congresistas o asambleístas tenían el poder individual de fiscalizar; ellos pedían información por sí mismos a las autoridades y funcionarios. Un oficio firmado por un congresista tenía peso: ¡era representante de miles de ciudadanos!

Mas la asamblea dominada por AP decidió que se deba calificar previamente las solicitudes de información que desearen presentar los asambleístas. Y como AP es mayoría en la asamblea… Resultado: en general se niegan las solicitudes que son presentadas por los asambleístas de oposición. De esa manera una asamblea de mayoría gubernamental sería cómplice de las irregularidades cometidas por el ejecutivo. [13]

14. Hicieron que la auditoría post-contractual sea reservada.

Quitarle más competencias a la contraloría significaría desaparecerla para efectos prácticos; convertirla en un cascarón inútil, como un Banco Central en un país dolarizado. Como dijimos no se atrevieron a ello, pero dispusieron que las auditorías que hiciera la contraloría a los contratos firmados por el sector público fueran reservadas: no serían públicas para el análisis ciudadano, sino privativas del presidente de la república. Es una forma eficaz de reducir la transparencia y evitar que el público se entere de la corrupción. [14]

15. Se esforzaron desesperadamente por dominar todas las instancias de control.

Esto ha sido narrado hasta la saciedad por muchos autores, entre ellos Osvaldo Hurtado: todas las instancias de control: cortes, fiscalía, contraloría, participación ciudadana, ¡hasta el defensor del pueblo!, etc., están dirigidas por funcionarios claramente afines al régimen.

Más allá de que AP lograra repetidas mayorías en la asamblea, ¿alguien realmente cree que sea “casualidad” que todos los organismos de control hayan sido cooptados por AP?

Lo que es peor: el fiscal general del estado resulta que es pariente del presidente, y no sólo eso: fue su abogado, fue su ministro, fue su embajador. ¿Alguien cree que investigará ninguna denuncia en contra de los altos mandos?

El nuevo fiscal fue hasta antes del concurso consejero personal del presidente, durante varios años. Asimismo fue delegado por el presidente para conformar la comisión que “investigó” el, según el gobierno, intento de magnicidio el 30-S. Por supuesto, obtuvo una calificación perfecta… Algunos de los participantes del concurso de fiscal trataron de revisar la calificación de las pruebas, pero un juez les negó esa posibilidad… ¿Sospechoso?

¿No cree que a todo criminal le gustaría ser juzgado por familiares, amigos o allegados? Pues los altos funcionarios del gobierno gozan de ese privilegio. ¿Casualidad? [15]

16. Se esmeran en condenar penalmente por injurias a quienes denuncian corrupción.

Pese a que debería el gobierno saber que los tratados de DD.HH. otorgan una protección mayor a la libertad de expresión que a la honra de los funcionarios, negando que estos puedan denunciar penalmente por injurias a los mandantes (v. Los funcionarios NO pueden defender su honra penalmente, las condenas penales por injurias a quienes denuncian la corrupción son rápidas. En vez de sentenciarse a los corruptos, ¡se sentencia a quienes la denuncian!

Por supuesto que los mafiosos intentarán amedrentar a quienes pudieran desenmascararlos. [16]

17. Al dominar todas las instancias de control, toda denuncia es “maliciosa y temeraria”.

No sólo quienes denuncian la corrupción son rápidamente acusados y sentenciados por injuriar a nuestros “honestos” funcionarios, mientras que lo que denuncian no es investigado.

En ocasiones valientes ciudadanos se han atrevido a acudir a la fiscalía a presentar la denuncia de los posibles hechos de corrupción que deberían ser investigados.

Pero como era de esperarse, si el fiscal no goza de independencia, no va a investigar nada. Cuando en una república el poder ha cooptado todas las instituciones, incluso aquellas que deberían servir de contrapeso al poder, cumplir con el deber ciudadano puede llegar a ser una peligrosa ingenuidad.

No sólo que el fiscal no va a investigar: va a solicitar que la denuncia sea declarada “maliciosa y temeraria”.

En el juicio penal que había antes, el que acusaba de un delito debía presentar pruebas. Si sólo acusaba por injuriar, esa frivolidad merecía un castigo. Por eso, si no presentaba pruebas durante el juicio, su denuncia sería declarada “maliciosa y temeraria”, y enfrentaría una sanción.

A partir del año 2001 cambió el proceso penal: la acusación es exclusiva del fiscal. El denunciante sólo “le informa” al fiscal de presuntos delitos, y el fiscal ha de investigar y decidir si presenta la acusación al juez, o no.

El problema que podría preverse es que si tanto el fiscal como el juez se ponen de acuerdo, podrían impedir el juicio penal, por más que los hechos hayan ocurrido. El fiscal se abstiene de acusar, y el juez declara el caso cerrado. Algo así podría suceder en casos que involucren a personas muy importantes en el estado, ¿no cree?

No sólo eso: el fiscal puede solicitar que la acusación sea declarada maliciosa y temeraria, y el juez declararla como tal (abriendo las puertas para condenar al acusador, no a quien cometió los crímenes que no iban a ser investigados) ¡sin darle al acusador ninguna posibilidad de presentar pruebas!

La ley exigía “que el acusador no haya presentado pruebas durante el juicio” para declarar la acusación maliciosa y temeraria. Sin embargo, hoy se declaran “maliciosas y temerarias” denuncias presentadas contra el poder, sin que haya juicio alguno, ni menos aún se le permita al acusador presentar pruebas, pues el proceso penal actual no contempla esa posibilidad; todo depende del capricho del fiscal; ¡el acusador no es parte del proceso penal ordinario!

Añada a esta peligrosa mezcla de ingredientes, fiscales generales muy afectos al presidente, y tenemos la receta perfecta para la impunidad y la persecución de quienes intentan que se persigan los abusos del poder. [17]

18. Correa dijo que “las coimas no perjudican al estado”.

Véase https://www.youtube.com/watch?v=GOlLkM8nKB0.

Me quedo sin palabras. ¿Cuál es el mensaje de fondo? ¿“Ofrezcan coimas, nomás”? ¿“No se escandalicen, que sigan robando nomás, eso no perjudica”?, ¡pese a que la ley penal lo prohibe! [18]


ACTUALIZACIÓN: El propio pdte. Correa ha revelado una nueva forma de evitar que se configure el delito de peculado o cohecho: difiriendo la entrega de dinero al funcionario público para después que cesa en sus funciones. Así, ¡no se cumpliría el requisito legal de que sea funcionario! ¿Son o no profesionales en corrupción? Para más información, vea Coima diferida en diario El Comercio, o Si a Correa lo sorprenden robando podría decir que estaba cuidando, publicado en 4 Pelagatos.

Por supuesto, si bien la Fiscalía empezó a investigar gracias a la delación de un abogado de Odebrecht, a los pocos días del “jalón de orejas” presidencial se retracta de su acusación, pese a que el delator claramente especificaba que el dinero pagado era coima.

19. Quitaron responsabilidad laboral solidaria a representantes de instituciones públicas

A todo gobierno le gusta congraciarse con los trabajadores. Por eso existe la disposición legal que los administradores de empresas son solidariamente responsables del pago de las obligaciones laborales; es decir, no sólo responde la empresa que no paga, sino también el administrador, de su bolsillo.

Pronto cayeron en cuenta los “revolucionarios” que si venía una época de vacas flacas, estaban expuestos: los burócratas de bajo rango podrían demandarles ¡a ellos! el pago de sueldos atrasados, falta de aportes al IESS, etc.; no sólo al estado: a ellos.

Para cubrirse las espaldas, en 2013 aprobaron la “Ley para la ejecución de laudos y sentencias”, en las que simplemente se libraron de esa responsabilidad.

Un particular responde con sus propios bienes de las deudas laborales, así la empresa esté pasando crisis; en cambio nuestros “sacrificados” revolucionarios están exentos de esa responsabilidad. Los privilegios de la casta gobernante son más importantes para ellos que los derechos de los trabajadores, por supuesto. [19]

20. Eliminaron posibilidad de embargar fondos del sector público.

Eso se encuentra en la misma ley que mencionamos: «Los activos de las empresas públicas son inembargables y no pueden ser objeto de ningún tipo de apremio, medida preventiva de ejecución, ni cautelar».

El “padrino” de la mafia graciosamente dirimirá conflictos y hará justicia entre los particulares de su territorio. ¿Pero alguien espera que sea justo cuando afecte sus intereses? Claro que no.

Si un particular no paga una deuda, el acreedor podrá cobrarse de sus bienes. Si el estado no paga una deuda a un particular, deberás esperar pacientemente. No hay más. ¡Por eso nuestros acreedores chinos se aseguran de garantizar sus créditos con petróleo!

No hay igualdad ante la ley. El estado puede incumplir obligaciones impunemente, sin enfrentar consecuencias. [20]

21. Derogaron la ley contra la colusión, sin incluir ese delito en el nuevo COIP.

Antes existía la Ley para el juzgamiento de la colusión (“pacto secreto entre dos o más personas u organizaciones con el fin de perjudicar a un tercero”), que otorgaba una vía judicial fácil para deshacer los perjuicios ocasionados a un tercero, aunque no se haya configurado un delito como tal.

Incluso permitía sancionar a los abogados que se prestaran para armar las estructuras legales dañosas.

Lamentablemente esa ley se eliminó con la entrada en vigencia del nuevo Código Orgánico Integral Penal (COIP).

El sonado Caso El Universo, al que Osvaldo Hurtado denominó «el mayor fraude judicial de la historia del Ecuador», podría considerarse como ejemplo de colusión. La intención del presidente, según Hurtado, era «apropiarse del diario y convertirlo en órgano del Gobierno».

Cui bono? [21]

22. Prohibieron a banqueros tener negocios conexos (especialmente medios de comunicación), pero estado sí los tiene

Los medios de comunicación de propiedad de los banqueros Isaías mostraban un abierto sesgo a favor de sus propietarios. El caso de diario “El Telégrafo” y su dueño el banquero Aspiazu era similar.

El gobierno actual, desde que accedió al poder, trató de debilitar las voces de los empresarios y banqueros, prohibiéndoles tener acciones en medios; y al imponer la misma prohibición a los dueños de medios, lograba debilitar su posición financiera, sabiendo que no suelen ser negocios sólidos (a veces son “pasatiempos” de sus acaudalados dueños, quienes los sostenían con sus otros negocios).

El objetivo de la prohibición era obligar a los medios a depender más de la multimillonaria publicidad estatal, para así lograr influir “sutilmente” en su la agenda.

Sin embargo el gobierno actúa de la misma manera que critica. Incautó los medios de los Isaías y Aspiazu, y los convirtió en abiertos voceros del poder. El gobierno no ve ninguna contradicción en poseer bancos —BIESS, BanEcuador, BDE, etc.— y medios de comunicación —TC, Gama, EcTV, El Telégrafo, etc.— mientras que para los particulares es ilegal.

¿Acaso el riesgo moral no es el mismo? ¿Acaso la conjunción de medios + poder económico + monopolio de violencia no da lugar a peores abusos estatales? ¿Acaso los funcionarios son “mejor intencionados y bondadosos”, con una “naturaleza más pura” que los demás ciudadanos? (no es así: el poder tiende a atraer a personas con tendencias psicopáticas y narcisistas) ¿Acaso las empresas, que las más grandes equivalen sólo a unos cuantos puntos del PIB, están en condiciones de enfrentarse al estado, que equivale a un 40% del PIB y cuenta con legiones de esbirros armados entrenados en obedecerle?

Pues el gobierno se cura en salud e impone restricciones a los particulares, mientras se reserva a sí mismo grandes libertades. [22]

23. Asesinatos y desapariciones forzadas de quienes denuncian

En reiteradas ocasiones personas que se han opuesto vehementemente al gobierno, o que probablemente poseen información incriminatoria, han sido asesinadas en circunstancias poco claras que son rápidamente atribuidas por el gobierno a delincuencia común.

Por ejemplo: Carlos Navarrete disputa al gobierno la propiedad de diario “El Telégrafo”, es asesinado en su domicilio luego de perder, asesinos no se llevaron nada; Freddy Taish se enfrenta a las concesiones mineras a gran escala defendidas por militares ecuatorianos, es abatido, no capturado, las investigaciones no avanzan; José Tendetza también se opone a concesiones mineras a gran escala a empresas chinas, su cadáver es descubierto con signos de tortura y estrangulado, no hay culpables; Óscar Caranqui, sentenciado por narcotráfico, empezó a denunciar al gobierno desde la prisión, su libro es confiscado antes de que salga a circulación, lo cual es ilegal, y finalmente es asesinado en la supuestamente más segura prisión del país; la viuda de Quinto Pazmiño, quien afirmaba tener más videos que incriminaban de irregularidades a altos funcionarios, es asesinada; las investigaciones rápidamente lo atribuyen a “ajuste de cuentas”. Jean Paul Flores, uno de los sentenciados en Italia por el sonado caso “narcovalija”, es asesinado al volver al Ecuador; Fausto Valdivieso, luego de perder su empleo por enfrentarse al gobierno, empieza a hacer denuncias en videos en Youtube, recibe amenazas de muerte y finalmente es asesinado;; el gral. Jorge Gabela se opone a la millonaria compra de helicópteros Dhruv, con reputación de defectuosos, es asesinado…

Por supuesto que una investigación exhaustiva serviría para aclarar las dudas sobre estos casos, pero la mencionada falta de independencia de la fiscalía llevan a dudar. [23]

24. Un escándalo de robo de recursos públicos cada dos días, durante diez años.

Según información oficial de la contraloría, durante diez años ha habido, cada semana, cuatro informes con indicios de responsabilidad penal que han sido enviados a la fiscalía. ¡Un escándalo de corrupción cada dos días, durante diez años! ¿Podemos considerar a éste como el gobierno más corrupto de la historia del Ecuador?

Y, en concordancia con lo que dijimos en el punto 11, esos informes sólo afectan a los funcionarios descartables, jamás a los altos funcionarios (ministros).

Cuando los escándalos ya se han vuelto incontenibles, en alguna ocasión se ha perseguido a un ministro (p.ej. Carrión, ex ministro del deporte). Pero, o nuestros altos funcionarios son incorruptibles, cándidos como palomas, o realmente la justicia no llega tan alto. [24]

25. Intimidación a quienes denuncian.

Muchos ciudadanos opositores que gozan de notoriedad en redes sociales refieren experiencias similares a ésta:

@gabita

Lamentablemente hay casos más serios. Veamos un ejemplo.

El pdte. Correa tiene la costumbre de bloquear de su cuenta de Twitter @mashirafael a los ciudadanos que lo interpelan de una manera que considera impertinente.

Juan Esteban Guarderas, articulista de opinión de diario El Comercio, considera que esa costumbre niega a los ciudadanos el acceso a información pública generada por funcionarios; por eso presentó una demanda en contra del presidente, para que desbloquee a los ciudadanos a quienes ha impedido ver la información que publica. Guarderas explica en este video: https://www.youtube.com/embed/bJuvCv27P8Q

A los pocos días sucedió esto:

flores a Guarderas

Veamos un detalle de la foto:

detalle-flores

El clásico “sería una lástima que algo malo te sucediera...”. ¡Y se lo envían a la mamá! ¿Se puede ser tan miserable?

Independientemente de si creemos que Guarderas tiene razón o no, lo ocurrido es claramente un caso de intimidación inaceptable, propio de mafias que hacen “propuestas que no podrás rechazar”, pero totalmente impropio de un gobierno que se supone que es servidor de los ciudadanos, no su amo.


Lamentablemente no fue la primera vez que a alguien le llegaba un “ramo de flores” con una “indirecta”. El caso original fue el del conocido tuitero Crudo Ecuador. (@CrudoEcuador)

Crudo publicaba viñetas satíricas en redes sociales en contra de políticos de todo el espectro; además de ironizar sobre las costumbres de los ecuatorianos.

Al pdte. Correa no le hizo gracia una de las ironías que le fueron dedicadas, así que dedicó minutos de su monólogo sabatino para "deconstruir" una simple viñeta jocosa en este video.

La confrontación llega a su fin cuando Crudo, pese a cambiarse de ciudad para tratar de mantener su anonimato, recibe un ramo de flores con veladas amenazas a su familia, dándole a entender que conocían dónde vivían y su rutina diaria.

Eso ya es bastante malo. El 20 de febrero de 2015 Crudo renuncia a seguir publicando en las redes ante la intimidación gubernamental; le dice al presidente: "Usted ganó".

renuncia Crudo

Pero lo realmente siniestro es el intercambio que tuvo días antes Crudo Ecuador con Roberto Wohlgemuth.

Roberto Wohlgemuth

Roberto Wohlgemuth ha ocupado diversos cargos en el gobierno actual, y ha ganado visibilidad por las fricciones constantes con periodistas y tuiteros influyentes de oposición, más aún a raíz de su participación en el Cordicom.

Días antes de que Crudo decidiera abandonar la página y denunciar la intimidación de la que fue objeto, tuvo este intercambio con Roberto Wohlgemuth:

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Un tuitero suspicaz ata cabos y lo interpela: ¿A qué se refiere con que se enteró “cómo se puso”? ¿Cuando recibió la advertencia de las flores? Ante lo cual Wohlgemuth responde afirmando que conoce la verdadera identidad detrás del pseudónimo del tuitero:

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Otros tuiteros empiezan a sospechar: o Wohlgemuth estaba enterado del envío de las flores, o por lo menos tenía vigilado a Crudo para saber “cómo se puso”:

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En todo caso, este intercambio despierta sospechas: ¿vigila el gobierno a los ciudadanos por el sólo hecho de ser opositores?

[25]

26. Policía a su favor, como la mafia

Es conocido que las mafias pagan a los altos mandos de la policía por “protección”. Las mafias, a su vez, cobran “vacunas” a sus víctimas; es decir, los extorsionan, para “protegerlos” y no agredirlos.

Mencionamos ya que Alianza PAIS se hizo con todo el poder gracias a la ayuda de hordas de garroteros que tomaron por asalto las instituciones que intentaban poner un freno a las ambiciones del poder, mientras la policía observaba sin hacer detenciones.

Eso sucedió también hace unos días, cuando energúmenos atacaron al candidato Lasso; la policía lo protegió, sí, pero tampoco hizo ninguna detención de los agresores. Esto mientras se sabe que el gobierno compró miles de entradas para que sus simpatizantes ingresen y traten de acallar con estruendosas vuvuzelas los gritos en contra del gobierno.

Que la fuerza pública no está ante todo para proteger al pueblo, sino para aplicar a la fuerza las órdenes de quienes están en el poder, es un axioma con el muchos estarán familiarizados. Puede ver más ejemplos en la nota. [26]

27. Espionaje a opositores

El gobierno lo ha negado continuamente, pero desde hace varios años se denuncia en medios internacionales que el gobierno ecuatoriano compra sofisticados equipos de espionaje, para emplearlos en contra de ciudadanos opositores. Por supuesto que eso es inmoral; lamentablemente no hay ninguna disposición en el Código Penal que lo prohíba.

Para un gobierno que se comporta como amo, no como servidor, nada le viene mejor que saber cómo se comportan en secreto sus súbditos. [27]


ACTUALIZACIÓN sept. 2017: Hoy la ciudadanía almorzó con la noticia que el pdte. Correa supuestamente ha estado espiando al presidente en funciones!

De los psicópatas sin escrúpulo en el poder todo puede esperarse; no debería sorprendernos que fuera una “operación de bandera falsa”, un false flag, pero aún si lo fuera, ya ha habido precedentes de que el ex presidente posee y difunde información de uso interno de la presidencia; hecho por el cual persiguió implacablemente a Fernando Villavicencio y Cléver Jiménez.


Por último, me alegra anotar que está calando la idea de que AP no es más que una banda de ladrones, crimen organizado. Por ejemplo, léase el artículo: “Proscribir a Alianza País”, de Luis Fernando Ayala.

28. Se esmeran en mantener el secreto

Es conocido que los ciudadanos gozan de protección de privacidad, y que la gestión de los funcionarios públicos ha de ser así, pública, para que los ciudadanos puedan fiscalizarla.

Pero constantemente la “revolución ciudadana” ha intentado ilegalmente, no sólo mantener en secreto varias de sus gestiones más criticables —ya hemos mencionado unas cuantas—, sino también reprimir penalmente a quienes se atrevan a publicar lo que ya es público. Para eso utilizan su influencia en las cortes. [28]

Conclusiones

Este es un artículo de coyuntura y como tal necesariamente perderá actualidad.

Si algo puede rescatar el lector del futuro, que sea esta idea: no juzgue a sus “servidores” por sus “intenciones” (¡y menos por sus declaraciones de intenciones!), sino por sus actos y resultados.

Vistas así las cosas, las intenciones son irrelevantes: lo que hacen es lo que nos permite catalogarlos como amos, ladrones, parásitos: es decir, como criminales.

No existe el “crimen perfecto”. Los lectores avisados encontrarán, ayudándose mutuamente, indicios como los mencionados cuando estudien el comportamiento de otros gobiernos.

Si es cierto que el lector, por sí solo, difícilmente podrá enfrentarse a mafias enteras violentas empeñadas en apropiarse de los recursos, por lo menos podrá desenmascararlos desenredando la trama. No es poco consuelo al enfrentar a ladrones desprovistos de todo escrúpulo.

Por último, si puede una sociedad desembarazarse a través del voto de la mafia que la abusa y parasita, ¿tiene sentido reelegirlos? ¿No sería una estupidez?

Ud., lector, tiene la última palabra.

Notas

[1]: “Por segunda vez, Correa no jurará cumplir la nueva Constitución”, publicado por “El Universo” en 2009. [Volver]

[2]: La explicación del Dr. Osvaldo Hurtado en su excelente crónica Dictaduras del siglo XXI es inmejorable: «Durante la campaña electoral de la primera vuelta —no así en la segunda en la que soterró el tema por los recelos que provocó en algunos electores—, el candidato Correa, de manera reiterada, anunció su intención de convocar a una asamblea constituyente … Como en la Constitución no existía una atribución que le permitiera reunirla, arguyó que sin una nueva carta política no podría cumplir con su promesa de refundar el Ecuador, corregir las injusticias y atender las necesidades populares, pues no contaría con los instrumentos jurídicos que necesitaba para llevar adelante su proyecto revolucionario.

»Una vez instalado en la Presidencia …, sin fundamento adujo que el artículo 104 de la Constitución le autorizaba a convocar a consultas populares, “en cuestiones de trascendental importancia para el país”. … en una primera expresión de su falta de honradez intelectual mutiló la segunda parte de dicho artículo, en la que se limitaba tal facultad a asuntos distintos a la reforma de la Constitución. En el caso de que querer hacerla por la vía que había escogido, era necesaria la previa calificación del Congreso Nacional o que no se hubiera despachado la reforma constitucional en un plazo determinado (artículo 283). A todo lo cual se sumaba, que la figura de la Asamblea Constituyente no constaba en la Constitución Política de 1998, razón por la que no podía convocarse a un órgano jurídicamente inexistente y peor encargársele nada menos que la elaboración de una nueva carta política. …

»El presidente había dicho que la Asamblea Constituyente, por ser de plenos poderes, lo primero que debía hacer era cerrar el Congreso Nacional, porque según él este órgano del Estado “no representaba a nadie”. Para neutralizar este riesgo los ingenuos partidos y grupos políticos que aprobaron la convocatoria a consulta popular, introdujeron una disposición por la que se prohibía a la Asamblea Constituyente afectar los períodos de las dignidades del Estado elegidas por el pueblo en los recientes comicios. En vista de que la decisión del órgano legislativo limitaba sus facultades, pero, sobre todo, impedía que fuera cesado el Congreso Nacional, además de otros órganos del Estado, Correa ordenó al TSE que convocara a la Consulta popular sin tener en cuenta la limitación establecida por los legisladores. Al ucase presidencial se sumó la amenaza de violentas huestes callejeras del MPD, Alianza PAIS y otros grupos gobiernistas, que atacaron la sede del organismo electoral.»

Culmina la suculenta prosa del Dr. Hurtado: «La controversia jurídica acerca de la legalidad con la que procedió el TSE al destituir a medio centenar de diputados, fue resuelta por el Tribunal Constitucional al ordenar restituirlos en sus funciones, luego de examinar los hechos a la luz de la Constitución. Al difundirse su resolución, los mismos grupos de asalto del Gobierno que habían agredido al TSE y a los diputados destituidos, capitaneados por dirigentes del MPD, desalojaron violentamente a los magistrados, sin que la policía hiciera nada para protegerles del ataque sufrido … La mayoría gobiernista del Congreso Nacional inmediatamente los destituyó.» [Volver]

[3]: «Las decisiones de la Asamblea Constituyente son jerárquicamente superiores a cualquier otra norma del orden jurídico y de obligatorio cumplimiento para todas las personas naturales, jurídicas y demás poderes públicos sin excepción alguna. Ninguna decisión de la Asamblea Constituyente será susceptible de control o impugnación por parte de alguno de los poderes constituidos». Texto del mandato 1. Nótese cómo serán “de obligatorio cumplimiento para personas naturales”. En una república se supone que manda la ley, pero las leyes republicanas son derogables, modificables, sujetas a control constitucional… Nada de eso se aplica a los “mandatos”; se parecen más a los decretos de un emperador. Dudo que el pueblo esté de acuerdo con eso; pero como nunca se lo consultaron… ¡Jugada maestra de los autoritarios! [Volver]

[4]: Art. 77 de la Constitución de 1978: «El Presidente de la República … no puede ausentarse del país sin autorización de la Cámara Nacional de Representantes … Tampoco debe ausentarse del país durante el año inmediatamente posterior a la cesación de sus funciones, sin previa autorización de la Cámara Nacional de Representantes …».

Art. 170 de la constitución de 1998: «El Presidente de la República, durante su mandato y hasta un año después de haber cesado en sus funciones, deberá comunicar al Congreso Nacional, con antelación, su decisión de ausentarse del país».

Art. 144 de la constitución actual (también llamada de 2008 o de Montecristi): «La Presidenta o Presidente de la República, durante su mandato y hasta un año después de haber cesado en sus funciones, deberá comunicar a la Asamblea Nacional, con antelación a su salida, el período y las razones de su ausencia del país». [Volver]

[5]: El articulista de diario El Comercio, León Roldós, en varias ocasiones se ha referido a eso: «Antecedente de todo esto fue la eliminación desde la Asamblea de Montecristi, 2008, de los pronunciamientos sobre los procesos precontractuales, antes obligatorios, de la Contraloría y de la Procuraduría; y, luego la afectación de la posibilidad de auditoría de gestión por parte de la Contraloría, lo que para algunos terminó siendo una especie de patente de corso». Fuente: Diario “El Universo”, mayo de 2016

Agradezco a León Roldós, ciudadano ejemplar como el que más, que a través de sus numerosos artículos de opinión en la prensa ha proporcionado buena parte del material de este ensayo. [Volver]

[6]: Roldós lo recuerda en varios artículos: «Antes del gobierno del presidente Correa eran indispensables los pronunciamientos precontractuales de la Contraloría y la Procuraduría, incluyendo el análisis de precios. El año 2007 –en que se inició el proceso de desmantelamiento del control precontractual–, se le advirtió al Gobierno de los riesgos que conllevaba aquello. Las entidades de control de la inversión pública deberían estar atrás de los procesos desde lo precontractual. En el Ecuador, se ha reducido a la entidad competente a que actúe ante hechos consumados» (Diario “El Universo”, 28 de noviembre de 2016.) [Volver]

También: «¿Qué debe ser competencia de la Contraloría? La actual redacción de la Constitución en el art. 211 señala: “La Contraloría General del Estado es un organismo técnico encargado del control de la utilización de los recursos estatales, y la consecución de los objetivos de las instituciones del Estado y de las personas jurídicas de derecho privado que dispongan de recursos públicos”. La propuesta del bloque de los legisladores de Gobierno, que está bajo revisión de la Corte Constitucional, consiste en eliminar aquello de que debe controlar “la consecución de los objetivos de las instituciones del Estado” … En la Asamblea de Montecristi —año 2008— se le restó a la Contraloría y a la Procuraduría del Estado su espacio para pronunciarse en los procesos precontractuales sobre la legalidad de los contratos antes de su celebración. Verdad que a veces se burocratizaban los procesos, pero la solución no debía haber pasado por su eliminación, sino por su simplificación y por su despacho en tiempo oportuno». Diario “El Comercio”. [Volver]

[7]: Juan Pablo Aguilar lo explica mejor en su artículo La ruta de la impunidad ya está trazada, publicado en 4pelagatos.com [Volver]

[8]: Art. 93 de la Ley Orgánica Electoral: «Las autoridades de elección popular que se postulen para un cargo diferente deberán renunciar al que desempeñan antes de presentar la solicitud de inscripción de su candidatura. Los dignatarios que opten por la reelección inmediata podrán hacer uso de licencia sin remuneración desde la inscripción de sus candidaturas hasta el día siguiente de las elecciones».[Volver]

[9]: Art. 277 del Código Penal anterior (ya derogado): «Son prevaricadores y serán reprimidos con uno a cinco años de prisión: … 4o.- Los empleados públicos de cualquier clase que, ejerciendo alguna autoridad judicial, gubernativa o administrativa, por interés personal, afecto o desafecto a alguna persona o corporación, nieguen, rehusen o retarden la administración de justicia, o la protección u otro remedio que legalmente se les pida o que la causa pública exija, siempre que estén obligados a ello; o que, requeridos o advertidos en forma legal, por alguna autoridad legítima o legítimo interesado, rehusen o retarden prestar la cooperación o auxilio que dependan de sus facultades, para la administración de justicia, o cualquiera necesidad del servicio público». No hay disposición similar en el COIP actual.

Otros artículos que sancionaban penalmente conductas indebidas de funcionarios públicos: «Art. 273.— Cuando un funcionario público, de cualquier naturaleza que sea, un agente del Gobierno o de la Policía, un ejecutor de órdenes o sentencias judiciales, un Comandante de la Fuerza Pública hubieren, sin motivo legítimo, usado o hecho usar violencias para con alguna persona, en el ejercicio o con ocasión del ejercicio de sus funciones, el mínimo de la pena señalada para estos actos se aumentará conforme al Art. 275». Incluso se sancionaba la omisión de cumplimiento del deber de aplicar la ley e impedir su incumplimiento: «Art. 275.— Fuera del caso en que la Ley fija especialmente las penas con que deben reprimirse los delitos cometidos por los funcionarios o empleados públicos, los que se hubieren hecho culpables de otros delitos que estuvieren encargados de prevenir, perseguir o reprimir serán sancionados con las mismas penas señaladas a estos delitos, doblándose el mínimo». [Volver]

[10]: La transitoria 14 del Código Orgánico de Planificación y Finanzas Públicas dice: «De conformidad con lo establecido por el Directorio de la extinta AGD, el Fideicomiso AGD/CFN NO MAS IMPUNIDAD o los otros fideicomisos creados con el mismo objeto, o el Banco Central del Ecuador, podrán pagar y/o compensar, sin distinción alguna de origen o fuente, los Certificados de Pasivos Garantizados, CPG, emitidos en su oportunidad por los administradores de los bancos en saneamiento, empleando para ello los recursos que obtenga de la venta de los activos que le fueron transferidos». Claramente algún VIP “enchufado” pudo finalmente deshacerse de CPGs “hueso” (sin valor) que haya tenido en sus balances, y se le dio más facilidades aún a la empresa compradora (¿por qué precisamente esa compañía? ¿Ninguna otra compañía de los cientos de miles que hay en latinoamérica, estaba interesada en comprar un negocio rentable en marcha? ¿Habrá tenido algo que ver que la venta fue secreta?).

Véase la recopilación de artículos de prensa que hace Nicolás Brito, y la investigación de Focus Ecuador. [Volver]

[11]: Explica León Roldós: «El art. 9, segundo inciso, del Reglamento que regula las atribuciones de Directorios de Empresas Públicas, expedido por el actual Gobierno, expresa: “En el caso de contrataciones, las autorizaciones del Directorio se circunscribirán al inicio de los procesos precontractuales. No corresponde al Directorio autorizar la suscripción de contratos. El gerente general suscribirá los contratos de la empresa una vez que haya verificado el cumplimiento de los requisitos legales y reglamentarios en todas las etapas. El conocimiento por parte del Directorio de la suscripción de los contratos no exime de la responsabilidad exclusiva del gerente general en dichos procesos”. Quizás está demás decirlo que bajo la actual estructura política y administrativa, los directorios casi en exclusividad son de ministros o de otras autoridades políticas del Gobierno. Los “gerentes generales”, o de otras denominaciones, en las empresas públicas en la realidad usualmente no pasan de ser peones, en ciertos casos personifican a “Luzbel” antes de ser enviado al infierno». Diario “El Universo”, 30 de mayo de 2016. [Volver]

[12]: Art. 104 del Código Orgánico de Planificación y Finanzas Públicas: «Prohibición de donaciones.— Prohíbase a las entidades y organismos del sector público realizar donaciones o asignaciones no reembolsables, por cualquier concepto, a personas naturales, organismos o personas jurídicas de derecho privado, con excepción de aquellas que correspondan a los casos regulados por el Presidente de la República, establecidos en el Reglamento de este Código». En otras palabras: lógicamente está prohibido regalar la plata del estado, pero el presidente sí puede regalarla; basta que escriba un documento. Es el sueño de cualquier político, ¿no?

No sólo eso. Tan lindo es eso de regalar la plata del estado, que el presidente generosamente extiende esa absurda facultad a todas las instituciones, pese a que la ley claramente lo prohíbe. Dice el art. 89 del reglamento (dictado por el presidente): «Donaciones o asignaciones no reembolsables.— Las entidades del sector público podrán realizar donaciones o asignaciones no reembolsables a favor de personas naturales o jurídicas de derecho privado sin fines de lucro, destinadas a investigación científica, educación, salud, inclusión social y donaciones para la ejecución de programas o proyectos prioritarios de inversión en beneficio directo de la colectividad». Por supuesto que toda idea que se le ocurra a un burócrata o a sus amigos será en beneficio de la educación, etc..

Ése fue el fundamento de las millonarias “donaciones” que recibió Lenín Moreno para ejercer un cargo gratuito. Se modificó el reglamento para que lo incluyera a él: «Los consejos sectoriales de la Política podrán autorizar transferencias o asignaciones no reembolsables a representantes, delegados, comisionado o enviado especiales, con la finalidad de impulsar ante organismos internacionales en temas prioritarios para el Estado ecuatoriano». Ya nada... [Volver]

[13]: Explica León Roldós: «un legislador, actuando individualmente, podía pedir a la respectiva entidad del sector público toda información sobre gestión y contratación pública, sin excepción, y no podían negársela –cuando era vinculada con la defensa nacional, que exigía reserva, se la trasladaba con igual condición al legislador solicitante–. Esto fue eliminado con la Asamblea legislativa post-Montecristi, ahora el requerimiento del legislador debe ser calificado en la Asamblea, con lo cual no hay pedido de legislador de oposición que sea tramitado, salvo contadísimas excepciones, o porque la información es inocua para el Gobierno, o porque lo que se requiere conocer ya se ha desbordado». Fuente: Diario “El Universo”, abril de 2016. [Volver]

[14]: Dice Roldós: «La Contraloría sí hace auditoría poscontractual, pero la legislación le obliga a reserva. Solo cuando los hechos se desbordan llegan a conocerse. Qué pena que la actuación de la entidad de control en muchos casos … sólo puede descubrir corrupción poscontractual, que es muy diferente a prevenirla e impedirla». Diario “El Universo”, abril de 2016. [Volver]

[15]: Por ejemplo, nótese cómo niegan recurso de acceso a la información sobre la excelentepuntuación obtenida por el asesor del presidente en el reciente concurso para fiscal: https://www.elcomercio.com/actualidad/pruebas-finales-eleccion-fiscalgeneral-ecuador.html y también http://www.eluniverso.com/noticias/2017/03/14/nota/6089179/niegan-recurso-judicial-candidato-fiscalia. Sobre su cercanía y lealtad al presidente Correa: https://www.elcomercio.com/actualidad/carlosbaca-concurso-virtualganador-fiscal-experiencia.html. Para más información sobre la conocida presidencial “metida de mano en la justicia”, léase el libro del mismo nombre de Andrés Páez. [Volver]

[16]: Véase, por ejemplo, _Ecuador: Correa castiga a quienes denuncian la corrupción, publicado en PanAmPost; o, en más detalle, la propia sentencia. Como venimos diciendo, no se les permite a los acusadores presentar prueba alguna, no hay ningún juicio, y aún así son declarados “maliciosos y temerarios”. [Volver]

[17]: Como ejemplo de que los fiscales no investigan las acusaciones contra poder y los jueces están más que dispuestos a declarar “maliciosas y temerarias” las denuncias contra los poderosos, con la intención de castigar penalmente a los denunciantes pese a que funcionarios no pueden defender penalmente su honra, vea La Comisión Anticorrupción: ¿maliciosa y temeraria?, publicada por Plan V. Para entender mejor lo ilegal de declarar “maliciosa y temeraria” una denuncia sin proceso ni juicio alguno, léase Justicia del siglo XXI, publicada por El Universo. [Volver]

[18]: Del COIP: «Artículo 280.— Cohecho.— Las o los servidores públicos y las personas que actúen en virtud de una potestad estatal en alguna de las instituciones del Estado, enumeradas en la Constitución de la República, que reciban o acepten, por sí o por interpuesta persona, beneficio económico indebido o de otra clase para sí o un tercero, sea para hacer, omitir, agilitar, retardar o condicionar cuestiones relativas a sus funciones, serán sancionados con pena privativa de libertad de uno a tres años. … La persona que bajo cualquier modalidad ofrezca, dé o prometa a una o a un servidor público un donativo, dádiva, promesa, ventaja o beneficio económico indebido u otro bien de orden material para hacer, omitir, agilitar, retardar o condicionar cuestiones relativas a sus funciones o para cometer un delito, será sancionada con las mismas penas señaladas para los servidores públicos.» [Volver]

[19]: El art. 10 de esa ley ordena añadir una excepción al Código del Trabajo: «Exceptúase de la solidaridad ... a las entidades que conforman el sector público y a las empresas públicas. En consecuencia, no podrá ordenarse medida cautelar o ejecutarse sentencia alguna en contra de los representantes legales o administradores de las referidas entidades o empresas». ¡Nada de igualdad ante la ley! Hay ciudadanos de primera —con menos responsabilidades, pues no deben cumplir toda la ley— y de segunda —que deben cumplir toda la ley—. [Volver]

[20]: Ibídem. [Volver]

[21]: Osvaldo Hurtado lo explica en su Dictaduras del siglo XXI: «Son múltiples las evidencias de que en el juicio a El Universo se produjo el mayor fraude judicial de la historia del Ecuador, si se tiene en cuenta los inmorales hechos citados y que aparezca en ellos involucrado nada menos que el abogado del presidente de la República, Gutemberg Vera. El juez encargado que dictó la sentencia de primera instancia, Juan Paredes, en algo más de 24 horas realizó la audiencia de juzgamiento, estudió más de 5.000 hojas del proceso y escribió una sentencia de 156 páginas. En un video aceptó que la sentencia le fue entregada en un pendrive, que al firmarla se limitó a reducir el monto de la indemnización y que el abogado del presidente le ofreció que ingresaría a la Función Judicial “cuando sea convocado el concurso”, como en efecto más tarde sucedió. Un informe del forense informático Frank López, que revisó los registros electrónicos de la sentencia, encontró similitudes con los de una sentencia expedida por Vera como conjuez, conclusión confirmada por el perito Enrique Ferruzola designado por la fiscalía. El técnico Jaime Martínez, declaró que el abogado de Correa y el miembro del Consejo de la Judicatura Fernando Yávar, le presionaron para que su informe sobre el disco duro que contenía la sentencia fraudulenta fuera anodino, asegurándole el primero que contaría con “su total respaldo” por ser un asunto de interés del presidente de la República. Según el abogado de El Universo, Joffre Campaña, Correa conocía que la sentencia no fue escrita por el juez Paredes.

»A pesar de existir estas y otras pruebas del fraude judicial cometido, el fiscal Antonio Gagliardo se abstuvo de acusar al abogado Gutemberg Vera y al juez Juan Paredes, en el juicio por falsedad ideológica planteado por El Universo. Esta omisión culposa, en el cumplimiento de su deber de representar la vindicta pública, no fue sancionada por el CJT, como correspondía. Al contrario, Gagliardo fue premiado por el Consejo de Participación Ciudadana, que lo seleccionó para integrar la nueva Corte Constitucional, alta función que hoy desempeña».

Mas información sobre este sonado caso se encuentra en el libro: El caso El Universo, de Emilio Romero Parducci. [Volver]

[22]: Véase por ejemplo: Ecuador: quien quiera medios o bancos no podrá tener nada más, publicado en la BBC; la prohibición consta en tres diferentes cuerpos legales, a lo cual se sumó una resolución de la Junta Bancaria... ¿No se ve acaso demasiado empeño, hasta saña, en imponerles condiciones que el estado no tenía intenciones de cumplir? [Volver]

[23]: Más información sobre la muerte de José Tendetza: [José Tendetza y cómo silenciaron su lucha,](http://lahistoria.ec/2016/04/11/la-vida-silenciada-de-jose-tendetza/], por Daniela Aguilar; ¿Quién mató a José Tendetza?, publicado por Plan V. Sobre Elizabeth Chancay, viuda de Pazmiño: La vida de Elizabeth estaba amenazada, publicado en el extinto Diario Hoy. [Volver]

[24]: Más de dos mil informes con indicios de responsabilidad penal sobre el correísmo: El incombustible Pólit, publicado en diario “Expreso”. También: La herencia de una década: 2000 casos de corrupción, publicado por Plan V. [Volver]

[25]: Un recuento en primera persona de lo sucedido, aquí; información también compartida por el New York Times (en inglés). Otra reseña, en español, publicada en PanAm Post. Lea la conversación original en Twitter.

[Volver]

[26]: Otros ejemplos: casos en los que se montan extensos operativos cuando le roban el celular al hermano del presidente; casos penales que se resuelven en pocos meses cuando interesan a altos funcionarios, mientras casos de asesinato de opositores permanecen en la impunidad o rápidamente se atribuyen a delincuencia común sin investigar más.

Podemos mencionar más ejemplos. Sin orden judicial ni juicio, sin determinar propiedad, militares destruyen con dinamita maquinaria presuntamente empleada en minería ilegal; el funcionario suelto de huesos justifica la violencia ¡porque los jueces no le dan la razón al gobierno! ¿Se requiere más pruebas de que el gobierno es fuerza, no razón?

Más ejemplos: militares no protegen a ecuatorianos amazónicos, sino a las empresas mineras extranjeras que explotan invasivamente sus áreas de vida. Un libro que narra la creciente violencia en zonas de influencia petrolera estatal entre pueblos en aislamiento voluntario, es prohibido de circular.

Un ejemplo más. El gobierno, cuando ya se rumoraba que tenía problemas económicos, se le ocurrió que debía administrar el FCME, un fondo de cesantía constituido privadamente por maestros públicos. Los maestros se negaron, pero el gobierno “insistió” y luego se vio esto:

policía asalta

Si tú ves que personas armadas entran a tu propiedad saltando rejas, dispuestos a romper candados, llamarías a la policía. ¿Pero y si es la misma policía quien lo hace?

Nuevamente vemos que el gobierno no es razón, sino fuerza. «El poder proviene del cañón de una pistola», decía Mao. [Volver]

[27]: Varios artículos de prensa confirman nuestros temores. Por ejemplo, véase Exclusive: Documents Illuminate Ecuador’s Spying Practices, publicado en Buzzfeed.com; Ecuador Defends Domestic Surveillance, ibídem; Rafael Correa también espía a sus ciudadanos, publicado en Semana.com; Habla un espía: Así persigue Rafael Correa a sus opositores, publicado en Vértice News; Confirmado. Correa ordenó espiar a opositores, publicado por Vértice News y Focus.

Sobre el presunto hallazgo de cámaras del expresidente en el despacho presidencial: Lenín Moreno denuncia delito de violación a su intimidad, diario El Universo.

Sobre la posesión del ciudadano Rafael Correa de documentos internos de la presidencia actual, véase: ‘Gente leal’ a Rafael Correa le envía textos internos de Carondelet, en diario El Universo; lo cual afirmamos previamente (véase Los funcionarios públicos NO tienen derecho a privacidad ni intimidad) que es totalmente legítimo —asimismo no habría “derecho a la intimidad” del presidente Moreno— pero es una total hipocresía perseguir a ciudadanos por ese mismo acto. [Volver]

[28]: Véase por ejemplo el caso de los periodistas Cléver Jiménez y Fernando Villavicencio, acusados penalmente por supuestamente tener en su poder correos presidenciales, lo que aún si fuera cierto, no puede considerarse delito en Ecuador. [Volver]

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